América del Norte

La región de América del Norte, o Norteamérica, se extiende sobre el hemisferio norte entre los océanos Pacífico y Atlántico y ocupa una superficie de 19 millones de kilómetros cuadrados repartidos casi por igual entre Canadá y los Estados Unidos de América, a lo que en sentido estricto habría de añadirse la parte norte de México. Las costas septentrionales de Canadá y la península de Alaska están bañadas por el océano Glacial Ártico y se encuentran cubiertas por gruesas capas de hielo.

Al este, Norteamérica limita con el océano Atlántico, donde la acción de dos corrientes de agua, una fría o del Labrador y otra caliente proveniente del golfo de México, influyen en el clima de la costa oriental. Al sur, la masa continental se estrecha formando dos grandes penínsulas que cierran los golfos de México, al este, y de California, al oeste. La costa occidental está bañada por el océano Pacífico y cuenta con una cadena de montañas que discurre de norte a sur en paralelo al litoral.

Con su enorme extensión, el continente norteamericano se convirtió desde finales del siglo xviii en la tierra de las oportunidades para los colonizadores europeos quienes, desde la costa atlántica, fueron progresivamente avanzando hacia el oeste del territorio. El desarrollo posterior fue de tal magnitud que los Estados Unidos se han convertido en la mayor potencia política y económica del mundo.

En América del Norte existe una gran diversidad paisajística y climática, determinada por la amplitud del territorio y por la presencia de grandes unidades estructurales. Éstas son, a grandes rasgos, el escudo canadiense, las cordilleras orientales y occidentales y las mesetas interiores.

Mapa físico de Norteamérica.

El escudo canadiense y los Grandes Lagos

El escudo canadiense constituye el elemento primario en la estructura geológica del continente norteamericano y ocupa casi 5 millones de kilómetros cuadrados. Escindido primero en el Precámbrico de una gran masa de tierra que incluía Groenlandia, este inmenso zócalo de rocas cristalinas se halla delimitado en sus extremos oriental y occidental por sendas cadenas montañosas, más antiguas y desgastadas en el este (Paleozoico, 540-245 millones de años atrás) y más altas y recientes al oeste (Mesozoico, 245 millones de años).

El escudo se articula en torno a la bahía de Hudson, al norte; por el este alcanza Alaska hasta la desembocadura del río Mackenzie, acompañado de islas desgajadas del bloque originario. Al sur se encuentra delimitado por la región de los Grandes Lagos, con extensiones en el norte de los estados de Minnesota, Wisconsin y Nueva York.

El escudo canadiense es la mayor y más antigua estructura precámbrica aflorada del mundo. Sobre una base de rocas cristalinas, la acción de los antiguos glaciares ha originado una serie de penillanuras formadas por la acumulación de sedimentos en las que se alojan las cuencas fluviales e innumerables lagos. De entre éstos destacan por su tamaño los lagos Superior, Hurón, Michigan, Erie y Ontario, conocidos en conjunto como los Grandes Lagos norteamericanos y que constituyen, con sus 245.500 km2, la frontera natural entre Canadá y Estados Unidos.

Los Grandes Lagos deben su origen a las glaciaciones cuaternarias, en su progresiva retirada hacia el polo. Sin embargo, el compartimento que ocupan actualmente fue escenario de dislocaciones tectónicas que dieron lugar a la formación de fosas en el escudo. La excavación glaciar acentuó estas fosas y la acumulación de morrenas frontales dispuso una represa natural.

En ese momento, las aguas encontraron salida más directa hacia el Atlántico a través de la depresión de Mohawk. Las transgresiones marinas posteriores a la glaciación hicieron penetrar el mar a través del la cuenca del río San Lorenzo hasta el lago Ontario, captando definitivamente el desagüe de los lagos en esa dirección.

Hacia oriente, en la península del Labrador, el terreno se eleva en alturas que alcanzan hasta 2.000 m. Al nordeste se sitúa la cuenca del río San Lorenzo, que se abre al Atlántico formando un gran estuario y un golfo frente a Terranova. Otras cuencas fluviales importantes del escudo canadiense son los ríos Mackenzie y Yukón, al oeste.

