Alaska

    Paisaje montañoso en Alaska, EUA

    El estado de Alaska pertenece a los Estados Unidos de América desde 1867.

    Alaska, topónimo de origen aleutiano que significa “península”, se halla en el extremo noroccidental de Norteamérica. Limita al norte con el océano Glacial Ártico, al este con Canadá (territorio del Yukón y provincia de Columbia Británica), al sur con el océano Pacífico, y al oeste con el estrecho de Bering. Las aguas de dicho estrecho separan su territorio (en América) del extremo oriental de Rusia (en Asia), a menos de cien kilómetros de distancia. La extensión total del estado es de 1.522.595 kilómetros cuadrados.

    En el relieve de Alaska se distinguen tres grandes unidades geográficas. La primera de ellas es una meseta central drenada por el río Yukón, que se encuentra separada del mar por las cordilleras de Brooks y de Alaska. Esta meseta, producto de una intensa erosión fluvial y glaciar, cuenta con un clima continental seco muy frío. Una segunda unidad geográfica es la compuesta por las cordilleras e islas meridionales del estado, que trazan un arco montañoso desde la cordillera de Alaska hasta la Aleutiana y las cadenas litorales del sur y el sudeste. En la cordillera de Alaska se levanta el pico McKinley (6.194 metros), la mayor altura de Norteamérica. El clima es más templado y lluvioso en este arco montañoso, gracias al efecto moderador de las aguas del océano Pacífico. Ello permite la presencia en su suelo de tupidos bosques de coníferas. La tercera unidad geográfica de Alaska es la llanura litoral del norte, entre la cordillera de Brooks y el mar de Beaufort, con un clima seco y frío que sólo admite la existencia de una vegetación de tundra.

    Alaska tiene unos 626.000 habitantes, por lo que su densidad poblacional es muy baja: apenas 0,4 habitantes por kilómetro cuadrado. La mayoría de sus pobladores son de origen europeo. Se conserva una pequeña minoría nativa (esquimales, aleutianos y amerindios), cifrada en un 15% del total. La población del estado se concentra en los núcleos urbanos del sur, entre los que destacan Juneau (capital estatal) y Anchorage.

    Las adversas condiciones climáticas impiden el desarrollo de la agricultura en la mayor parte del territorio. En las escasas zonas cultivadas predominan las papas o patatas y las plantas forrajeras. Dentro del sector ganadero destacan la cabaña ovina y la cría de animales para la obtención de pieles. Mayor importancia tienen las explotaciones forestales (concentradas al sur) y la pesca, esta última al amparo de la notable riqueza pesquera de sus aguas: merluza, arenque, salmón, etc. El subsuelo de Alaska alberga enormes cantidades de petróleo, gas natural y diversos minerales como el plomo, el cobre y la plata. Varios oleoductos ponen en comunicación sus campos petrolíferos, ubicados sobre todo a orillas del océano Glacial Ártico, con el litoral del Pacífico. Buena parte de las riquezas naturales de Alaska permanecen aún sin explotar, al ser de difícil acceso o encontrarse en zonas naturales protegidas. La producción de energía en centrales hidroeléctricas es otra actividad reseñable, no tanto por su dimensión actual como por el gran potencial que presenta. Cabe señalar por último la existencia de una industria de transformación pesquera, forestal y minera.

    El territorio de Alaska fue descubierto para occidente en 1741 por el navegante danés Vitus Bering, quien se encontraba al servicio del zar de Rusia. A finales del siglo XVIII comenzó la colonización rusa. Muchos tramperos se establecieron en su suelo, atraídos por el negocio de las pieles. Los Estados Unidos compraron la región a Rusia en 1867, por una suma de más de siete millones de dólares. Bajo la nueva soberanía estadounidense, Alaska tuvo inicialmente el rango de distrito. En 1912 adoptó de manera oficial el título de territorio, y en 1959 se integró como un estado más a la Unión. Sus costas fueron escenario en 1989 de uno de los mayores derrames de petróleo de la historia, al accidentarse el buque cisterna Exxon Valdez en el estrecho de Prince William. El vertido de crudo causó una catástrofe ecológica, con graves perjuicios para la vida marina y la economía local.