Antillas

    Las islas Antillas, que toman su nombre de la legendaria Antilia mencionada por Aristóteles, conforman una de las realidades geográficas y culturales más singulares de América.

    El archipiélago de las Antillas se halla entre el mar Caribe y el océano Atlántico, en un arco de varios miles de kilómetros que se extiende desde la entrada del golfo de México (entre las penínsulas de Yucatán y Florida) hasta las costas septentrionales de Sudamérica. La superficie total del conjunto del territorio antillano supera los 236.000 kilómetros cuadrados.

    Las Antillas se dividen en dos grandes grupos: las Grandes Antillas están compuestas por Cuba, Jamaica, La Española (dividida políticamente en dos países: Haití y la República Dominicana) y Puerto Rico. El segundo grupo es el de las Pequeñas Antillas, integrado por diversos estados independientes (San Cristóbal y Nevis, Antigua y Barbuda, Barbados, Dominica, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Granada, y Trinidad y Tobago) y por una serie de territorios pertenecientes a otros países: Reino Unido (Anguila, Montserrat, islas Vírgenes británicas e islas Caimán), Francia (Guadalupe y Martinica), Países Bajos (Antillas holandesas y Aruba) y los Estados Unidos (islas Vírgenes estadounidenses). Dentro de las Pequeñas Antillas también se encuentran islas pertenecientes a estados americanos ribereños del Caribe como México, Belice, Honduras, Nicaragua, Panamá, Venezuela y Colombia. Las Pequeñas Antillas pueden dividirse geográficamente, a su vez, entre islas de Barlovento (al noreste) e islas de Sotavento (al sur, desde Aruba hasta Margarita). Aunque las islas Bahamas no forman parte propiamente de las Antillas, suelen figurar adscritas a este grupo por razones de índole cultural e histórica.

    Las Antillas forman parte de una cordillera sumergida, cuyas cumbres más altas quedaron por encima del nivel del mar. Existen islas de naturaleza sedimentaria junto a otras de origen volcánico, con conos activos, como el monte Pelée en Martinica o el Soufrière Hills en Montserrat. La mayoría de las islas tiene un relieve muy accidentado, salvo Cuba, Bahamas y algunas de las Pequeñas Antillas. Los picos más altos de la región son el Duarte (3.175 metros) y La Selle (2.674 metros), ambos en La Española. El litoral es bajo y arenoso en la mayoría de las islas.

    El clima de las Antillas es tropical, con una temperatura media anual de alrededor de 27 ºC y escasas variaciones estacionales. Las precipitaciones suelen ser abundantes. No obstante, hay algunas islas (caso de las Pequeñas Antillas de Sotavento) donde las lluvias escasean. Las vertientes de barlovento, emplazadas por lo general al noreste, suelen disfrutar de una mayor humedad que las de sotavento. La altitud también representa un factor modificador del clima, atemperándolo en las zonas de montaña. Muchos de los archipiélagos e islas antillanas están expuestos a la acción de los periódicos huracanes que se dirigen desde el sudeste hacia el noroeste.

    La vegetación de las Antillas es tropical, con espesos bosques en las zonas más húmedas y sabanas en las más áridas. Existen numerosas especies de aves, peces, reptiles e insectos, algunas de ellas endémicas.

    En cuanto a su población, las Antillas son un verdadero mosaico racial y lingüístico. Pese a las diferencias entre las distintas islas, debidas en buena medida a su particular pasado colonial, puede hablarse de una cierta uniformidad cultural en toda la región. El mestizaje de la población negra de procedencia africana con la blanca de origen europeo, la asiática (china, india, libanesa) e, incluso, la amerindia ha dado lugar a una cultura criolla que se manifiesta en ámbitos tan diversos como la lengua, la religión, la gastronomía y las fiestas populares.

    Los principales cultivos agrícolas de las Antillas son los de caña de azúcar, cacao, tabaco, algodón y frutas tropicales. La región no es rica en recursos minerales, si se exceptúan los casos de Jamaica (con grandes reservas de bauxita) y de Trinidad (que tiene petróleo). El sector industrial se fundamenta en las producciones agroalimentarias (azúcar, ron, cigarros). El turismo es la principal fuente de ingresos de las Antillas, aunque presentando distintos niveles de desarrollo.

    Los indios ciboney, llegados a la región hacia el año 2000 a.C., fueron los primeros habitantes de las Antillas. A principios de la era cristiana arribaron a las islas los indios arawak, originarios de Sudamérica. Éstos fueron desplazados entre los siglos X y XV por los caribes, también procedentes de tierras sudamericanas. El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón tomó tierra en la isla de Guanahaní (actual Watling, en las Bahamas), bautizada como San Salvador. Ya en el siglo XVI se llevó a cabo la colonización de las Grandes Antillas, cuya población amerindia prácticamente desapareció como consecuencia de los trabajos forzados en las plantaciones y de las enfermedades traídas por los europeos. La práctica extinción de los pobladores nativos fomentó la importación de esclavos negros procedentes de África, destinados a trabajar en las plantaciones. Algunos puertos antillanos, como los de La Habana y San Juan de Puerto Rico, adquirieron una gran importancia comercial al operar como escalas de aprovisionamiento para los buques que comerciaban entre el Nuevo Mundo y España. Dicho comercio alentó el fenómeno de la piratería, con numerosas incursiones y ataques en toda la región, que ingleses, franceses y holandeses comenzaron a disputar a los españoles.

    El declive del imperio español en el siglo XVII permitió la fundación de colonias en algunas islas antillanas por parte de Inglaterra, Francia, los Países Bajos y Dinamarca. La abolición de la esclavitud en el siglo XIX trajo consigo un importante cambio en la economía de las islas, que empezó a depender menos de las plantaciones agrícolas. Haití, en la parte occidental de La Española, se convirtió en 1804 en el primer país antillano en alcanzar su independencia. La descolonización de la región, tras la independencia de Cuba y Puerto Rico en 1898, conoció un gran impulso en el siglo XX. En 1973 se creó la Comunidad del Caribe (Caricom), y en 1994 vio la luz la Asociación de Estados del Caribe (AEC), ambas concebidas con el propósito de promover la cooperación y la integración económica en la zona.