Oceanía

Las tierras de Oceanía salpican las aguas del vasto océano Pacífico, repartidas entre miles de islas que, en su mayor parte, quedan más cerca de Asia que de América. La isla continente de Australia es, con gran diferencia, la mayor extensión terrestre de Oceanía. Otras islas de importante tamaño son Nueva Guinea, que está dividida entre los estados de Indonesia y Papúa-Nueva Guinea; las islas del Norte y del Sur de Nueva Zelanda, y Tasmania, perteneciente políticamente a Australia. El resto de las islas de Oceanía son generalmente de pequeño tamaño, agrupadas en tres grandes conjuntos insulares: Micronesia, Melanesia y Polinesia.

La singular geografía de la región de Oceanía ha impulsado históricamente una intensa fragmentación cultural y lingüística. No obstante, desde tiempos prehistóricos una buena parte de sus islas estuvieron pobladas merced al esfuerzo de comunidades que protagonizaron, con la progresiva colonización de sus archipiélagos, una de las mayores gestas de la historia de la humanidad gracias a su arrojo y a sus avanzados conocimientos en navegación.

Mapa físico de Oceanía.

Australia

La isla más grande del mundo, Australia tiene una extensión de más de siete millones de kilómetros cuadrados. Para algunos se trata de un continente, con una gran variedad de climas y de hábitats naturales. Hace cientos de millones de años formaba parte del paleocontinente meridional de Gondwana, al que entonces estaban también unidas las tierras de Sudamérica, África y la Antártida.

Unos 180 millones de años atrás, las tierras australianas y antárticas se desgajaron de Gondwana. Ochenta millones de años después, la Antártida se separó de Australia, que quedó ya configurada como tal. Al sur de Australia se levanta la isla de Tasmania, que pertenece políticamente a la nación australiana. Ambas islas están separadas por el estrecho de Bass. El oeste y el sur de Australia están bañados por el océano Índico, el norte por los mares de Timor y Arafura, y el este por el océano Pacífico.

En el relieve australiano predominan las mesetas bajas y las llanuras. La Gran Cordillera Divisoria recorre de norte a sur la franja oriental de la isla, prolongándose hasta la vecina isla de Tasmania. En el sur de la Gran Cordillera Divisoria se encuentra el monte Kosciusko (2.228 m), la mayor altura de la isla. Al oeste de esta formación montañosa se extienden varias depresiones como la Gran Cuenca Artesiana.

El sur de esta región del centro-este de la isla cuenta con algunos lagos como el Eyre y el Gardner. Al norte del Eyre se halla el desierto de Simpson. Más hacia el oeste se encuentra una llanura ligeramente ondulada por la erosión, en la que se asientan el Gran Desierto de Arena y el Gran Desierto Victoria. En pleno corazón de la isla se levantan numerosos monolitos de los cuales, el más conocido es sin duda la formación rocosa de Ayers Rock (Uluru, en la lengua de los aborígenes australianos), con un perímetro circular de nueve kilómetros y una altura de 348 metros.

Por debajo del Gran Desierto Victoria se halla la larga llanura costera de Nullarbor, que se abre a la Gran Bahía Australiana. Encima del Gran Desierto de Arena está la meseta de Kimberley, que por el norte se asoma a las aguas del mar de Timor. Frente al litoral nororiental, en las aguas del mar del Coral, se asienta la Gran Barrera de Arrecifes: ésta es la formación coralina más larga del mundo.

La península del cabo York se prolonga hasta el cabo homónimo, que representa el punto más al norte de la Australia continental. Al oeste de la península se abre el golfo de Carpentaria, el mayor entrante marino de la isla. El estrecho de Torres, al norte del cabo York, separa a Australia de Nueva Guinea.

La línea costera de Australia, de más de 25.000 kilómetros, es mayoritariamente baja y arenosa. El litoral de Tasmania, sobre todo al sudeste de esta isla, es mucho más accidentado. La gran aridez del interior de Australia hace que sus ríos sean escasamente caudalosos. El río más largo es el formado por el sistema fluvial Murray-Darling, al sudeste.

Clima, flora y fauna

La variedad climática en Australia es grande. El clima es tropical húmedo en la franja norte, desértico en el centro y parte del oeste, mediterráneo en la mayor parte del litoral oriental, oceánico en el extremo sudeste, y tropical seco en las regiones menos profundas del interior y en parte de la costa occidental. La isla de Tasmania posee un clima oceánico, aunque algo más frío que el de la costa australiana del sudeste.