Clima, flora y fauna

El norte de Canadá y Alaska presentan un clima extremo influido por la acción de las masas de aire polar del Ártico. Debido a ello, buena parte de este territorio se encuentra bajo el hielo gran parte del año, con temperaturas en torno a los

–25 °C y escasas precipitaciones.

La acción de los glaciares del Cuaternario sobre las rocas cristalinas del escudo canadiense formó numerosas cuencas lacustres en el noreste americano. En la imagen, uno de dichos lagos, en la provincia canadiense de Ontario.

Más al sur, entre el río Hudson y el Ohio, el clima se atempera pero presenta una gran amplitud térmica anual como consecuencia de la penetración de las masas de aire polares que hacen que los inviernos sean muy rigurosos a pesar de hallarnos en latitudes medias. Sin embargo, desde la primavera los vientos tropicales ascienden desde el golfo de México hasta la latitud de los Grandes Lagos.

En cuanto a las precipitaciones, puede hablarse de un descenso de la pluviosidad a medida que se asciende en latitud. En el sector nordeste el clima se torna más húmedo y los cambios estacionales se hacen más patentes con olas de frío invernales. Hacia el sur, los veranos pueden llegar a ser bastante calurosos y húmedos.

En el Gran Norte canadiense se extiende un área de tundra y áreas lacustres de suelos inertes demasiado fríos para la existencia de una importante vegetación, exceptuando musgos, líquenes y algunos abedules y sauces enanos. No obstante, una buena parte de Canadá está cubierta por árboles como el pino y el cedro que se alternan con grandes praderas.

La tundra domina el paisaje del Gran Norte canadiense, de escasa vegetación y extensas superficies lacustres.

Al sur de la tundra se encuentran los grandes bosques boreales norteamericanos, poblados de coníferas como abetos blancos y negros, álamos temblones y blancos, abedules blancos, alerces y pinos balsámicos. Entre los Grandes Lagos y la costa del Atlántico se encuentra una región forestal con predominio de árboles caducifolios, como el abedul amarillo, el arce, el fresno, el roble, el nogal y el olmo.

La fauna es similar a la del norte de Europa y Asia. En las regiones árticas hay osos polares y especies como almizcleros, zorros, lobos y comadrejas árticos; en las aguas del océano viven focas y ballenas blancas y grises. En las regiones lacustres y las praderas situadas más al sur pueden verse castores, puercoespines y numerosos roedores.

Canadá también es el hábitat de antílopes, renos, alces y caribúes. El ciervo de cola blanca, el búfalo de los bosques y el bisonte pueblan los parques nacionales. En las cordilleras suelen habitar cabras montesas y osos pardos. Los ríos y lagos son ricos en esturiones, percas, truchas y salmones. La riqueza en especies marinas es muy apreciada. En el Atlántico, existen bancos de bacalao, caballa, pez espada y atún gigante.

El hombre y el medio

Debido al rigor del clima, el norte y centro de Canadá se encuentran escasamente poblados. A los tradicionales asentamientos de pueblos esquimales se sumaron en el siglo xix los colonizadores europeos en busca de pieles de animales y minerales, sobre todo oro. La aparición posterior de uranio y petróleo ha originado la creación de asentamientos estratégicos para su aprovechamiento.

El sur de Canadá y el área de los Grandes Lagos concentran, sin embargo, grandes centros industriales y urbanos. Su navegabilidad, la conexión fluvial con las regiones vecinas y los inmensos recursos mineros que los bordean han hecho de la región de los un polo de desarrollo de los Estados Unidos y una de las zonas industriales más poderosas del mundo.

Existen grandes depósitos de gas natural sobre la costa este y en tres provincias canadienses del oeste, junto con una gran variedad de otros recursos naturales, como el carbón y el hierro, que han sido decisivos para crear una de las regiones siderúrgicas más importantes del mundo, especializada en la fabricación de automóviles (Detroit). A ello ha contribuido también una importante red hidroeléctrica en torno a la cuenca de los Grandes Lagos y los Apalaches.

