América

Las montañas Rocallosas constituyen uno de los más importantes conjuntos orográficos de América del Norte

El continente americano constituye la segunda mayor masa de tierra del planeta, a continuación de Eurasia, y ocupa gran parte del hemisferio occidental de la Tierra. Se extiende desde el océano Glacial Ártico, en el norte, hasta el cabo de Hornos, en el sur, punto de confluencia de los océanos Atlántico y Pacífico, con los que a su vez limita al este y al oeste, respectivamente. Su extremo septentrional es el cabo Barrow, situado a 71º 23´ de latitud norte, mientras que las islas Diego Ramírez, situadas en el Paso Drake, que separa el continente de la Antártida, se hallan a 56º de latitud sur; entre un punto y otro hay una distancia de más de 14.000 km. El estrecho de Bering, situado en el extremo noroccidental, separa a América de Asia; mientras que Groenlandia, la mayor isla del planeta, representa la parte del continente situada más al este.

Se distinguen dos grandes subcontinentes: Norteamérica y Sudamérica, unidos por la serie de istmos que constituye Centroamérica (Tehuantepec, Guatemala, Nicaragua y Panamá), y que para algunos autores debe considerarse también como un subcontinente. La línea del ecuador atraviesa el continente pasando por el norte de la ciudad de Quito, en Ecuador, y por la desembocadura del río Amazonas. Por lo tanto, la mayor parte del territorio americano se ubica en el hemisferio norte.

El nombre “América” fue asignado por el cartógrafo alemán Martín Waldseemüller, alrededor de 1507, en su libro Cosmographiae Introductio. Lo hizo en honor del navegante italiano Amerigo Vespucci, quien fue el primer europeo en plantear que las tierras descubiertas por Cristóbal Colón en 1492 no se trataban en realidad de las Indias, como éste defendía, sino de un nuevo continente. Para que el nombre del recién descubierto territorio guardara parecido con el de los demás continentes, se procedió a latinizarlo y feminizarlo, pasando de Amerigo a América, denominación que se extendió con rapidez. En España y Portugal, sin embargo, persistió durante años la denominación de Indias Occidentales. Otro nombre empleado con frecuencia para referirse a América es el de Nuevo Mundo, en contraste con el Viejo Mundo.

Medio físico

La superficie del continente americano es de 42.262.142 kilómetros cuadrados, incluyendo sus territorios insulares. Esto equivale al 28,4% de las tierras emergidas y al 8,3% de la superficie total del planeta.

El subcontinente de Norteamérica formó parte en el pasado del supercontinente Laurasia, mientras que Sudamérica se hallaba integrada en otro supercontinente: Gondwana. Ambos se separaron de estas grandes masas de tierra durante el periodo cretácico, el cual comenzó hace unos 145 millones de años y concluyo hace aproximadamente 65, e iniciaron una lenta deriva hacia sus actuales posiciones. Hacia el final del siguiente periodo geológico, el terciario, que comenzó hace 65 millones de años y se prolongó hasta hace 1,8, Sudamérica y Norteamérica quedaron conectadas a través de lo que antes era un arco insular pero que acabó transformándose en tierra continua: Centroamérica. El punto más estrecho de tal unión se encuentra en Panamá, donde hoy en día existe un canal artificial navegable que pone en contacto el Atlántico con el pacífico. Tal canal se alimenta de las aguas del lago Gatún, lo que le permite salvar las diferencias de nivel que hay entre los dos océanos. Otro arco insular, el de las Antillas actúa también como unión entre los dos grandes subcontinentes, en este caso discontinua.

