Clase social

    Concepto sociológico utilizado para definir un grupo de individuos que comparte un nivel socioeconómico similar. Los especialistas distinguen entre sociedades estratificadas, es decir, aquellas en las que el conjunto de la sociedad no es homogéneo, existiendo distintos grupos con grados económicos, de poder y de representatividad diferentes, y no estratificadas. En las primeras, que son las que permiten distinguir entre las clases sociales y otros tipos de agrupaciones, los individuos están divididos en distintos grupos, según criterios económicos, sociales, culturales, políticos, religiosos, etc. Estos grupos, a su vez, están organizados según un patrón jerárquico: unos se sitúan por encima de otros en cuanto al grado de poder político, nivel adquisitivo, prestigio social, etc. Estas sociedades son, desde el punto de vista cultural, las más complejas, por cuanto las formas de organización social son más variadas y desarrolladas que en las sociedades no estratificadas. Además, suelen ser sociedades con un patrón político estatal, que integran a un elevado número de individuos.

    En estas sociedades, los individuos son agrupados siguiendo un patrón determinado. En algunos casos, el patrón de agrupamiento es de tipo religioso o económico-religioso, como en el caso de las castas, grupos sociales cerrados en sí mismos y sin apenas relación con los demás, en algunos de los cuales se ingresa desde el nacimiento y cuya pertenencia conlleva determinados privilegios y deberes. En otros casos, el patrón de agrupamiento es de tipo social, como ocurre con el estamento, individuos que ingresan en el grupo por nacimiento, lo que marca su nivel de competencias políticas y económicas, así como las relaciones sociales que tendrán a lo largo de su vida, y cuya movilidad social es inexistente o muy reducida. Finalmente, en otras ocasiones la ordenación es de tipo económico, como ocurre en el caso de las clases sociales propiamente dichas, es decir, agrupaciones de individuos que tienen en común, más allá de cualquier otra relación, el compartir un nivel económico y un modo de vida similares.

    Aunque en muchas ocasiones el lenguaje común tiende a confundir estas tres formas de organización, es preciso conocer que son términos diferentes. Además, los tres términos pertenecen a contextos históricos y culturales distintos del actual. Así, el término casta es apropiado cuando se habla del antiguo Egipto (casta sacerdotal) o de alguna de las culturas de la India (sistema de castas). El término estamento es apropiado para hablar, en la cultura occidental, del sistema de organización social anterior al asentamiento de la economía de mercado y a la industrialización, especialmente en lo referido a la sociedad del antiguo régimen. Finalmente, con la desaparición del antiguo régimen y el establecimiento de la economía capitalista, los estudiosos prefieren hablar de clase social, que se diferencia fundamentalmente del estamento por el hecho de que la pertenencia de un individuo a un grupo no está regulada por ley (como en el caso del estamento), sino por el nivel de riqueza, lo que permite teóricamente el paso de una clase social a otra.

    La idea de la existencia de clases sociales comenzó a surgir en el siglo XVIII. Los filósofos de la época se dieron cuenta del cambio que se estaba operando en la economía, la política y la sociedad de la época, con el surgimiento de la economía de mercado y de una nueva forma de estratificación social. Adam Smith, Rousseau o Saint-Simon buscaron nuevos conceptos que ayudaran a entender la nueva sociedad que estaban viendo surgir, aunque el verdadero creador del término clase social fue Karl Marx.

    Todos estos autores percibieron que ya en su época la riqueza o el poder no procedían casi exclusivamente, como hasta entonces, de la herencia o de la pertenencia a un grupo como la nobleza o la aristocracia, sino que era debida a la actividad económica de cada individuo, dentro de una economía abierta y de mercado. De todos los autores, Marx fue quien más afinó. Para el autor de El Capital, el capitalismo como sistema económico había generado la existencia de dos clases sociales, la burguesía y el proletariado, ambas opuestas entre sí, estando una tercera clase, la de los terratenientes, próxima a desparecer.

    Sin embargo, la propia evolución de la sociedad y la economía hizo que el concepto de clase social debiera hacerse más amplio. La evolución social mostró que las primeras definiciones eran demasiado estrechas, por cuanto comenzaban a surgir nuevas realidades que acababan por desbordar el propio concepto. Así, la movilidad social, la mayor educación, la universalización de la participación política o el incremento en la circulación de personas y capitales fueron factores que hicieron necesario flexibilizar el concepto de clase social, pues surgieron numerosas categorías de personas en función de la economía, muy diferentes en cuanto al nivel adquisitivo, las capacidades y el prestigio social. La simple división entre burgueses y proletarios había quedado obsoleta.

    Ante este panorama surgieron nuevas formas de categorización, algunas de ellas de gran éxito entre la población, como la división en clases altas, medias y bajas. No obstante, pese a lo extendido de esta terminología, debe entenderse que no se refiere a clases sociales, sino a estratos, es decir, agrupaciones más o menos arbitrarias basadas en la observación, simples categorías analíticas.

    En resumen, se puede decir que las clases sociales surgieron en el contexto de la industrialización, queriendo marcar la diferencia con respecto al periodo histórico anterior en cuanto a que las clases sociales están refiriéndose a una época de mayor flexibilidad y movilidad social. Con el paso del tiempo, la propia dinámica social ha hecho que el mismo concepto de clase social quede desbordado por la complejidad y variedad de formas existente en las sociedades actuales, lo que ha hecho que el concepto resulte en sí poco operativo, por cuanto define conjuntos de población que son excesivamente heterogéneos y dispares.