La navegación fluvial entre los Grandes Lagos y el océano ha promovido el desarrollo de urbes como Chicago, desde donde se exporta el cereal y los productos ganaderos del medio oeste. Una extensa red de comunicaciones facilita los desplazamientos con el Atlántico y las llanuras centrales del país. Estas obras comenzaron tardíamente, después de dos siglos del primer establecimiento humano en las orillas de los lagos.

La geografía ha permitido la rápida y barata circulación de los abundantes recursos. El mineral de hierro se encuentra muy cerca del vértice occidental del lago Superior, en los yacimientos de Mesave, Vermillion y Cuyan. El mineral se transporta en barcazas de gran tonelaje. El hierro abastece a los centros siderúrgicos de Pensilvania; de vuelta, las embarcaciones llevan carbón de las cuencas hulleras apalachianas.

La siderurgia ha favorecido la expansión industrial: en Detroit están instaladas las fábricas Ford, Chrysler y General Motors. Chicago es centro de comunicaciones y fabricante de maquinaria agrícola. Sigue a continuación en importancia el transporte del trigo y el petróleo desde las praderas norteamericanas y Canadá.

Los bosques canadienses constituyen una fuente de riqueza para la industria maderera y la fabricación de pasta de papel. También se produce un considerable volumen de trigo y otros cereales extraído por medio de las más modernas técnicas agrícolas.

Canadá posee una notable riqueza forestal, sustento de una floreciente industria maderera y de fabricación de pasta de papel.

La contrapartida a este gran desarrollo económico ha sido la desaparición de las poblaciones indígenas y sus formas de vida tradicionales, la destrucción de buena parte de los bosques originales, la extinción de la fauna y la contaminación del medio ambiente. No en vano, el modelo de producción americano se basa en la sobreexplotación de los recursos naturales.

La costa oriental

El litoral atlántico de Norteamérica se extiende desde las abruptas costas de Terranova y Nueva Inglaterra hasta la península de Florida y se halla flanqueado por las cadenas montañosas hercinianas de los Apalaches y los montes Alleghanys. Estas estructuras morfológicas se hallan muy erosionadas y apenas superan los 2.000 m de altura. Por ello, no impiden la comunicación con el interior del continente gracias a la discontinuidad y el modelado glaciar del Cuaternario, que ha creado multitud de lagos.

En la región este norteamericana se distinguen dos zonas bien diferenciadas: una al norte, en la que las costas de Nueva Inglaterra, Nueva Escocia y la isla de Terranova presentan un perfil abrupto heredado de la cordillera de los Apalaches, y una al sur, en la que las costas se suavizan e incluso forman líneas de cayos. En la imagen, paisaje de Nueva Inglaterra.

Las costas de Nueva Inglaterra, Nueva Escocia y la isla de Terranova, prolongación de los montes Apalaches, constituyen un relieve recortado que sobresale hacia el océano. El resto de la costa atlántica constituye una meseta de escasa altura formada por acumulación de sedimentos que conforman llanuras pantanosas en las desembocaduras de los ríos (bahía de Chesapeake) y cordones litorales como Long Island, Atlantic City, el cabo Hatteras y una sucesión de cayos o islas bajas y arenosas, sobre todo en Florida.

La cadena de los Apalaches da unidad al conjunto y se intercala entre una extensa llanura costera, el Piedmont, y las mesetas de Ohio y Kentucky en el interior. El monte Mitchell (2.037 m) en Carolina del Norte, es el punto más alto del sector oriental de Norteamérica. De norte a sur se distinguen tres sectores distintos. El macizo de los Adirondack, situado junto a Nueva Inglaterra, en el estado de Nueva York, es un fragmento del zócalo cristalino abombado.

La glaciación cuaternaria excavó pequeñas cubetas lacustres. La depresión Hudson-Mohawk, amplio corredor transversal, separa este macizo del segundo sector constituido por la meseta de Nueva York-Pensilvania, que conserva su cubierta de sedimentos paleozoicos plegados, aunque está nivelada por una amplia superficie de erosión. Otras depresiones se alojan entre las montañas al norte de Nueva Jersey y Alabama. Hacia occidente, el relieve se atenúa bruscamente y el terreno se orienta al Mississippi.