La costa del océano Glacial Ártico es la más sinuosa. En ella figuran gran número de cabos, como el Barrow, el Príncipe Alfredo y el Columbia; bahías, como las de Hudson y Baffin; y penínsulas, como Boothia, Melville, Ungava y Labrador. En el litoral pacífico predomina una fisonomía alta y recta, salvo excepciones donde figuran rastros de erosión glacial, como en los tramos correspondientes a Canadá y la Patagonia. Accidentes destacados de esta costa son las penínsulas de Alaska y California; los golfos de Alaska, California, Panamá, Guayaquil y Corcovado; y cabos como los de Mendocino, San Lucas, Corrientes, Punta Pariñas, y Punta Carretas. Por su parte, la costa del Atlántico presenta tanto tramos rectos y con presencia de playas, como zonas angostas y altas. Destacan golfos como los de San Lorenzo, México, Darién, Venezuela y Bahía Grande; los estuarios del Amazonas, el Río de la Plata; y cabos como el Hatteras, el San Roque, Punta del Este, Tres Puntas y Hornos. Entre los numerosos territorios insulares del continente figuran las Aleutianas, en la zona noroeste, frente a la costa de Alaska; la Antillas, en el Caribe, las Galápagos, en el Pacífico; y las Malvinas, en el Atlántico sur.

Los desplazamientos y la interacción entre las placas tectónicas que integran el continente y las colindantes originaron la formación de diversas estructuras montañosas. La zona oriental de Norteamérica se encuentra fuertemente erosionada a consecuencia de los glaciares que se extendieron sobre la misma durante el periodo cuaternario. Por tal motivo sus formaciones montañosas están poco resaltadas. La más importante de esta zona es la cordillera de los Apalaches, que se extiende desde la península de Gaspe, en Quebec, hasta el estado de Alabama. Su mayor cima es el monte Mitchel, en Carolina del Norte, con 2.040 m de altura. En el centro del subcontinente se abre una zona de amplias llanuras y cuencas fluviales. A continuación, en el oeste, se encuentra una notable formación montañosa, integrada por varios conjuntos y que se extiende de noroeste a sureste: las montañas Rocallosas o Rocosas. Éstas fueron origen de la orogenia de la era cenozoica, están rodeadas de formaciones sedimentarias y manifiestan rastros de una importante erosión, tanto glacial como atmosférica. Parten de Alaska, en los montes Mackenzie, y avanzan en dirección sureste entre las llanuras de Alberta y las mesetas de la Columbia Británica. Ya en los Estados Unidos, las Rocosas progresan paralelas a la meseta de Wyoming. Más al sur se fraccionan en una serie de cordilleras, limitadas al este por las Grandes Llanuras del centro del subcontinente, y al oeste por una serie de cuencas internas. En los estados de Colorado y Nuevo México, las cadenas se acercan entre sí, alojando entre ellas una serie de estrechas mesetas. Entre las ramificaciones de las Rocosas se encuentran la cordillera Costera, la sierra de las Cascadas, sierra Nevada y la cordillera Wasatch. Entre sus cumbres más elevadas están los montes Rainer, con 4.392 m, el Pikes, con 4.399 m, y el Whitney, con 4.418 m. En México las cadenas montañosas principales son la sierra Madre oriental, la sierra Madre occidental y la sierra Madre del sur, que enmarcan la meseta central mexicana. Entre sus mayores alturas se cuentan el Citlaltépetl, con 5.639 m; el Popocatépetl, con 5.465 m; y el Zinantécatl, con 4.567 m, todas ellas montañas de origen volcánico.

La sierra Madre del sur se prolonga a lo largo de Centromérica, atravesando Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. En cuanto a las islas del mar caribe, éstas son por lo general de relieve poco acusado, con las excepciones de la sierra Maestra de Cuba, donde las cimas se acercan a los 2.000 metros de altura, y la cordillera Central de la isla de La Española, en la que el pico Duarte se alza hasta los 3.175 m.

