Casablanca

    Mezquita de Hassan II en Casablanca.

    Corazón económico de Marruecos, Casablanca elude el tópico del romanticismo colonial, para ofrecerse como un enclave moderno e industrial, ejemplo del progreso experimentado por Marruecos desde que adquirió su independencia. Progreso que no ha significado la pérdida de las raíces árabes y beréberes del país.

    Dar al-Bayda (“ciudad blanca”, nombre árabe de Casablanca) es el principal puerto y núcleo comercial del norte de África y uno de los más importantes del continente. Se sitúa en la costa atlántica de Marruecos, a unos noventa kilómetros de Rabat. La influencia marítima hace que su clima sea suave en relación con su latitud.

    Extendida unos veinte kilómetros a lo largo de la línea de costa y diez kilómetros hacia el interior, Casablanca es la mayor aglomeración urbana de Marruecos, con cerca de tres millones de habitantes. Se trata de la ciudad marroquí que mayor crecimiento urbano ha experimentado durante la última centuria, pues a comienzos del siglo XX no censaba más de veinte mil almas. El nutrido contingente de población de origen europeo que tradicionalmente tuvo Casablanca ha ido reduciéndose progresivamente desde 1956, cuando Marruecos alcanzó su independencia.

    Motor de la economía marroquí, Casablanca y su área de influencia destacan en numerosos sectores de actividad, entre los que pueden citarse el comercio exterior, la pesca, las finanzas, los negocios y, por supuesto, el industrial. Este sector concentra en Casablanca más del cincuenta por ciento de la producción marroquí, sobre todo en áreas como la textil, astilleros, metalurgia, producción energética, especialmente electricidad, e industrias químicas.

    La pujanza industrial y comercial de Casablanca se asienta en su inmenso puerto, construido de forma artificial a partir del malecón Moulay Yousef. Actualmente cuenta con unas 180 hectáreas de superficie, siendo el cuarto mayor de África. En sus instalaciones se localizan zonas industriales, pesqueras y comerciales. Esta última actividad es la que mayor volumen de negocio alcanza en el puerto de Casablanca, escenario de un intenso trasiego de importaciones (productos energéticos e industriales) y exportaciones (materias primas y productos agrícolas).

    Casablanca cuenta con una buena red de comunicación terrestre, que la conecta con las principales ciudades del país, así como con el aeropuerto internacional Mohamed VI, el más importante de Marruecos.

    Aunque no se trata de un lugar de atracción turística, como principal centro de negocios de Marruecos, Casablanca cuenta con una moderna red de infraestructuras y servicios que ha contribuido a convertir la ciudad en un activo escenario de ferias, convenciones y congresos internacionales.

    El origen de Casablanca se remonta a la aldea pesquera y portuaria de Hanfa, fundada en el siglo XII. Su estratégica situación hizo que su puerto adquiriera progresiva importancia, llegando a convertirse en capital del reino beréber. Dominada sucesivamente por almorávides, almohades, cenetes y benimerines, en el siglo XV fue refugio de piratas que asolaban las rutas comerciales de Portugal, cuyas tropas arrasaron la ciudad. En 1575 los mismos portugueses la reconstruyeron, con el nombre de Casa Branca. Devastada por un terremoto en 1755, fue reconstruida bajo el reinado de Mohamed III, adquiriendo importancia económica y demográfica durante el protectorado francés de Marruecos.

    El núcleo histórico o medina de Casablanca data del siglo XVIII y no ofrece el atractivo monumental de otras ciudades marroquíes. Su principal reclamo es la colosal mezquita de Hassan II, llamada a ser símbolo del Islam y del continente africano. Inaugurada en 1993 a orillas del Atlántico, es la segunda mayor del mundo, después de la de La Meca, y cuenta con el minarete más alto construido, con más de doscientos metros.