América del Sur

América del Sur tiene una superficie de 17.842.109 km2, lo que supone un 12,5 % del total de las tierras emergidas en el planeta. Desde la posición 12° 25’ de latitud norte hasta los 55° 59’ de latitud sur, la mayoría del subcontinente se sitúa dentro del hemisferio austral, unido al resto de América a través del istmo de Panamá.

El límite septentrional está en punta Gallinas, Colombia, y el sur en el cabo de Hornos, en Chile. Las costas septentrionales, las de Colombia y Venezuela, se asoman al mar Caribe. El flanco oriental está bañado por el océano Atlántico y el occidental, por el Pacífico.

Al sur, la Tierra del Fuego apunta hacia la península antártica, separadas ambas por el paso de Drake. La longitud total de costas es de 28.000 km. Las islas Galápagos, en la línea del ecuador, y las Malvinas, en el Atlántico sur, son los archipiélagos adyacentes más importantes.

Mapa físico de Sudamérica.

Con una distancia de norte a sur de 7.000 km y de 5.000 km de este a oeste en el punto más ancho, en América del Sur puede observarse una amplia variedad de paisajes, climas y países. La población total supera ampliamente los 300 millones de habitantes, repartidos de forma muy desigual a lo largo del territorio.

Las cuencas de los ríos Amazonas y Orinoco

Los escudos geológicos de Guyana y Brasil se encuentran intercalados por una zona deprimida recorrida por grandes ríos. Se trata de regiones planas, rellenas de materiales sedimentarios, denominados llanos del Orinoco, al norte, y llanura amazónica, en el centro. Durante el Cretácico, gran parte del territorio que hoy forma Venezuela estuvo bajo el mar y en él se depositó una gruesa capa de sedimentos, calizas y areniscas que, sobre granitos, modelaron una topografía de tipo cárstico y algunas sierras (serranía del Interior, cordillera de la Costa, macizo de Guyana).

El macizo guyanés se presenta como una extensa meseta inclinada hacia el océano Atlántico y separada de la cuenca amazónica por pequeñas unidades montañosas. Detrás de una estrecha franja costera se alza una meseta cristalina de formas onduladas cubierta por una selva densa. Al oeste de la meseta, en el sector de la frontera venezolana, aparece sobre el macizo cristalino una capa de areniscas que es la zona más elevada del sector (2.810 m). Los ríos se encuentran a menudo interrumpidos por cascadas y rápidos, entre los que destacan el Salto del Ángel, la catarata más alta del mundo.

El río Orinoco se inserta entre el escudo guyanés y el arco andino septentrional constituido por los Andes y la cordillera de la costa venezolana. Forma una gran llanura aluvial de más de 640.000 km2. El río, con un recorrido superior a los dos mil kilómetros, está alimentado por una densa red de afluentes muy caudalosos. Sedimentos recientes cubren el delta del Orinoco y el lago Maracaibo formando tierras bajas y cenagosas.

La Amazonia es una vasta llanura de 6 millones de kilómetros cuadrados encerrada entre el macizo de la Guyana y la meseta central brasileña. Su sector central está formado por terrazas de arena y arcilla dispuestas en valles aluviales. La cuenca amazónica se extiende por gran parte de Brasil, el Perú, Colombia, el Ecuador, Bolivia y Venezuela.

El enorme caudal del río vierte en la desembocadura. Sus orillas (varzeas) se ven anegadas temporalmente llegando a tener una anchura de varias decenas de kilómetros y dejando sedimentos de alto contenido orgánico.

El macizo guyanés se caracteriza por la presencia de numerosas unidades montañosas discontinuas que dan lugar a cascadas y rápidos como la del Salto del Ángel (en la imagen), la catarata más alta del mundo. El lago Maracaibo, el más grande de Sudamérica, forma un sistema geográfico junto con el estrecho homónimo, el golfo de Venezuela y la bahía de El Tablazo. En la imagen, vista aérea de la conexión natural entre el lago y el Caribe.

El macizo guyanés se caracteriza por la presencia de numerosas unidades montañosas discontinuas que dan lugar a cascadas y rápidos como la del Salto del Ángel (en la imagen), la catarata más alta del mundo. El lago Maracaibo, el más grande de Sudamérica, forma un sistema geográfico junto con el estrecho homónimo, el golfo de Venezuela y la bahía de El Tablazo. En la imagen, vista aérea de la conexión natural entre el lago y el Caribe.