Desde el interior de los Estados hasta el mar el terreno desciende suavemente. La parte más occidental aparece ondulada por las últimas estribaciones de la cadena Apalache. En seguida se inicia un piedemonte y luego la llanura hasta el mar. La costa es, en general, baja y arenosa e imposibilita o dificulta la instalación de puertos. Florida prolonga la llanura litoral a una altura media inferior a cincuenta metros y por todas partes se extienden terrenos pantanosos, lagos y ríos de trazado muy irregular. Los cordones litorales se prolongan hacia Cuba en las islas Bahamas.

Los ríos tienen limitada su extensión por la proximidad de las montañas al mar, si bien la pluviosidad de la región permite la existencia de una vasta red fluvial ampliamente canalizada. Además, el océano ha podido penetrar en los deltas y estuarios, permitiendo que barcos de gran tonelaje se adentren en el interior. Los más importantes son el Hudson, el Delaware, el Potomac y el Chesapeake.

Clima, flora y fauna

La vertiente atlántica presenta en general un régimen de lluvias bastante abundantes, pero se da una considerable variación climática en latitud. La parte norte, integrada por Terranova, Nueva Inglaterra y Nueva York, se encuentra por latitud en una región de clima templado. Sin embargo, al hallarse bajo la influencia de la corriente del Labrador y de las masas de aire polar provenientes del norte, el noroeste de Norteamérica registra durante los meses invernales temperaturas por debajo de 0 °C.

En cambio, el sector sur recibe la influencia directa de la masa de aire tropical del golfo de México. El clima es francamente tropical. Desde la zona templada, no exenta de rigores invernales, de la bahía de Chesapeake se pasa desde Carolina del Norte a un tipo de clima subtropical y tropical en Virginia y Florida.

La región de la bahía de Chesapeake disfruta de un clima templado y atemperado por las aguas del océano Atlántico.

Los inviernos en Virginia, Alabama y Florida son suaves y los veranos, calurosos y húmedos. Este clima permite el desarrollo de cultivos tropicales. Los huracanes son frecuentes en los meses de julio a noviembre. En general, la cornisa atlántica en el sur disfruta de una abundante pluviosidad con escasa amplitud térmica. Estas condiciones climáticas determinan la existencia de una agricultura eminentemente tropical en la que están representados los cultivos hortícolas, agrios y otros frutos tropicales.

El bosque laurentiano, típico de las regiones septentrionales del atlántico, consiste en especies de tipo caducifolio como el roble. El bosque de los Apalaches constituye una masa forestal densa en la que predominan los pinos rojo y blanco, cedros, robles, hayas y otras especies de hoja caduca. En las regiones del sur se intercalan especies subtropicales.

La presencia del hombre ha reducido drásticamente la fauna salvaje del este norteamericano. No obstante, se mantienen algunas poblaciones de ciervos de cola blanca, osos, lobos, castores y ardillas, mofetas, mapaches, así como pájaros carpinteros, lechuzas, garzas y pavos salvajes.

El hombre y el medio

La vertiente atlántica de Norteamérica fue el punto de llegada de los primeros europeos, principalmente de franceses a Terranova y el río San Lorenzo y de ingleses a Nueva Inglaterra. En los comienzos de la colonización, los Apalaches supusieron un obstáculo relativo para la penetración hacia el oeste, que fue salvado con facilidad por los numerosos pasos abiertos por los ríos que desembocan en el Atlántico.

Las provincias nororientales de Canadá tienen como principales recursos económicos la abundante pesca y las reservas forestales. En los límites de los Apalaches se encuentran importantes yacimientos de carbón y hierro, como también en Minnesota y Michigan.

Las trece colonias del este conformaron el núcleo de la creación de los Estados Unidos y pronto se desarrollaron activos centros urbanos como Nueva York, Boston o Filadelfia, que florecieron con la industria y el comercio atlántico. El sector nordeste del continente, desde Washington hasta Montreal y entre los estados de Maine y Virginia, constituye una de las regiones más densamente pobladas del mundo.