De forma general, se puede dividir el subcontinente Sudamericano en tres grandes zonas morfológicas. Al este se encuentra una serie de mesetas y formaciones montañosas muy erosionadas: el macizo de las Guayanas, el mato Grosso y las sierras de Brasil y la Patagonia. En el centro del territorio se extiende una enorme llanura compuesta por sedimentos de los periodos terciario y cuaternario. En ella figuran las cuencas de las grandes corrientes fluviales de Sudamérica: el Amazonas y el Orinoco, así como las extensas planicies del Chaco, la Pampa y la Patagonia. Finalmente, en el oeste se alza la cordillera de los Andes. Esta se trata de la más importante de las existentes en Sudamérica. Avanza en dirección norte-sur, bordeando la costa del Pacífico, y atraviesa los estados de Colombia, Ecuador, Venezuela, el Perú, Bolivia, la Argentina y Chile, en un recorrido de 7.500 km. Su formación data del periodo cretácico, cuando la subducción de la placa tectónica de Nazca bajo la Sudamericana provocó una elevación del terreno. En su configuración actual, las cordilleras se alternan con amplios altiplanos y valles longitudinales, paralelos a los ejes montañosos. Entre las mesetas interiores destacan el Altiplano, a más de 3.500 m de altura, y la punta de Atacama. Entre las mayores cumbres se hallan: el Aconcagua, con 6.959 m; el cerro Ojos del Salado, con 6.864 m; el Huascarán, con 6.768 m; el cerro Llullaillaco (6.739 m); y el cerro Tupungato, con 6.800 m.

La disposición de las principales cordilleras del continente en el sector oriental del mismo ocasiona que las mayores cuencas fluviales sean las que van a desembocar en el Atlántico, con ríos largos y caudalosos. Los ríos que concluyen en el Pacífico son en comparación cortos, rápidos e irregulares. Por su parte, los ríos que desembocan en el océano Glacial Ártico, como el Yukón, el Mackenzie y el Back, son caudalosos y permanecen congelados buena parte del año. Entre los ríos de Norteamérica que finalizan su recorrido en el Atlántico destaca el Mississippi, con 3.779 km de longitud. Se alimenta del agua procedente de la vertiente oriental de las Rocosas y de la occidental de los Apalaches. En la misma vertiente se encuentra el río Grande (como es conocido en los Estados Unidos) o río Bravo (denominación asignada en México), el cual sirve desde 1848 como frontera natural entre ambas naciones.

Los ríos de la vertiente atlántica de Sudamérica se nutren de las aguas provenientes de la cordillera andina, así como de la importante pluviosidad de las zonas ecuatorial y tropical. Los ríos principales son el Magdalena, el Orinoco y, más al sur, el Amazonas, el cual es el más caudaloso del planeta y el que dispone de la mayor cuenca hidrográfica. Entre sus afluentes están el río Negro, el Putumayo, el Marañón, el Purús, el Madeira, el Tapajós y el Xingu. Otras corrientes importantes de Sudamérica son el Paraná, el Paraguay y el Uruguay, que forman el estuario del Río de la Plata; y el Colorado, el Negro y el Chubut, que nacen en la cordillera de la Patagonia.

Los ríos de Centroamérica se caracterizan por su corto recorrido. Entre ellos están el Motagua, en Guatemala; el Patuca, en Honduras; el Coco, entre Honduras y Nicaragua; y el Grande, en Nicaragua.

En lo que se refiere a la vertiente del Pacífico, los ríos más importantes se encuentran en Norteamérica; como el Fraser, que corre por Canadá; y el Columbia y el Colorado, en los Estados Unidos.

Los lagos son abundantes en todo el continente. Entre Canadá y los Estados Unidos se hallan los llamados Grandes Lagos: Superior, Michigan, Hurón, Erie y Ontario. En el estado de Utah está el Gran Lago Salado. En Centroamérica destacan los lagos Nicaragua y Managua, así como el Gatún. Los lagos más elevados del mundo se encuentran en el altiplano de los Andes, como el Titicaca y el Poopó. Otros lagos destacables de Sudamérica son el Maracaibo y el Buenos Aires.