Clima

El clima tropical domina las regiones septentrionales de Colombia, Venezuela y las Guyanas. Las temperaturas casi no varían a lo largo del año, apenas 5 °C, por lo que no hay un ritmo estacional. Se da, en cambio, una oscilación diaria de temperatura, que puede superar los 15 °C.

En plena zona de acción intertropical aparecen dos masas de aire: la ecuatorial continental por el sur, acompañada de lluvias, y la marítima tropical del norte, más seca. Según su mayor o menor influencia puede darse en algunas regiones una estación seca y otra lluviosa. En el macizo guyanés la sequía es relativa y se extiende entre los meses de febrero y abril.

El clima ecuatorial, cálido y húmedo afecta a la cuenca del Amazonas y el sur de la cuenca del Orinoco durante todo el año. Las lluvias son allí abundantes (sobre 2.500 mm de precipitación anual) y las temperaturas altas (superiores a 25 °C).

Flora y fauna

El Amazonas es la mayor selva húmeda del mundo y también la de máxima biodiversidad. Muchas de las especies que contiene aún no han sido clasificadas. La flora está compuesta por árboles con hojas persistentes, donde abundan lianas, bromeliáceas y epifitos que se entrelazan formando conjuntos de variadas especies. En ella se desarrolla una intensa vida animal.

La selva amazónica no es, sin embargo, una formación homogénea, sino que se pueden reconocer numerosas variedades. Así, se distinguen la selva de igapos, que se desarrollan en los terrenos aluviales, húmedos y pantanosos que bordean los ríos; la selva de varzea que se instala sobre suelos mejor consolidados, de menor humedad, inundables sólo una vez por año, y la selva de tierra firme, que ocupa las mesetas bajas que las inundaciones no alcanzan.

No todo es selva densa en el Amazonas. En cuanto la humedad disminuye, el manto forestal se abre, aparecen claros y surge la sabana. En general, cuando el clima ecuatorial es reemplazado por el tropical, si la influencia de la altura es demasiado marcada o se producen cambios de temperatura, insolación, humedad del aire y del suelo, la selva densa ecuatorial se degrada y es sustituida por árboles xerófitos o por formaciones mixtas de árboles y gramíneas.

Así, en el margen de la selva amazónica aparecen tres formas principales de degradación: la selva densa mixta, con árboles de hojas perennes y de hojas caducas; la selva clara, donde existen árboles de hojas caducas con un sotobosque de especies arborescentes y gramíneas, y las sabanas, formaciones vegetales herbáceas con árboles y arbustos en proporciones variables.

En lo alto de la densa arboleda amazónica habitan una extensa variedad de monos, tales como titíes, monos capuchinos, monos araña y monos aulladores, y aves como tucanes, colibríes, guacamayos, papagayos y tangaras. En la superficie y los troncos de los árboles viven zarigüeyas y otros marsupiales como los perezosos. Se encuentran mamíferos como el pecarí, el tapir, el jaguar y el ocelote.

En los ríos y humedales viven aves acuáticas como el ibis escarlata, las garzas, los ostreros y los flamencos rojos, que cazan una enorme variedad de insectos o anfibios como dieta alimenticia. Los caimanes, en varias formas, y serpientes, algunas de ellas muy venenosas y otras de gran tamaño, como las boas y la anaconda, completan el muestrario de la fauna.

La piraña, un pez de enorme voracidad, es una especie característica de los ríos de la cuenca amazónica.

Hay además peces de variados colores y formas, como los peces ángel, los portaespadas, etc. Las pirañas, de gran voracidad, y las anguilas eléctricas son otras especies características de los ríos amazónicos. Los Llanos del Orinoco, el litoral y regiones interiores de Venezuela y Colombia reúnen asimismo una gran variedad de ecosistemas que van desde la sabana a los bosques ecuatoriales, con gran riqueza botánica y animal.

El hombre y el medio

En Venezuela y Colombia, las mayores densidades demográficas se registran en las zonas montañosas, donde las temperaturas son más suaves. La Amazonia es, sin embargo, un desierto humano, con excepción de algunos núcleos de poblamiento como Manaus y Belém.