Nueva York se erige en centro económico y financiero de proyección mundial y Washington, la capital, acoge el gobierno de la nación y numerosas instituciones culturales. En Canadá, las provincias de Québec, Montreal y Ontario se cuentan entre las más desarrolladas del país y se hallan bien comunicadas e integradas en el espacio económico de la costa este.

El Empire State, uno de los rascacielos emblemáticos de la ciudad de Nueva York. La costa oriental norteamericana es una de las regiones más densamente pobladas del mundo.

Para abastecer a esta gran población, en el norte atlántico se ha dado una explotación mixta de agricultura y ganadería, mientras que más al sur ha predominado la agricultura de plantación, principalmente tabaco y algodón. En Durham y Winston-Salem se encuentran las mayores factorías de tabaco del mundo. Durante mucho tiempo, el algodón se exportó a los centros fabriles de Nueva Inglaterra, pero desde finales del siglo xix se constituyó una importante industria textil en los Estados Unidos.

En Florida la agricultura ha ido perdiendo importancia a medida que se desarrollaban las actividades relacionadas con el turismo. Miami se ha consolidado como nudo de comunicaciones con Latinoamérica.

El medio oeste y el sur de los Estados Unidos

Entre los Apalaches y las Montañas Rocallosas (Rocosas) se extiende el inmenso dominio de las grandes praderas. Éstas suponen casi la cuarta parte del continente norteamericano, con 1.500 km de este a oeste y 1.000 km de norte a sur.

Enmarcadas por los Grandes Lagos al norte, los Apalaches al este y las Montañas Rocosas al oeste, las llanuras ganan amplitud hacia el sur. La pradera, asentada sobre suelos compuestos de rocas sedimentarias erosionadas, se extiende desde los estados de Ohio a Nebraska e incluye Michigan, Indiana, Wisconsin, Illinois, Minnesota, Iowa, parte de Missouri, las dos Dakotas, Kansas y el este de Colorado.

El río Mississippi y sus afluentes conforman la principal cuenca fluvial del subcontinente norteamericano. Sus aguas han sido utilizadas para electricidad, transporte, etcétera.

La depresión se encuentra dominada por la gran cuenca fluvial del río Mississippi y sus afluentes, que conforman una de las mayores redes hidrográficas del mundo. También destaca la presencia del Río Grande al oeste, de régimen más irregular y que sirve de frontera entre los Estados Unidos y México.

Al oeste del río Mississippi se extienden unas tierras altas interiores que conforman la meseta de Ozarks y las montañas de Ouachita, similares en estructura a los montes Apalaches. Más allá continúan amplias extensiones de suaves colinas que van ascendiendo en altitud a medida que se aproximan a las Montañas Rocosas.

El eje fluvial Mississippi-Missouri, alimentado por grandes afluentes como los ríos Ohio y Tennessee, es uno de los ríos más largos del mundo y en su recorrido atraviesa todo tipo de regiones y climas. En primavera, al derretirse la nieve al norte, se producen crecidas alimentadas por las lluvias caídas más al sur. Más corto e irregular es el río Grande, entre los Estados Unidos y México, aunque su canalización ha permitido el establecimiento de amplias zonas de regadío en sus proximidades.

Clima, flora y fauna

La temperatura del interior del continente varía con relación a la latitud. Ello se debe a la ausencia de resaltes geográficos, tanto los fríos polares del norte como las masas de aire cálido tropical del sur pueden alcanzar el centro del continente. Así, durante el invierno la zona centro se convierte en un área de altas presiones que empuja los vientos hacia la periferia, y en verano atrae las corrientes húmedas procedentes del golfo de México.

El resultado es un clima de carácter continental muy cambiante a lo largo del año. Las oscilaciones térmicas se acentúan hacia el oeste, al tiempo que disminuyen las precipitaciones hasta llegar a las tierras altas, donde se registran entre 250 y 500 mm.

El sur está sometido a un clima subtropical húmedo por la vecindad de las aguas calientes del golfo de México con abundantes y regulares precipitaciones, en torno a 1.500 mm anuales, e inviernos suaves. Los estados sureños de los Estados Unidos se sitúan dentro de la esfera de acción de los huracanes y tormentas tropicales que se forman en el Atlántico durante los meses de verano, así como bajo los efectos de los tornados.