La flora y fauna australianas son únicas en el mundo, como consecuencia de su evolución independiente a lo largo de millones de años. Existen unas quince mil especies vegetales endémicas. Los matorrales y los bosques de eucalipto se localizan en las regiones costeras del este y el sur. En las llanuras áridas del interior crecen algunos arbustos y plantas herbáceas. Las zonas más inhóspitas del desierto carecen de vegetación.

Debido a su gran extensión, Australia reúne en su territorio hábitats muy diversos. Uno de los más singulares es el de los bosques tropicales de Queenslands, que se muestra en la imagen.

En el litoral septentrional se asienta el bosque tropical. Más hacia el sur, antes de llegar a las regiones más áridas, hay un bosque esclerófilo (con hojas duras adaptadas a la sequía) típico de las sabanas. La región montañosa del este, recorrida por la Gran Cordillera Divisoria, acoge en su suelo bosques lluviosos templados. En las zonas más altas de esta cordillera se halla una vegetación de tipo alpino. En el sudeste y en Tasmania abundan las coníferas, sobre todo los pinos.

En Australia viven los monotremas, únicos mamíferos ovíparos del mundo. Entre los monotremas se cuentan los equidnas y los ornitorrincos. El resto de los mamíferos endémicos de la isla pertenecen a la subclase de los marsupiales, entre los que destacan los canguros. Hay en la isla medio centenar de especies de este curioso animal herbívoro; el canguro gris y el gran canguro rojo son los más característicos.

Otros marsupiales son el koala y el wombat. El primero de ellos, que se alimenta de hojas de eucalipto, es una de las especies animales más protegidas de la isla. Por otra parte, el diablo y el tigre de Tasmania, este último ya extinto, son los principales exponentes de la fauna nativa de esta isla. Son también reseñables en Australia las poblaciones de reptiles, entre los que se encuentran las serpientes, los lagartos y los cocodrilos.

El cocodrilo poroso, que alcanza los seis metros de longitud, vive en los pantanos del litoral septentrional. Junto a las especies endémicas hay que apuntar otras: destaca en este sentido el conejo europeo, cuya superpoblación lo ha convertido en una amenaza para el equilibrio de los hábitats australianos.

La población de coral de la Gran Barrera de Arrecifes, extendida a lo largo de unos 2.000 kilómetros, representa la mayor estructura viva del planeta. Las aguas próximas a la Gran Barrera albergan numerosas especies de peces y otros animales marinos. Muestra del extraordinario valor natural de esta barrera coralina es su declaración como Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (unesco, por sus siglas en inglés). En las aguas australianas viven diversas especies de ballenas y de tiburones. El dugón, un mamífero marino sirénido, habita en el litoral septentrional de la isla.

Fotografía satélite en la que se aprecia la Gran Barrera de Coral, frente a las costas de Australia. Es el mayor arrecife coralino del planeta y está considerado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

El hombre y el medio

La población australiana vive en su inmensa mayoría en ciudades. Las mayores densidades de población se dan en cinco enclaves urbanos costeros: los de Brisbane, Sydney-Wollongong, Melbourne-Geelong, Adelaida y Perth. Los cuatro primeros se localizan al este y sudeste, y el último al sudoeste. En el resto de la isla, así como en el conjunto de Tasmania, la densidad poblacional es inferior a cincuenta habitantes por kilómetro cuadrado. La tasa de crecimiento anual de la población se sitúa alrededor del 0,85 %.

En Australia convive una sociedad moderna mayoritaria, de unos veinte millones de personas, con otra nativa muy minoritaria, de sólo 250.000 personas. La primera es la compuesta por la población de origen inmigrante, mayoritariamente europea pero también asiática. La segunda está representada por los aborígenes australianos, habitantes de esta isla desde hace miles de años.

La población nativa, desposeída de sus tierras y largo tiempo marginada por los colonos de origen europeo, sufre graves problemas sociales: desempleo, desestructuración familiar, drogadicción, etc. La mayor parte de los aborígenes se concentra en suburbios degradados de las grandes ciudades, principalmente en Sydney.