La base de la economía reside todavía en la recolección y en una explotación agrícola precaria y de subsistencia. Los principales productos vegetales son el caucho, la yuca, el cacao, el guaraná y las maderas de los árboles. La zona cuenta también con recursos mineros, destacando el hierro, el estaño, el oro, el lignito y la sal gema.

El río Amazonas es en parte navegable. En las últimas décadas, la región está viendo alterado su equilibrio natural por la actividad humana. La deforestación acelerada, especialmente al sur del río y en el piedemonte andino, reduce peligrosamente la extensión de la selva.

En los llanos de Orinoco surge una economía de recolección de frutos silvestres practicada por grupos indígenas. Al norte predomina la ganadería extensiva de bovinos. En la desembocadura del Orinoco, grandes instalaciones mineras explotan los minerales de hierro y en el área de Maracaibo hay importantes reservas de petróleo.

El macizo de Guyana, rico en minerales (bauxita, oro, diamantes), tiene como marco de fondo una sucesión de montañas boscosas, separadas por sabanas muy secas. Sobre este macizo vive una población escasa y muy heterogénea, dedicada especialmente a la explotación de las riquezas del subsuelo.

El escudo brasileño y el Gran Chaco

El cratón de Brasilia es el más extenso de América del Sur y tiene como elemento esencial un zócalo constituido por terrenos precámbricos cristalinos. Este zócalo aflora extensamente en las Guyanas y parte adyacente del Brasil; es el escudo denominado de las Guyanas. También surge en el centro del Brasil y en la costa atlántica desde Río de Janeiro hasta Río Grande del Norte, donde constituye el escudo brasileño.

En otras regiones, el zócalo queda oculto debajo de una cobertera que ha sido ondulada en algunos sectores. Aunque el escudo es muy estable, en ciertas regiones existen fracturas importantes donde ha podido desarrollarse una importante actividad volcánica como, por ejemplo, en las coladas basálticas al sur del Brasil.

El escudo brasileño se caracteriza por su abrupto paisaje formado por grandes mesetas y profundas laderas. Este tipo de formaciones se conocen como chapadas. En la imagen, paisaje de la chapada diamantina, en Brasil.

Los macizos orientales corresponden a viejas unidades estructurales de rocas cristalinas arrasadas por poderosas fases de erosión. Al norte se encuentran los escudos guayanés y brasileño. El escudo guayanés es de pequeña extensión y de topografía simple. Está formado fundamentalmente por rocas cristalinas cubiertas de arcillas rojas y por un manto de areniscas dispuestas horizontalmente. Culmina en el cerro Auyan Pepui, a 2.985 m, en el este del territorio venezolano.

El escudo brasileño, arrasado durante la Era Primaria, está afectado por una red de fracturas. Los ejes del relieve y la orientación de las costas traducen las orientaciones predominantes. El sector interior de dicho escudo se presenta como una serie de amplias mesetas. En ellas afloran directamente las rocas cristalinas o están fosilizadas por vastas cubiertas de areniscas subhorizontales que terminan en abruptas laderas. Estas formas se conocen por el nombre de chapadas.

En el sector atlántico, la topografía es más compleja como consecuencia de los levantamientos, movimientos de báscula y fractura ocurridos durante el terciario. En el borde oceánico atlántico se alza la Serra do Mar, importante burlete marginal que toma diferentes nombres (sierra da Estrella, sierra dos Orgóes). Delante de ella, en el sector de Río de Janeiro, varios macizos litorales graníticos como Corcovado, Tijuca o el Pão de Azucar levantan sus curiosas siluetas sobre pequeñas llanuras aluviales.

Al oeste de la fachada atlántica se extiende un conjunto de mesetas labradas en rocas cristalinas, basálticas y areniscas. Son las mesetas de São Paulo, Minas Gerais, Goiás y Mato Grosso. Estos relieves tabulares se hunden hacia la Amazonia y la cuenca del río Paraguay.

Paisaje del chaco boreal paraguayo. La llanura del Gran Chaco, dividida políticamente entre los estados de la Argentina, Bolivia y Paraguay, cubre una extensa zona al pie de la cordillera de los Andes.

Al oeste de los ríos Paraguay y Paraná y hasta el pie de los Andes se extiende una amplia llanura horizontal denominada el Gran Chaco, dividida políticamente entre Bolivia, Paraguay y la Argentina. Es parte de una planicie aluvial con cerros de escasa altura. Por el sur presenta un área de transición hacia las llanuras de la Pampa y hacia el oeste se transforma en la región montañosa de la Puna.