La gran extensión del continente americano hace que presente toda una diversidad de climas. Las zonas climáticas se encuentran distribuidas de modo simétrico a ambos lados de la línea del ecuador. El clima ecuatorial es propio de la amplia zona de la Amazonia, así como sureste de Brasil, oeste de Colombia y parte de Centroamérica, entre otras regiones. Se caracteriza por temperaturas elevadas sin apenas variación a lo largo del año, así como por precipitaciones abundantes y regulares. Tanto al norte como al sur de la franja amazónica, entre los 5º y los 25º de latitud norte y sur, figuran sendas zonas de clima tropical. En ellas las temperaturas son cálidas, hay una estación húmeda en verano y otra seca en invierno. Los desiertos son abundantes en el continente y se sitúan en especial en las llanuras costeras e interiores de la zona del Pacífico. En ellos la ausencia de precipitaciones es casi total y se da una gran oscilación térmica entre el día y la noche. Los desiertos de las montañas Rocosas, del norte del Chile y del noroeste y sureste de la Argentina son de tipo frío. Por otro lado, los de México, California y el Perú son calurosos. También aparecen zonas con clima subtropical templado; al norte, en la cuenca baja del Mississippi y el sureste de los Estados Unidos; y al sur, en el centro y este de la Argentina, en Paraguay, Uruguay y sur de Brasil. En torno a los 35º de latitud norte y sur, en la costa del pacífico, se sitúan zonas de clima mediterráneo: en California y el centro de Chile. Este clima evoluciona hacia el continental a medida que se avanza hacia el noroeste en los Estados Unidos y hacia el sur en Chile, llegando a Tierra de Fuego. En la zona noroeste de los Estados Unidos, además de en gran parte de Canadá y Alaska, el clima es continental, volviéndose cada vez más frío en dirección norte. En el extremo septentrional de continente, así como en la isla de Groenlandia, el clima es polar. A la división anterior hay que sumar variantes locales ocasionadas por la altitud, como los climas de montaña que se dan, por ejemplo, en las Rocosas y los Andes, más fríos que los de las tierras bajas situadas a la misma latitud.

Población

Alrededor del 14% de la población mundial habita en América. En el aspecto demográfico, un rasgo característico del continente es la desigual densidad poblacional, puesto que desde comienzos del siglo XX se ha venido experimentando un continuo desplazamiento de habitantes desde las zonas rurales a las ciudades. Los Estados Unidos y Canadá, con un crecimiento poblacional controlado, poseen un modelo demográfico diferente del de América Latina. Las áreas más pobladas son la costa oeste, con ciudades como Seattle, San Francisco y Los Angeles; el área de los Grandes Lagos, donde se encuentran Chicago y Detriot, entre otras grandes urbes; las cuencas de los ríos Mississippi y Missouri, con Minneapolis, Memphis y Kansas City; y, en particular, la costa noroccidental, lugar donde se hallan Nueva York, Filadelfia y Washington. Por el contrario las zonas con menor densidad demográfica son el entorno de las montañas Rocosas, Alaska, la parte septentrional de Canadá, y la llanura central estadounidense.

La tasa de natalidad en Centroamérica y Sudamérica resulta más elevada que la de América del Norte. Esta circunstancia, unida a una esperanza de vida prolongada y a la concentración de la población en núcleos urbanos, ha conducido a que el territorio se halle repartido en zonas con una densidad demográfica muy elevada, y otras partes prácticamente despobladas, como junglas, terrenos montañosos, desiertos y estepas áridas. Perfecto ejemplo de tal desproporción son ciudades como México D. F., Caracas, Río de Janeiro, Montevideo y Buenos Aires. Entre otras ciudades importantes de América Latina se encuentran: Guadalajara y Monterrey, en México; La Habana, en Cuba; Medellín y Bogotá, en Colombia; Quito y Guayaquil, en Ecuador; Lima, en el Perú; Sucre y La Paz, en Bolivia; Santiago, en Chile; y Manaos y Brasilia, en Brasil.

