Sahara (Desierto del)

    El desierto del Sahara es la región desértica más vasta del planeta, con una extensión de más de ocho millones y medio de kilómetros cuadrados. Ha adquirido desde tiempos remotos una dimensión mítica debido a la imposibilidad de conquistar su territorio. Considerado como una gran barrera que dificultaba el acceso a los tesoros del África subsahariana desde la antigüedad, muchos pueblos a lo largo de la historia han estado interesados en su exploración y conocimiento.

    El Sahara, que ocupa gran parte del norte de África, está limitado al norte por las montañas del Atlas y el mar Mediterráneo, llegando por el oeste hasta el océano Atlántico, y hasta el mar Rojo por el este. Hacia el sur, el Sahara está delimitado por la región semiárida del Sahel, caracterizada por una breve estación de lluvias en verano. Las fronteras nacionales del Sahara, trazadas de manera artificial durante la época colonial, pertenecen a Marruecos, Argelia, Libia, Túnez y Egipto en la zona septentrional; a Mauritania y la República Árabe Saharaui Democrática (ocupada por Marruecos desde 1975) en la parte atlántica y a Malí, Níger, Chad y Sudán en el área meridional.

    La mayor parte del Sahara está constituido por interminables llanuras pedregosas llamadas hamada o extensiones de dunas de arena conocidas localmente como erg. El macizo de Ahaggar en Argelia y el de Tibesti en el norte del Chad, donde se encuentra el techo del Sahara (monte Koussi, 3.415 metros), son los únicos relieves considerables del desierto sahariano. La depresión de Qattara en Egipto es el punto más bajo del Sahara, llegando a los 133 metros por debajo del nivel del mar.

    Las famosas pinturas rupestres halladas en la meseta de Tassili, al este del macizo de Ahaggar, en el corazón del Sahara argelino, demuestran que en época relativamente reciente (hace unos cinco mil años) en el Sahara había ríos y lagos donde se podía nadar y había una fauna similar a la que hoy habita las sabanas africanas.

    El Sahara no siempre fue un desierto, y en la actualidad su clima tampoco es uniforme en todo el amplio territorio. Es en el Sahara central donde se presentan las características climáticas propias del desierto con periodos de varios años sin lluvia y amplitud térmica extrema entre el día y la noche. En el norte y en las montañas son frecuentes las heladas nocturnas en invierno, mientras que las temperaturas máximas tienen lugar en julio y agosto. En el sur éstas se dan en mayo y junio, y durante el verano se recibe la influencia del monzón del sudoeste, favoreciendo las precipitaciones en el límite con el Sahel. En el norte de Libia y Egipto, la influencia mediterránea modera el clima, y las lluvias invernales favorecen la existencia de vegetación esteparia. Los oasis, presentes normalmente en depresiones que se acercan o sobrepasan la capa freática, poseen un microclima que modera las condiciones circundantes. Uno de los fenómenos atmosféricos más característicos del desierto son los vientos, que en el Sahara tienen nombre propio. Aunque existen muchos tipos de vientos de carácter local, el siroco y el harmatán son los que tienen una incidencia más generalizada. El primero sopla de sur a norte y puede elevar la temperatura de las zonas septentrionales hasta los cincuenta grados centígrados. El harmatán es un viento del nordeste cargado de polvo y arena, capaz de resecar todo a su paso. Debido a este viento, los troncos de las acacias se agrietan exudando una sustancia resinosa llamada goma arábiga que es una producción importante en Sudán.

    La palmera datilera es la especie emblemática del Sahara. Su esbelta silueta, que desarrolla apretados palmerales en los oasis, dulcifica la monotonía del paisaje. Tarays, acacias y vegetación arbustiva esteparia se encuentra en las zonas que reciben cantidades significativas de agua. La fauna del desierto, perfectamente adaptada al medio, está constituida por reptiles y pequeños roedores de vida nocturna y subterránea.

    La domesticación del camello poco antes de la era cristiana es la clave para entender la población humana del Sahara. Durante la época prehistórica, cuando el clima era más húmedo, estaba ocupado por pueblos de raza negroide. Tras la progresiva desertización del territorio estos pueblos se refugiaron en los oasis, pero lentamente fueron desplazados por un pueblo de raza blanca procedente del mediterráneo africano, los beréberes, con gran capacidad de movimiento gracias a los camellos. Los actuales pueblos del desierto (araboberéberes, moros y tuaregs) tienen un origen común en la etnia beréber.

    La economía tradicional de estos pueblos, pastoreo nómada y comercio transahariano, ha sido alterada en gran parte por la llegada de los vehículos a motor. En la actualidad, éstos siguen el trazado de las antiguas rutas caravaneras que de oasis en oasis cruzaban el Sahara en busca de oro, marfil y esclavos, que intercambiaban por sal del desierto. El descubrimiento de importantes yacimientos minerales como manganeso, hierro y cobre en Argelia y Mauritania; fosfatos en el Sahara occidental, así como gas natural y petróleo en Libia y Argelia, está cambiando la fisonomía del desierto con la construcción de oleoductos y trenes mineros.