Clima

En el borde atlántico, la franja montañosa del sistema brasileño cumple un papel de barrera semejante al de los Andes, aunque de intensidad mucho más reducida. Las aguas cálidas de las corrientes ecuatoriales dominan en toda la costa atlántica hasta los 38 °C. El clima subtropical húmedo con precipitaciones de verano de estilo tropical e invernales de tipo mediterráneo reina en el sur del Brasil (Rio Grande do Sul), Uruguay y el nordeste de la Argentina. Esta zona se conoce como Pampa húmeda y en ella crece la pradera.

El clima subtropical seco con tendencia a la aridez domina las llanuras del Chaco. La aridez se impone, porque los Andes retienen en la vertiente occidental la humedad de los vientos del oeste. Éstos descienden del lado argentino como vientos secos.

El clima de las mesetas brasileñas es tropical, con precipitaciones por encima de mil milímetros anuales y temperaturas medias del orden de 24 °C. Las amplitudes mensuales son de escasa importancia, la estación seca es marcada y se ubica entre los meses de junio y septiembre. El clima se torna árido hacia el nordeste, donde se encuentra una selva degradada (la caatinga), y en menor grado hacia el sur, donde las mesetas se encuentran cubiertas de campos y sabanas.

Flora y fauna

Asociada a los climas tropicales, la sabana ocupa tanto los sectores llanos como áreas de meseta. En el primer caso, cuando son arbustivas, se conocen en el Brasil como campos cerrados; si son herbáceas se les llama campos limpios. En el segundo caso, sobre las chapadas predominan sabanas formadas de hierbas muy poco exigentes debido a la carencia de elementos nutritivos.

En el nordeste brasileño, formando una cuña entre dos sectores muy húmedos (Amazonas y costa sudeste), la rudeza de la estación seca impone una formación vegetal intermedia compuesta por especies xerófitas. Es la caatinga, mezcla de árboles con arbustos espinosos, más o menos frondosos, que se mezclan con plantas suculentas. El bosque de araucarias o pinares ocupa el planalto meridional, desde el sur de São Paulo hasta el norte de Rio Grande do Sul. Destaca el pino del Paraná y la hierba mate.

Hay buenas representaciones de bosque caducifolio y matorral, con especial concentración en el Gran Chaco. En esta zona se preservan ecosistemas casi intactos, que se transforman en auténtica sabana en el Mato Grosso, dentro de la meseta brasileña.

En el chaco, la degradación vegetacional es paulatina y se acrecienta a medida que se progresa hacia el oeste. Gradualmente se pasa del bosque húmedo oriental a los montes altos del Chaco Central y al bosque de secano del occidente, espinoso y con predominio de cactáceas o chaparral.

En este medio se desarrolla una estepa arbustiva, normalmente xerófita, compuesta de gramíneas duras, como el coirón. Las plantas de mayor alzada son leñosas y provistas de abundantes espinas. La vegetación arbustiva y herbácea más rica se concentra en los amplios valles húmedos que atraviesan la meseta de oeste a este. Hacia el pie de la cordillera, la estepa arbustiva se hace cada vez más densa, con arbolillos achaparrados y deformados por el viento.

El hombre y el medio

La meseta septentrional es una zona de ocupación inestable, amenazada constantemente por las sequías y dedicada a la ganadería extensiva de bovinos. El Mato Grosso ha sido escasamente colonizado. Goiás es una extensa región débilmente ocupada donde se localiza desde 1960 la nueva capital del Brasil, Brasilia. Minas Gerais acoge un gran distrito minero (oro, bauxita, hierro y manganeso) y una gran región ganadera.

Paisaje de Minas Gerais. Las regiones brasileñas de Mato Grosso, Goiás y Minas Gerais están poco habitadas, dedicándose los terrenos a la explotación ganadera y minera.

En el nordeste brasileño se produce un mayor poblamiento acorde con los recursos que proporciona la naturaleza. La fachada costera, dotada de un clima cálido y húmedo y de buenos puertos naturales, fue la primera zona colonizada por los portugueses. En ella se establecieron las primeras plantaciones de caña de azúcar, café, cacao y algodón trabajadas por mano de obra esclava importada de África. El interior, el sertao, está sometido a lluvias irregulares que amenazan constantemente los cultivos de maíz, mandioca y algodón de la población agrícola y los bovinos de los grandes propietarios que practican una ganadería extensiva.