La agricultura australiana es una de las más productivas del mundo. En la isla se cultivan cereales como trigo, avena y cebada, caña de azúcar y vides, entre otros. El vino australiano es muy apreciado fuera de sus fronteras. La ganadería es mucho más importante que la agricultura. Australia es uno de los principales productores de carne y de lana del mundo, gracias a la explotación de su numerosa cabaña ovina y bovina.

Las explotaciones forestales se concentran al este. Pese a ser un país costero, dada su insularidad, la pesca no es un sector muy importante. Australia exhibe una gran riqueza en algunos minerales como la bauxita, el hierro, el carbón, el níquel, el aluminio, el cinc y los diamantes. También cuenta con algunos yacimientos de petróleo.

La industria se concentra en el este y el sur, destacando las producciones química, mecánica, agroalimentaria, siderúrgica y metalúrgica. Los mayores polos industriales son Brisbane, la franja costera comprendida entre Newcastle y Port Kembla (se incluye Sydney), Melbourne, Adelaida, Middelback, Perth y Kwinana. Como ocurre en los países económicamente desarrollados, el sector de los servicios es el que emplea a la mayor parte de la población. El turismo es un sector muy avanzado.

Hay que hacer una mención, por último, a la escasa población aborigen que permanece ligada al medio rural y mantiene su tradicional modo de vida basado en la caza y la recolección de frutos. El bumerán es un arma de caza de origen australiano que aún se emplea como tal en la isla. Estas pequeñas comunidades se encuentran dispersas por el interior y por las zonas tropicales del norte de la isla. Dentro de la población autóctona hay que diferenciar a los aborígenes australianos propiamente dichos de los isleños del estrecho de Torres, que representan una etnia y una cultura diferenciadas.

Nueva Zelanda

Al sudeste de Australia se alzan las islas que componen Nueva Zelanda. El mar de Tasmania separa ambos estados. Las islas principales de Nueva Zelanda son dos: la del Norte y la del Sur, separadas por las profundas aguas del estrecho de Cook, con distintos rasgos orográficos y climáticos.

El pico Mitre fotografiado a pie del fiordo de Milford (Milford Sound). El perfil orográfico de Nueva Zelanda es montañoso, especialmente en la isla del Sur, recorrida por los Alpes neozelandeses.

La isla del Norte cuenta con una meseta volcánica central, a cuyo este y sur se alzan sendas cordilleras. Numerosos volcanes permanecen activos. El Waikato es el río más largo de la isla del Norte. Su nacimiento se encuentra en el lago Taupo, cerca del cual se levanta la montaña más alta de la isla: el monte Ruapehu (2.796 m). El litoral occidental de la isla del Norte es arenoso. No así el oriental, sobre el que se extienden amplios manglares.

La isla del Sur es más montañosa, recorrida longitudinalmente por los Alpes neozelandeses. En ella se ubica el monte Cook o Aorangi (3.764 m), el pico más alto del país. También se encuentra el río Clutha, el más largo de Nueva Zelanda. Dada su cercanía a la cordillera, el litoral occidental es estrecho y abrupto. La costa este de la isla es ancha y llana, ya que la vertiente oriental de los Alpes neozelandeses desciende suavemente hacia el mar. Existen algunas extensiones lacustres, principalmente en el extremo meridional, donde se hallan los lagos Wakatipu, Wanaka y Te Anau.

Clima, flora y fauna

El clima de Nueva Zelanda es oceánico, caracterizado por temperaturas templadas y frecuentes precipitaciones. Las diferencias estacionales no son muy acentuadas, notándose más en la isla del Sur, más fría por su latitud, que en la del Norte.

En las zonas no montañosas de esta última, las temperaturas mínimas invernales no suelen caer por debajo de los 6 °C. En la vertiente sudoccidental de la cordillera alpina de la isla del Sur, las temperaturas mínimas en el mes de julio, el más frío del invierno austral, que se encuentran muy por debajo de los 0 °C. La costa sudoeste de la isla del Sur exhibe el mayor índice de pluviosidad, por encima de los 5.000 milímetros anuales.

El bosque mixto de hoja perenne y el sotobosque de helechos representaban la vegetación dominante de Nueva Zelanda antes de la llegada de los europeos. Parte de esos bosques autóctonos ha desaparecido como consecuencia de la acción destructora del hombre. En la costa oeste de la isla del Sur se concentra en la actualidad la mayor extensión boscosa nativa, con especies arbóreas como el kauri, el rimu y la totara.