Las regiones del norte estadounidense y el sur del Canadá se encuentran pobladas por extensas agrupaciones de coníferas. Más al sur, hasta el estado de Texas, la pradera de gramíneas sustituye al bosque. La vegetación es más abundante hacia el este por la mayor pluviosidad. Así, se distinguen tres clases de praderas: áridas y muy erosionadas hacia el oeste, en las estribaciones de las Montañas Rocosas, zonas herbáceas sobre un suelo rico en materia orgánica en la cuenca del Mississippi, y la pradera canadiense, ligada a los bosques boreales.

La caza del bisonte durante el siglo XIX y la alteración de su hábitat han dejado a este animal confinado a reservas y parques protegidos aunque antiguamente, fue el indiscutible rey de las grandes llanuras norteamericanas.

Las grandes praderas eran el hábitat para millones de bisontes americanos. Debido a la caza y la extensión de las tierras cultivadas, estos animales están prácticamente extinguidos y su presencia se limita a algunas reservas y parques nacionales. También habitan en ellas perritos de las praderas, conejos y turones.

Hacia el golfo de México aparece el bosque marítimo de magnolias, rododendros y mimosas y el pinedo en el bajo Mississippi y las costas bañadas por el golfo de México. Un animal presente en estas latitudes es el armadillo, una especie insectívora emparentada con los osos hormigueros El sur de Florida contiene también zonas costeras de manglares, hábitat en el que subsiste gran número de caimanes, serpientes acuáticas e ibis.

El hombre y el medio

A pesar del rigor climático, la fertilidad de los suelos negros de las praderas hace del medio oeste norteamericano un terreno idóneo para el cultivo extensivo de cereales, especialmente el trigo y el maíz, y para la ganadería. La construcción de líneas férreas en el siglo XIX durante el proceso de colonización y de carreteras intercontinentales después ha propiciado un poblamiento disperso, con numerosas ciudades de tamaño medio (San Luis, Kansas City, Denver). Otra característica es la creación de grandes explotaciones agrícolas con una gran mecanización que permiten acumular excedentes destinados al consumo interno y a la exportación.

Adaptándose a las condiciones climáticas y el régimen de lluvias, se ha configurado una serie de cinturones agrícolas especializados. El cultivo del maíz, asociado habitualmente a la ganadería porcina, ocupa toda la mitad este de los Estados Unidos, especialmente en las riberas de los ríos Mississippi, Missouri y Ohio, al sur de los Grandes Lagos. Más recientemente se ha introducido el cultivo de la soja para la exportación.

El trigo se da en las zonas más frías del norte y más secas del oeste, en las dos Dakotas y en las provincias meridionales de Canadá al oeste de los Grandes Lagos. El trigo de invierno se produce como cultivo secundario y de sustitución en las regiones del maíz y el algodón. La ganadería y plantas forrajeras como la avena se dan en las zonas más frías y húmedas al este de los Grandes Lagos y las próximas a la costa atlántica (cinturón lechero), así como en los grandes ranchos de los estados occidentales del medio oeste. La ganadería es muy productiva y se orienta hacia la industria láctea y cárnica.

El sur de los Estados Unidos ha sido desde época colonial territorio de plantaciones dedicadas al cultivo del algodón, el tabaco y la caña de azúcar bajo un régimen esclavista de explotación que se sostuvo hasta la guerra de Secesión americana en los estados de Delaware, Maryland, Virginia, las dos Carolinas, Georgia, Florida, Alabama y Luisiana. Como herencia queda una importante minoría afroamericana en los estados del sur.

La aparición de petróleo en el los estados ribereños del golfo de México, Texas y Oklahoma favoreció el desarrollo de la industria de extracción y petroquímica. Como consecuencia, los antiguos puertos exportadores de algodón (Nueva Orleans, Houston) pasaron a convertirse en terminales de los oleoductos. El golfo de México tiene también una próspera industria pesquera.