Durante las grandes sequías, cuando los pozos se agotan y los animales se mueren de sed, los hombres emigran hacia la costa. La oposición entre la movilidad de la sociedad del sertao y el sedentarismo de la población costera aparece así como una consecuencia de los rasgos del clima, pero también como resultado de la estructura económica existente en el nordeste brasileño.

El sudeste del Brasil es la región económicamente más importante gracias a su industria y a sus núcleos urbanos. Entre ellos Río de Janeiro, São Paulo y Belo Horizonte forman los vértices del triángulo de desarrollo brasileño.

El desarrollo económico del Gran Chaco es desigual. La parte occidental de Paraguay, como en Bolivia, está poco avanzada y sólo destacan las grandes propiedades ganaderas. Sobre la orilla del río Paraguay se explota el quebracho. En el chaco argentino, por el contrario, además de la explotación de los quebrachales y de la existencia de ganadería bovina, se ha desarrollado el cultivo del algodón y las plantaciones de caña de azúcar en las orillas del río Paraguay.

Los Andes y la costa del Pacífico

Las montañas de los Andes se extienden sobre 7.500 km de norte a sur y tienen su punto más alto en el monte Aconcagua, a 6.959 m. La altura de las cimas andinas es sólo superada por el Himalaya. Se trata de una cordillera joven generada en su parte principal por movimientos orogénicos del Terciario Superior y del Cuaternario muy modelada por la acción glaciar.

En general presenta poca anchura, pero los pasos entre ambas vertientes son dificultosos. En el Perú y Bolivia, la cordillera se ensancha hacia el este. La actividad sísmica y volcánica está muy presente en este sector, pues forma parte de la cadena volcánica alrededor del Pacífico.

Los Andes se agrupan en tres conjuntos principales: los Andes septentrionales, entre el Caribe y las proximidades del Ecuador, donde las montañas se ramifican en varias sierras; los Andes centrales, sobre el Perú, Bolivia y el norte de Argentina y Chile, entre los que se sitúa el Altiplano, y los Andes meridionales o cordillera patagónica. Las alturas descienden desde esta última formando numerosas islas y una costa recortada en el Pacífico hasta la Tierra del Fuego.

Plantación de caña de azúcar, un recurso natural abundante en las orillas del río Paraguay.

Las altas montañas y altiplanos ocupan buena parte del Ecuador, el Perú, Bolivia, Chile y el occidente de la Argentina. En los Andes nacen los principales ríos de Sudamérica y esta cordillera marca la división entre las vertientes del Pacífico, menos importante, y la oriental. La cordillera cuenta también con depósitos lacustres como el lago Titicaca, entre el Perú y Bolivia.

Clima

A lo largo de la cordillera andina se suceden todos los climas, desde los tropicales y ecuatoriales hasta los subpolares, corregidos por el enfriamiento general que produce la altitud y las influencias de las corrientes marítimas. La cadena andina constituye una barrera que impide el paso de las masas de aire del Pacífico hacia el interior del continente. Su altura provoca además, en la vertical, una estratificación de climas anómalos con relación a su latitud.

Se observa debilidad e irregularidad de las precipitaciones, aunque la humedad relativa es muy alta, en particular durante el invierno. La nieve es perpetua en buena parte de la cordillera, introduciendo importantes modificaciones climáticas en todas las latitudes.

En el Ecuador, por ejemplo, el clima ecuatorial sólo afecta a la base de la cadena montañosa, presentando una clara degradación hacia los 1.500-2.000 m. Más alto, entre 2.000 y 3.500 m, el clima es templado, y frío hacia los 4.000 m. Las nieves perennes aparecen hacia los 5.000 m. En la cordillera patagónica la nieve desciende hasta los 700 m.

En el desierto rocoso de Atacama, en la estrecha franja de tierra entre la cordillera andina y el océano Pacífico del sur del Perú y el norte de Chile, se alcanzan extremas condiciones de aridez. En la imagen, laguna salina en pleno desierto de Atacama.