La población del continente americano está dividida en tres grandes grupos. En primer lugar, el conjunto de amerindios y esquimales, que son los pobladores autóctonos de América; los habitantes de origen europeo; y finalmente los negros, descendientes de los esclavos trasladados desde África. La mayor parte de la población canadiense es de origen inglés, seguida de un grupo, casi el 30%, de origen francés. El resto lo integran componentes de diversas procedencias europeas, así como integrantes de las razas india y esquimal. En los Estados Unidos predomina la población blanca de rigen anglosajón. Los negros abarcan más del 10% del total de habitantes de este país. En Latinoamérica las poblaciones india y mestiza resultan mayoritarias, habiendo también grupos blancos y negros. Los negros y mulatos son abundantes en Brasil y la Guyana; mientras que en países como Chile, la Argentina y Uruguay la población blanca es la que posee mayor número de integrantes.

En el aspecto lingüístico se puede dividir el continente en dos partes claramente diferenciadas: la América anglosajona, integrada por Canadá y los Estados Unidos; y Latinoamérca, de la que forman parte el resto de países. El inglés es lengua oficial en los Estados Unidos y gran parte de Canadá, además de en Guyana y en algunas naciones de Centroamérica y el área de las Antillas, como Jamaica. El español es el idioma predominante en el resto del territorio, con la excepción de Brasil, donde se emplea el portugués, y la Guyana. El francés se utiliza en las regiones canadienses de Quebec y Nueva Brunswick, en Haití, en las Antillas Francesas y en la Guyana Francesa; y el holandés, en Surinám. A estas lenguas hay que añadir un grupo diverso, de la familia amerindia, en el que se hallan, entre otras, el esquimal, el síux, el maya, el quechua, el aimara, el guaraní y el mapuche.

La religión con mayor número de practicantes es la cristina. El catolicismo predomina en Latinoamérica, mientras que las diversas iglesias protestantes lo hacen en los Estados Unidos y Canadá. Se practican además cultos minoritarios ancestrales, bien autóctonos, bien importados de África, en algunos casos combinados con aspectos de la religión cristiana.

Economía

Los recursos naturales son abundantes pero se hallan desigualmente distribuidos. Los Estados Unidos y Canadá disponen de economías avanzadas y prósperas. Por el contrario, gran parte de Latinoamérica sufre diversos grados de subdesarrollo.

En la América anglosajona los cultivos más extendidos son los de trigo, maíz y algodón, seguidos por avena, cebada, arroz, leguminosas, lino, soja, tabaco, hortalizas y frutales. La producción resulta superior en los Estados Unidos debido a lo más benigno de su clima. En el sector ganadero sobresale la cabaña bovina, si bien la lanar y la porcina también poseen gran importancia. Las amplias extensiones boscosas y las costas de ambos países aportan, respectivamente, cuantiosos recursos de madera y pesca. En Latinoamérica el retraso de las técnicas agrícolas y las dificultades ocasionadas por la orografía ocasionan que los rendimientos de los cultivos sean inferiores a los de los países del norte. En México sobresalen las producciones de algodón, sisal y cereales. En Centroamérica y las naciones del Caribe se plantan café, plátano, caña de azúcar, cacao, tabaco, lino, soja, algodón y maíz. Estos cultivos tropicales se practican también en Brasil, Colombia y Venezuela. En la Argentina destaca la producción de cereales. La actividad ganadera se practica especialmente Brasil, Argentina, Venezuela, Colombia, Chile y Uruguay, donde las cabañas más destacadas son la bovina, la ovina y la caballar.

El petróleo constituye la reserva energética más destacada del continente. Gran parte de la producción mundial parte de los Estados Unidos, país seguido por México, Venezuela, Colombia, la Argentina, Brasil, el Perú y Ecuador. El gas natural se extrae en Canadá, los Estados Unidos, México, Venezuela, el Perú y la Argentina; mientras que los mayores yacimientos de carbón se encuentran en los Estados Unidos, Canadá, México, Colombia, Chile, Brasil y la Argentina. En lo referido a recursos minerales, el continente dispone de cinc, cobre, plomo, hierro, estaño y plata, entre otros.

La abundancia de recursos ha permitido el desarrollo de importantes economías en Canadá y los Estados Unidos, donde se encuentran presentes todo tipo de actividades industriales. De los países de Latinoamérica, los más industrializados son México, la Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Venezuela.