Cordilleras occidentales y costa del Pacífico

La región occidental oeste de Norteamérica presenta un relieve montañoso que es sólo un sector de la gran dorsal que recorre todo el continente americano desde las islas Aleutianas, en Alaska, hasta la Tierra de Fuego frente a la Antártida. El Círculo Polar Ártico corta la península de Alaska por su tercio superior. Al norte quedan los Brooks Rangers (2.816 m) y las costas bajas del océano Glaciar Ártico; al sur, el valle del Yukón, abierto al estrecho de Bering.

En el estado de Alaska hay unos 5.000 glaciares y fiordos. También hay glaciares en la Columbia británica y al norte de Montana. Las cordilleras de Alaska (6.194 m en el McKinley), prolongadas hacia el sudeste por las montañas Costeras protegen la costa del Pacífico de los fríos polares.

En el monte McKinley, de 6.194 m, alcanzan su máxima altitud las cordilleras de Alaska, prolongación septentrional de las montañas Costeras que recorren la costa del Pacífico.

El oeste de Norteamérica presenta todavía actividad orogénica, ya que su reciente historia geológica está definida por los movimientos de la placa del océano Pacífico y la actividad volcánica. Muestra viviente de estas fuerzas tectónicas son los volcanes de Alaska y la falla de San Andrés en California.

Existen allí varias cadenas montañosas de material granítico alineadas de norte a sur frente al océano, en el que se precipitan dejando un estrecho espacio de llanura litoral. El eje principal lo constituyen las montañas Rocosas, cadena modelada en el terciario que alcanza sus mayores alturas, superiores a los 4.000 m, en el sudoeste del estado de Colorado.

Las montañas Rocosas suponen la división entre las vertientes hidrográficas que se orientan hacia el este y el oeste. Dispuestas en paralelo a esta cordillera hacia occidente se encuentran la sierra Nevada y las cadenas costeras. Entre ambos ejes montañosos se sitúan cuencas y altas mesetas sometidas a una gran aridez en donde se encuentran desiertos como el de Salt Lake en Utah o el Colorado.

La cordillera litoral es de menor altitud y presenta dos tramos claramente diferenciados. El más septentrional es abrupto y el meridional no llega a 2.000 m de altura. En medio se encuentran las montañas Costeras de la Columbia Británica canadiense y la cordillera de las Cascadas, las cordilleras Costeras y la sierra Nevada, en territorio estadounidense.

Entre ambos se encuentra una zona deprimida, fragmentada en bloques yuxtapuestos que ponen en comunicación el litoral con las depresiones intramontanas. En esta zona deprimida se ubican la bahía de San Francisco y el Gran Valle de California, de 600 km de longitud por 100 km de anchura. El punto más bajo del oeste, a 86 m por debajo del nivel del mar, se halla en el Valle de la Muerte.

Hacia el interior se extiende un área de cuencas dispersas y altas mesetas formadas por material volcánico, que incluyen la meseta interior de la Columbia Británica en Canadá y la meseta del Colorado. Ésta se eleva a más de 3.000 m y aloja el Gran Cañón del Colorado, un desfiladero por donde corre el río más de 1.800 m por debajo de la superficie de la meseta y en cuyos flancos se puede seguir la evolución geológica del territorio, desde el paleozoico. La meseta se prolonga en la altiplanicie mexicana.

Los ríos de la vertiente del Pacífico son de régimen irregular y escasa importancia, a excepción del Columbia y el Colorado, que arrastran un considerable caudal. El Yukón, en Alaska, permanece helado la mitad del año. En el Gran Valle de California, los ríos Sacramento y San Joaquín desembocan en la bahía de San Francisco y permiten su aprovechamiento agrícola. Lo mismo sucede con el río Colorado en su desembocadura a la bahía de California.

Los ríos que cruzan el Gran Valle californiano, el Sacramento, el San Joaquín y el Colorado, entre otros, permiten el aprovechamiento agrícola de la región, conocida por sus grandes viñedos y plantaciones de cítricos.

Clima, flora y fauna

La corriente cálida de Kuro-Shivo dulcifica el clima de esta parte de América que, a igual latitud que la península de Labrador en la costa atlántica, tiene temperaturas más benignas. La presencia de las cordilleras supone una barrera a los vientos húmedos procedentes del Pacífico, pues al ascender por la vertiente montañosa se condensan y llegan a las mesetas interiores como masas de aire seco.