En el litoral colombiano del Pacífico se reproducen los rasgos climáticos y vegetacionales que se encuentran en el istmo de Panamá, pero el clima ecuatorial cálido y húmedo asociado a la selva densa ecuatorial no se prolonga más al sur. La selva caducifolia de transición desaparece y se implanta el desierto peruano-chileno. Este desierto costero se cuenta entre uno de los más rigurosos del mundo y puede tener sequías absolutas de varios años, pero la humedad atmosférica, como en la mayoría de los desiertos litorales, permite el desarrollo de algunos vegetales.

Hacia el interior, la influencia costera desaparece y el calor del sol calcina permanentemente las rocas desnudas. El desierto ocupa una estrecha faja que discurre entre los Andes y el océano Pacífico, iniciándose su cabecera en el Perú para terminar al norte de Chile, en Atacama.

Entre los 30° S y el paralelo de Santiago de Chile, una breve área transicional esteparia cálida separa el desierto del segmento templado del Pacífico. Las precipitaciones invernales, las temperaturas veraniegas mesuradas y la existencia de inviernos suaves, establecen entre los 33 y 38° S un clima de tipo mediterráneo.

Al sur, las precipitaciones muy abundantes (2.500 mm en Valdivia, 40° S) son aportadas por los vientos del Pacífico. Las temperaturas son suaves, sin grandes amplitudes anuales (18 °C media anual).

Flora y fauna

El archipiélago de las islas Galápagos aloja algunas de las formas más arcaicas del mundo animal, como vislumbró el naturalista Charles Darwin en el siglo xix estudiando la evolución de las especies de este valioso ecosistema. La flora y fauna andinas, en cambio, no son muy variadas debido al rigor del clima. Dominan las gramíneas de hoja dura, plantas rastreras. De los animales destacan algunos camélidos, felinos como el puma y aves rapaces. En los valles, la flora y la fauna aumentan.

La aridez de la región andina favorece el dominio de gramíneas y la presencia de camélidos como la llama (en la imagen).

En los Andes septentrionales, la vegetación es de tipo tropical. El bosque denso y húmedo alterna con formaciones xerófitas, sabanas y páramos arbustivos. En los Andes centrales aparece la aridez, salvo en la vertiente oriental e interior, dominio de la selva amazónica impenetrable. A medida que se avanza hacia el sur, la aridez occidental progresa de forma paulatina hasta invadir totalmente la cordillera a la altura del trópico de Capricornio.

En el área central de Chile se da una vegetación de matorral. Sobre árboles de pequeño porte como el boldo se elevan grandes ejemplares como el quillay. El sotobosque comprende sobre todo plantas espinosas como la acacia.

En los Andes templados y fríos, la vertiente occidental aparece con mayor vegetación que la oriental. En la vertiente del Pacífico el matorral es sustituido paulatinamente por el bosque, que alcanza hasta el límite de las nieves perpetuas y se ensancha hacia las latitudes australes. La vertiente atlántica es seca desde Córdoba hasta el paralelo 38.

Después aparecen bosques de araucarias, relacionadas con un medio seco. En la vertiente del Pacífico domina el bosque de hojas perennes, impenetrable, con epifitas y sotobosque de lianas, bambúes y helechos. Este bosque se alimenta de abundantes precipitaciones y cede su lugar a la estepa de gramíneas de la Pampa subárida.

El hombre y el medio

El desierto de la costa del Pacífico constituye un medio físico hostil a la ocupación humana. El salitre en otros tiempos, el cobre y el hierro en la actualidad han contribuido a la creación de centros urbanos en el desierto y a la canalización de agua traída desde los Andes. Este bajo desarrollo económico explica que parte de la población tienda a emigrar hacia las regiones litorales más prósperas.

A lo largo del litoral peruano se suceden alternadamente zonas arenosas y áreas verdes. Cada río que desciende de los Andes forma en la llanura un vergel en el que se concentra la actividad humana dedicada a la producción de algodón, caña de azúcar y arroz. Sobre la costa, la pesca tiene en esta zona una importancia fundamental. La abundancia de plancton y la extraordinaria riqueza de peces han permitido que el Perú y Chile se transformen en importantes productores de pescado.

En las tierras altas andinas, la población continúa viviendo esencialmente de una agricultura tradicional y una ganadería extensiva adaptada al medio: la llama y la alpaca, además de algunos cerdos y ovejas. Los productos básicos de la agricultura siguen siendo el maíz, las papas o patatas y los cereales. Junto a la agricultura, la minería ocupa un lugar fundamental. Destaca la producción de gas natural de Bolivia.