El retroceso de los bosques autóctonos ha sido compensado en parte con la repoblación de coníferas foráneas, principalmente pinos y abetos. En las zonas más altas de montaña se da una vegetación de tipo alpino. Por otra parte, la vegetación de las llanuras es de tipo estepario.

Entre las escasas especies animales autóctonas se encuentran varios tipos de lagartos, anfibios y murciélagos. El moa, un ave corredora gigante, es desgraciadamente una especie extinguida. Sin embargo, siguen existiendo otras aves nativas no voladoras de menor tamaño como el kiwi y algunas canoras como el tiu. Destacan asimismo las numerosas poblaciones de aves marinas y migratorias.

Por lo que respecta a los animales marinos, hay que señalar a los atunes, peces voladores, tiburones y bacalaos azules. A ellos hay que sumar moluscos y crustáceos, apartado en que se incluyen los comestibles toheroas.

El hombre y el medio

La densidad de población en Nueva Zelanda es de apenas quince habitantes por kilómetro cuadrado. La tasa de urbanización ronda el 80 %. La isla del Norte está mucho más poblada que la del Sur. Las mayores densidades del país, por encima de los cien habitantes por kilómetro cuadrado, se dan en torno a las dos urbes más pobladas: Auckland y Wellington, ambas en la isla del Norte. En la isla del Sur, la principal ciudad es Christchurch. Las zonas montañosas de las dos islas principales están prácticamente deshabitadas.

En Nueva Zelanda, al igual que en la vecina Australia, convive una sociedad moderna de origen europeo con otra nativa: la encarnada por los maoríes. Sin embargo, a diferencia de otros lugares de Oceanía donde la población nativa sufre una fuerte marginación económica y social, los aborígenes neozelandeses (maoríes) disfrutan de un nivel de vida aceptable.

La agricultura neozelandesa es muy reducida, eclipsada por el gran peso que tiene la ganadería. La actividad ganadera, desarrollada gracias a la riqueza de pastos, se basa en la explotación de la numerosa cabaña ovina. La pesca sólo tiene una cierta relevancia para las comunidades maoríes costeras del norte. Las explotaciones forestales son importantes en la isla del Sur.

El subsuelo neozelandés alberga carbón, lignito y gas natural. El país cuenta con numerosas centrales hidroeléctricas. El sector industrial está muy vinculado a las explotaciones ganaderas. Destacan las producciones alimentarias y textiles.

Pese a la lejanía del territorio neozelandés, el turismo es una actividad cada vez más pujante. A ello ha favorecido la proyección mundial que ha supuesto la filmación en su suelo de célebres películas, como las de la serie El señor de los anillos. Nueva Zelanda es uno de los pocos países desarrollados del mundo en los que el sector primario (en concreto, la ganadería) representa el motor de la economía.

Nueva Guinea

El estrecho de Torres separa la isla de Nueva Guinea de la vecina Australia. Una cordillera central recorre la isla de oeste a este, con alturas que sobrepasan los 4.000 metros. El Jaya, con sus 5.029 metros, es el pico más alto de Oceanía. Al norte y al sur de dicha cordillera se levantan amplias llanuras que llegan hasta el mar. La planicie meridional es muy pantanosa. La cordillera central se prolonga por la estrecha península oriental de la isla, donde toma el nombre de Owen Stanley.

Vista del lago Sentani desde las montañas circundantes. La isla de Nueva Guinea acoge una amplia variedad de contrastes debido a sus abruptas diferencias de altitud.

Al este de Nueva Guinea se alzan varias islas y archipiélagos que, junto con la mitad oriental de Nueva Guinea, pertenecen políticamente al estado de Papúa-Nueva Guinea. Destacan por su tamaño las islas de Nueva Bretaña, Nueva Irlanda y Bougainville. El oeste de Nueva Guinea, también llamado Irian Jaya, pertenece a Indonesia. El río Fly es el más caudaloso de la isla y de toda Oceanía. En Nueva Guinea existen numerosos volcanes activos, entre los que puede señalarse el Manam (1.807 m).