La mayor parte del territorio californiano recibe lluvias inferiores a 300 mm. Algunas zonas acusan una aridez desértica, especialmente las situadas al abrigo de la barrera litoral. Otras, como las montañas del interior, pueden recibir hasta 1.000 mm de lluvia anual.

En los estados de Utah, Colorado, Nevada y Arizona el clima es extremadamente árido, con precipitaciones que en el Valle de la Muerte o el desierto del Colorado no llegan a 50 mm. Los meses estivales registran altísimas temperaturas, a la vez que en el invierno son frecuentes las nevadas en Wyoming o Nevada.

El litoral presenta una subdivisión en latitud: al sur domina un clima de tipo mediterráneo caracterizado por lluvias esporádicas, inviernos suaves y veranos largos y calurosos. Hacia el norte, en los estados de Wyoming, Washington y Columbia, las precipitaciones se hacen más abundantes y puede hablarse de un clima oceánico benigno y húmedo.

En la zona costera del Pacífico, gracias a la humedad, y en las laderas de montaña surge una exuberante vegetación formada por coníferas como el abeto Douglas, el cedro rojo, el abeto de Sitka y el abeto de Canadá occidental. Estos bosques son refugio de numerosas especies de pájaros. En California, la secuoya gigante de los valles adyacentes a Sierra Nevada deja paso hacia el sur al chaparral mediterráneo, la encina y las especies de carácter subtropical.

La vegetación de las zonas áridas intramontanas está compuesta por praderas y monte bajo y en los estados de Arizona y Nuevo México, debido a la esterilidad del suelo, sólo sobreviven arbustos de porte bajo y cactus en las áreas más secas. Este ecosistema es un paraíso para coyotes, grandes rapaces y numerosos reptiles, de los cuales el más característico es la serpiente de cascabel.

El área de las Montañas Rocallosas aloja numerosos parques naciones en los que viven la marmota, el oso negro y el grizzly, cabras montesas, alces y ciervos y lobos. El litoral del Pacífico cuenta con la presencia de leones marinos, orcas y ballenas azules.

A pesar de la urbanización del oeste norteamericano, existen grandes extensiones de tierras salvajes, especialmente en la zona de las montañas Rocallosas. En ellas, todavía es posible observar al oso grizzly (en la imagen).

El hombre y el medio

Las Montañas Rocallosas y demás cordilleras suponen un obstáculo en la región. No obstante, las particularidades climáticas crean un marco físico que el hombre ha sabido aprovechar para hacer de California uno de los estados más ricos de Norteamérica.

A excepción de las enormes concentraciones urbanas de California en torno a San Francisco y Los Ángeles, en las que el sector de los servicios (industria cinematográfica, juegos de azar, etc.) y la industria tecnológica (Silicon Valley) conforman un dinámico polo de crecimiento económico, el oeste norteamericano sigue siendo un área poco poblada en comparación con la costa este. Estados como Oregón e Idaho cuentan con una población esencialmente rural y grandes extensiones de bosque.

Esta baja densidad de población se explica por lo abrupto y árido del terreno y por la escasez de agua en lugares como Arizona. Sólo existen tierras cultivadas por el sistema de regadío en el Gran Valle de California y en el curso del río Grande. La mayor parte de estas tierras se dedican a la producción vinícola y de frutas y hortalizas tropicales y de zona templada. Las técnicas de cultivo, la selección de variedades y las redes de comercialización están muy modernizadas y compiten ventajosamente en todo el mundo.

Los pioneros europeos llegaron atraídos por las expectativas de encontrar oro. El oeste norteamericano es rico en recursos minerales y cuenta con grandes reservas de petróleo, plata, platino, cobre, plomo cinc, estaño y hierro que, en algunos casos, apenas han empezado a explotarse. La ganadería tiene una importancia discreta. La gran riqueza del noroeste americano continúa residiendo en los bosques (34,8 % de la superficie total) y la pesca (salmón, merluza, arenque).