Chile constituye el espacio económico mejor organizado del Pacífico sur. En la región central, de clima mediterráneo, se asienta el 70 % de la población chilena, las ciudades de mayor importancia, el área más rica en cultivos y la casi totalidad de la industria. Tres centros urbanos son los más importantes. Santiago, la capital, es el polo de mayor atracción; Valparaíso, al noroeste de Santiago, es el primer puerto y sede industrial; Concepción, al sur, es centro productor de acero, textiles, petróleo y carbón.

La Pampa y la Patagonia

Entre los cratones de Brasilia y de Patagonia se intercalan los restos de dos cordilleras de plegamiento de edad posterior al Precámbrico. En la provincia de Buenos Aires, las sierras de Tandil y de la Ventana corresponden a una de ellas, formada por terrenos paleozoicos que fueron posteriormente plegados. Hacia el noroeste, las montañas de San Juan y de Mendoza muestran también estructuras de plegamiento de edad algo más antigua (Paleozoico Superior), cuyos ejes son netamente oblicuos respecto a la dirección general de los Andes.

El sur del continente alberga algunos espectaculares paisajes, como es el glaciar Perito Moreno en la Argentina (Vidal Gormaz en Chile), el cual recuerda que en el Cuaternario, la cordillera patagónica estuvo enteramente cubierta de hielo.

En la Patagonia, la cual abarca desde aproximadamente los 40° sur hasta el estrecho de Magallanes, el zócalo aflora sólo en áreas relativamente pequeñas. En general, tiene el carácter de plataforma. La cobertera comprende sobre todo materiales continentales y marinos del Cretácico y una importante representación de terrenos del Cuaternario. Existen también inclusiones de coladas volcánicas, aunque no tan extensas como las del Brasil.

La Patagonia chilena está marcada por la presencia cercana de la cordillera patagónica andina. Ésta configura una estrecha planicie costera que se ha visto afectada por fenómenos glaciares y tectónicos de hundimiento, jalonando el paisaje con fiordos y numerosas islas y archipiélagos de tipo austral. El origen glaciar de la región y su corta extensión desde la cordillera de los Andes hasta el océano Pacífico ha provocado que ríos como el Baker, el Pascua o el Azopardo adquieran un carácter torrencial y, a menudo, de curso irregular.

La Patagonia argentina comprende dos unidades de relieve bien diferenciadas: la cordillera Patagónica, que comparte con Chile, al occidente y la meseta Patagónica, ya en pleno territorio argentino, al este. La cordillera tiene una altura media de 2.000 m y en ella destacan las cimas del volcán Lanín (3.776 m), el cerro Tronador (3.478 m) y el Fitz Roy (3.405 m), cumbres que se encuentran en el límite chileno-argentino. Durante el Cuaternario, la cordillera permaneció completamente cubierta de hielo, de lo cual queda constancia en lagos como el Nahuel Huapí o Viedma y Argentino y en los glaciares aún activos de Perito Moreno (Vidal Gormaz en Chile), Upsala o Spegazzini.

La meseta Patagónica desciende paulatinamente desde la cordillera hacia la costa del Atlántico en un desnivel de 1.500 m. Consiste en una zona tabular elaborada durante el terciario superior que recorta terrenos sedimentarios terciarios y cretácicos, además de otros de origen cristalino.

La meseta está recorrida por cuencas fluviales de laderas escalonadas (Río Negro, Deseado, Chico, etc.). Aparte de las desembocaduras de estos ríos, el litoral atlántico está rematado en un acantilado. La potente erosión eólica, especialmente presente en la Tierra del Fuego, ha extraído por deflación la mayor parte de los sedimentos finos, por lo que la superficie presenta un aspecto pedregoso. Al sur aparecen de nuevo las montañas, a cuyos pies se disponen turberas y lagunas.

Clima

Al norte, en la latitud del Río de la Plata, domina el clima templado oceánico con ritmo estacional bien diferenciado. Las precipitaciones sobrepasan fácilmente los mil milímetros anuales. Las aguas del Atlántico sur están dominadas por corrientes frías provenientes de ramas derivadas de la gran corriente circumpolar antártica. La meseta patagónica, sometida a la influencia de la corriente fría de las Malvinas, a la altura media de su topografía y al abrigo de los vientos húmedos del oeste, no es sólo seca, sino excepcionalmente fría en relación con su latitud.