El clima en las tierras bajas de Nueva Guinea es ecuatorial. Las temperaturas son altas a lo largo de todo el año, con escasas oscilaciones diurnas y estacionales. Las precipitaciones son abundantes, por encima de los 5.000 milímetros anuales en muchos lugares de la isla. Las lluvias caen a lo largo de todo el año.

La desembocadura del río Fly es la zona que presenta una mayor tasa de precipitaciones: 5.800 milímetros. El litoral meridional de la península oriental es, con sólo 1.100 milímetros anuales, la región menos húmeda. Las condiciones climáticas son muy diferentes en las zonas montañosas, donde las temperaturas pueden bajar hasta los 3 °C.

Un espeso bosque ecuatorial cubre la mayor parte de la isla. En la costa, sobre todo la meridional, abundan los manglares. En las zonas menos altas de montaña hay bosques dispersos de pinos y árboles caducifolios. Las alturas son el hábitat de diversas especies de flora alpina.

En cuanto a la fauna, destacan las especies de mariposas y aves tropicales: entre las primeras se encuentra el ala de pájaro, la mariposa más grande del mundo; entre las segundas puede señalarse el ave del paraíso. Los reptiles, sobre todo los lagartos y serpientes, son también abundantes. Los mamíferos más representativos de la isla son el wallaby, el dingo y el canguro de árbol. Hay que subrayar asimismo la rica vida marina en las aguas costeras, que dan cobijo a numerosas especies de peces, tortugas y crustáceos.

La densidad de población en Nueva Guinea apenas supera los diez habitantes por kilómetro cuadrado. La mayoría de los habitantes de la isla se concentra en el litoral y en las tierras del interior más próximas a la costa. El porcentaje de población urbana es uno de los más pequeños del mundo. El nivel de vida es bajo, ya que se trata de uno de los territorios menos desarrollados económicamente del planeta. La esperanza media de vida al nacer sólo llega a los 63 años.

La agricultura de subsistencia se basa en los cultivos de mandioca, plátanos, yuca, ñame, cocos y cereales. En cuanto a la agricultura de plantación, cuyo destino es la exportación, destacan los cultivos de café, té y cacao en el litoral y zonas próximas. La ganadería es sobre todo porcina y bovina. Se trata de una actividad mayoritariamente de subsistencia.

La pesca, también de subsistencia, representa una importante fuente de proteínas para los pobladores de la isla. Existen numerosas explotaciones forestales, dada la gran superficie boscosa de Nueva Guinea. Por lo que respecta a la minería, hay que señalar la extracción de cobre, plata y oro.

Nueva Guinea es uno de los lugares del mundo con mayor número de comunidades nativas apegadas a modos de vida primitivos. En los lugares más remotos de la isla siguen viviendo tribus de cazadores, pescadores y recolectores que hasta no hace muchos decenios practicaban el canibalismo. Estas poblaciones humanas, algunas de las cuales han sido descubiertas muy recientemente, han podido permanecer al margen de la civilización por la impenetrabilidad de las selvas en las que habitan.

Polinesia

La Polinesia comprende un amplio conjunto de islas del centro del océano Pacífico. Incluye el archipiélago de Hawaii, Midway y la Samoa americana, tres territorios pertenecientes a los Estados Unidos; las islas Cook, asociadas a Nueva Zelanda; la Polinesia francesa; la isla de Pitcairn, de soberanía británica; la isla de Pascua, de soberanía chilena, y los estados independientes de Samoa occidental, Tonga y Tuvalu.

Cráter del volcán Rano Kau, en la isla de Pascua. Las islas de la Polinesia deben su formación bien a la naturaleza volcánica del territorio, bien a la aparición de atolones coralinos.

Muchas de las islas polinesias son de naturaleza volcánica. Abundan también los atolones, islas a modo de anillo formadas por la acumulación de coral, que cuentan con una laguna interior conectada con el mar.

El clima de la Polinesia es tropical, más o menos húmedo. Las temperaturas son suaves: unos 25 °C de media. La oscilación térmica es pequeña, aunque en verano suelen superarse los 30 °C de máxima. Las precipitaciones son mayores cuanto más cerca se encuentra la línea ecuatorial. La temporada lluviosa se extiende por lo general entre los meses de noviembre y abril. Las islas de la Polinesia se encuentran muy expuestas a los devastadores efectos de las tormentas tropicales del Pacífico.