El sector austral es húmedo como consecuencia del estrechamiento del continente y de la influencia oceánica. Hacia el norte, la degradación climática se impone por la latitud, la altura de la meseta y la barrera de la cordillera patagónica. No obstante, el hecho fundamental es la influencia de las aguas frías antárticas (corriente de Malvinas), que dan al clima patagónico su tendencia fría, a la cual los vientos que descienden desde los Andes agregan la deshidratación del suelo.

Flora y fauna

La vegetación dominante de la Pampa consiste en especies de gramíneas sobre un paisaje abierto y sin apenas árboles. En ella se encuentran especies que pertenecen a los géneros Stipa, Melica, Bromus, Poa, Panicum, dispuestas en estratos que se hacen más bajos y más raros hacia el sur. Hacia el interior, el aumento de la aridez hace ralear la vegetación herbácea.

En la Pampa dominan los paisajes abiertos de gramíneas sin apenas árboles.

De su fauna cabe destacar varios ciervos: pudú, ciervo de las Pampas y ciervo andino. Se da una gran variedad de roedores, como la liebre de la Patagonia o mara, agutíes, vizcachas, tuco-tuco y castores, sobre los cuales el gato pampero, el zorro colorado y el puma actúan como depredadores. El guanaco vive también en la Pampa, extendiéndose también por Bolivia y el Perú. Otras especies de camélidos son la llama y la vicuña, así como la alpaca, todos ellos animales de gran utilidad para la economía.

La sequedad del clima permite sólo el desarrollo de una vegetación herbácea de estepa en Patagonia, compuesta por arbustos bajos y espinosos o por hierbas xerófitas con predominio de gramíneas duras. En las áreas más elevadas crecen bosques y la tundra de altura. Destacan las concentraciones de arrayanes, árboles de gran altura, en la región de Bariloche.

El litoral patagónico está invadido por lobos y elefantes marinos y millones de aves: pingüinos de Magallanes, alcatraces, cormoranes, gaviotas, pelícanos, etc. Con sus deyecciones forman grandes depósitos de guano, material muy apreciado como abono. En las aguas del Atlántico se aparean las ballenas francas australes. El cóndor, la mayor de las aves voladoras, habita en estas latitudes.

Paisaje de Ushuaia, localidad situada en Tierra del Fuego. Esta región se ha convertido en un importante polo de desarrollo económico para los dos países más meridionales del continente, la Argentina y Chile.

El hombre y el medio

La Pampa es una vasta región organizada por el hombre en grandes parcelas. Estas unidades agrícolas y ganaderas, denominadas estancias, son generalmente de entre 2.000 y 5.000 hectáreas. Los cultivos se encuentran altamente mecanizados y se explotan en rotaciones de trigo, maíz, lino, plantas oleaginosas y forraje. Predomina el trigo al norte y al sur, el maíz y el girasol en el centro y en las proximidades de Rosario, y el centeno, la cebada y la avena en el sur. Destaca por su importancia y calidad la producción vitícola de Mendoza.

La ganadería ovina ocupa también grandes superficies. Las estancias no exigen una numerosa mano de obra, sólo en épocas de esquilado y marcado de los animales. Por ello, la población se concentra en las ciudades, entre las que destacan el Gran Buenos Aires, con más de quince millones de habitantes, La Plata, Mar del Plata, Santa Fe, Córdoba y Rosario.

La meseta patagónica representa un tercio de la superficie total de la República Argentina, pero se encuentra muy despoblada. La ganadería ovina reúne de 16 a 18 millones de ejemplares destinados a la producción de carne y lana. Esta ganadería extensiva en grandes haciendas se implantó en el siglo xix con los primeros colonos europeos.

La agricultura de regadío aparece sólo en la cuenca del Río Negro. Patagonia posee además carbón, gas y petróleo en los yacimientos de Comodoro Rivadavia, Neuquén y la Tierra del Fuego. El turismo ecológico, centrado en el Parque Nacional de los Glaciares, la península Valdez y la Tierra del Fuego, se ha convertido en un importante polo de desarrollo económico en la Argentina y Chile.