El escaso suelo de los atolones coralinos hace que la vida vegetal no sea muy abundante, limitada prácticamente a palmeras y cocoteros. La vida animal en el medio terrestre es también muy escasa, circunscrita a algunos reptiles e insectos. En cuanto a las aves, se cuentan algunas especies endémicas.

La vida submarina, al amparo de las formaciones de coral, es extraordinariamente rica: abundan los peces, moluscos y crustáceos. Esto hace que los fondos marinos de la Polinesia sean un verdadero paraíso para los amantes del buceo. En alta mar, por otra parte, hay poblaciones de cetáceos.

En las islas volcánicas de cierto tamaño, como Tahití, en la Polinesia francesa, la vegetación está marcada por la presencia del bosque tropical lluvioso. La fauna endémica de estas islas de mayor tamaño ha sido prácticamente reemplazada por especies introducidas. Las poblaciones de reptiles figuran entre los escasos endemismos que perviven a principios del siglo xxi.

La población polinesia se encuentra desigualmente repartida por las numerosas islas e islotes de la región. La zona más poblada es la Polinesia francesa, en concreto la isla de Tahití. Las comunidades humanas, caracterizadas por su juventud y su alta natalidad, se concentran generalmente en la línea costera.

En las islas polinesias de origen volcánico como Hawaii, la vegetación es la correspondiente a los biomas de bosque tropical lluvioso. En la imagen, el río Waimea, en la isla de Kanu (Hawaii), rodeado por la frondosa vegetación de este tipo de biomas.

La elevación del nivel de las aguas marinas como consecuencia del progresivo calentamiento de la Tierra representa una grave amenaza para las islas más llanas, que podrían desaparecer del mapa en un horizonte de tiempo relativamente corto. Éste es el principal problema ecológico que afrontan las islas de la Polinesia, aunque también puede apuntarse la amenaza de la creciente deforestación.

El suelo cultivable es reducido, dadas la pequeñez de los atolones y la abrupta orografía de muchas de las islas volcánicas. En la Polinesia se cultivan coco, vainilla, verduras y frutas, sobre todo plátanos. Del coco se extrae la valiosa copra. Otros cultivos importantes para el autoconsumo son los de ñame, taro y árboles del pan.

La actividad ganadera es escasa, centrada principalmente en la explotación de la cabaña porcina. Las islas más boscosas cuentan con explotaciones forestales. La pesca es muy importante para casi todos estos pequeños territorios insulares, sobre todo para los menos desarrollados económicamente. Entre los recursos minerales hay que destacar el cobalto. En este apartado también puede incluirse la extracción de perlas.

Panorámica de la laguna central del atolón de Aitutaki (islas Cook). Los paisajes paradisiacos han hecho de las islas polinesias un importante destino turístico de las clases medias-altas.

La industria es escasa o casi inexistente. El turismo representa una de las principales fuentes de divisas para la región. Hawaii, la Polinesia francesa y Tonga son los territorios que cuentan con una infraestructura turística más desarrollada. Otras importantes fuentes de ingresos son las representadas por la ayuda externa y las remesas de los emigrantes.

Melanesia

El conjunto insular de Melanesia incluye las islas de Nueva Guinea, repartida entre Indonesia y Papúa-Nueva Guinea; Nueva Caledonia, perteneciente a Francia; Vanuatu, Salomón y Fidji. Nueva Guinea es, con diferencia, la isla más extensa, seguida de Nueva Caledonia. El interior de Nueva Caledonia está atravesado por una línea montañosa. El oeste es la zona más árida. Su mayor altura es el monte Panié (1.628 m). En algunas de las islas más grandes existen volcanes activos.

El clima de Melanesia es tropical, con temperaturas primaverales durante todo el año gracias al efecto atemperador de los frescos vientos oceánicos del este. Las temperaturas máximas no suelen superar los 30 °C. La estación de los tifones se extiende de diciembre a marzo. La precipitación media anual es de unos 3.000 milímetros.

El bosque lluvioso tropical se extiende por el suelo de Melanesia, donde abundan las orquídeas y otras flores tropicales. Las especies endémicas de animales son numerosas, aunque muchas de ellas se encuentran amenazadas por la creciente presión humana. El mayor número de endemismos se da en las islas más orientales, donde tienen su hábitat las águilas de las islas Salomón y una docena de especies de zorras voladoras.

El subsuelo de la isla de Nueva Caledonia contiene una cuarta parte de las reservas mundiales de níquel. Una de sus consecuencias es el color rojizo de las tierras o los ríos de esta isla, como se puede comprobar en la imagen.

La población urbana es minoritaria. La mayor parte de los melanesios siguen viviendo en el medio rural, en aldeas diseminadas sobre todo a lo largo de la línea costera. La economía es básicamente de subsistencia, con cultivos de ñames y batatas, entre otros. Los tradicionales cultivos de subsistencia han ido cediendo paso en las últimas décadas a los destinados a la exportación: piña, coco (para la extracción de copra), aguacate, etc.

La ganadería es sobre todo porcina. La pesca es principalmente de subsistencia, aunque también existen algunas pesquerías comerciales. El peso económico de las explotaciones forestales es notable, lo que ha creado un grave problema de deforestación en algunas islas como las Salomón.

En Melanesia abundan los yacimientos de níquel, plomo, cinc y hierro, lo que hace de la minería un sector económico cada vez más importante. La isla de Nueva Caledonia alberga por sí sola una cuarta parte de las reservas mundiales de níquel. La única industria reseñable es la agroalimentaria, basada en la producción de copra, aceite de palma y conservas de pescado.

El turismo es un sector todavía incipiente, con un grado de desarrollo inferior al de las vecinas Micronesia y Polinesia, debido a las malas comunicaciones y a los conflictos políticos en algunos territorios. Las islas Fidji son el principal destino turístico de Melanesia. En gran parte de la región se conservan modos de vida tradicionales, caracterizados por el fuerte apego a la tierra, las importantes obligaciones de los individuos con sus grupos de parentesco y la existencia de unas relaciones sociales relativamente igualitarias.

Micronesia

Dentro de Micronesia se incluyen las islas Marianas y la isla de Wake (ambas como dependencias de los Estados Unidos), las islas Marshall, Palau, Kiribati, Nauru y los Estados Federados de Micronesia. La mayor parte de estas islas son de naturaleza volcánica, siendo escasos los atolones de coral.

El clima de Micronesia es tropical oceánico, con una pequeña oscilación térmica y una elevada pluviosidad. La isla de Pohnpei (Estados Federados de Micronesia) exhibe una de las mayores tasas de precipitaciones del mundo. Entre diciembre y marzo, la temporada más seca y templada, soplan vientos marinos de cierta intensidad. Los periódicos tifones representan una amenaza, sobre todo para los atolones.

El bosque lluvioso tropical es el bioma predominante en Micronesia. Dentro de la fauna cabe destacar, por su espectacularidad, a los murciélagos de la fruta. Estos mamíferos voladores alcanzan una envergadura de hasta un metro con las alas desplegadas. Un mamífero amenazado de extinción es el ciervo sambar, del que sólo quedan unos ejemplares en la isla de Pohnpei.

Abundan las aves y los reptiles. Entre estos últimos sobresalen los diferentes tipos de lagartos y los camaleones; no existen, sin embargo, serpientes. También son numerosos en Micronesia los insectos. Capítulo aparte merecen los animales del medio marino. En aguas micronesias viven distintas especies de corales, esponjas, y anémonas. También abundan los peces, las tortugas marinas y los cetáceos.

La población de Micronesia, muy joven y en rápido crecimiento, se concentra en la franja costera de las islas. La densidad de población es relativamente alta si se compara con las vecinas Melanesia y Polinesia. El calentamiento global del planeta amenaza con anegar gran parte de los territorios de Micronesia, dado que la mayoría de las islas son llanas o de muy escasa altura. Este problema ya ha obligado a la evacuación de la población de algunos de los territorios con mayor riesgo.

La economía micronesia tiene su fundamento en la agricultura. Destacan sobre todo los cultivos de mandioca, coco y frutos tropicales. Existen en la región ricos bancos de pesca, sobre todo de atún. En algunas islas hay yacimientos de fosfatos que representan una notable fuente de divisas.

La industria está poco avanzada y es principalmente de tipo artesanal. El turismo también aporta algunas divisas, aunque no cuenta con una infraestructura muy desarrollada. La ayuda financiera exterior es un capítulo fundamental para las economías de estos territorios.