Caudillismo

    De “caudillo” y éste del latín capitellus, cabeza, guía.

    Fenómeno social y político que se dio, sobre todo, en gran parte de Latinoamérica durante el siglo XIX. El caudillismo se basó en el prestigio y el poder de un caudillo, un líder carismático que pudo dirigir los destinos de un territorio e, incluso, de un país. En muchas ocasiones, ese jefe se convirtió en dictador y actuó al margen de cualquier institución o ley, para lo que se apoyó en determinados grupos sociales a los que prometía favores y privilegios. El problema radicaba en que esas manifestaciones de apoyo se sustentaban en una delgada capa que solía romperse con facilidad cuando no se cumplían las esperanzas puestas. Entonces, solían aparecer otros caudillos, lo que desembocaba en frecuentes luchas y guerras civiles. Las consecuencias de este fenómeno variaron de un país a otro, pero en general los caudillos contribuyeron a que la inestabilidad social y política se alargara en el seno de sus naciones y la democracia tardara en arraigar.

    El proceso de independencia de las colonias americanas de la corona española abrió la puerta para que numerosos líderes locales o regionales alcanzaran fama y poder en muy poco tiempo. Su autoridad se basó en tres grandes ejes:

    a) El poder económico. Muchos de los caudillos eran ricos hacendados, propietarios de extensas tierras o acomodados comerciantes. Esta riqueza les permitió contar con hombres armados (a modo de un pequeño ejército) y capacidad para controlar recursos básicos como suministros, alimentos y vías de comunicación.

    b) También poseyeron una extensa red de influencias familiares, lo que contribuyó a que tuvieran grupos fieles y leales, muchos de ellos trabajadores de sus campos o propiedades. Así, a cambio de obediencia y respeto, el caudillo proporcionaba seguridad y protección.

    c) Carecían de un credo político firme, por lo que solían abrazar una opción política según las circunstancias del momento, lo que facilitaba que otros grupos próximos, conservadores o liberales, les apoyasen.

    A medida que el caudillo adquiría prestigio y asentaba su poder, buscó la manera de ampliar sus dominios, que podían consistir en una provincia o el país entero. Para conseguirlo, crearon poderosos ejércitos y se enfrentaron a sus enemigos. Una vez derrotados, el siguiente paso era asegurar y perpetuarse en el poder, para lo que en muchos casos establecieron férreas dictaduras.

    El caudillismo se prolongó durante gran parte del siglo XIX y afectó a casi todas las repúblicas latinoamericanas recién independizadas de España. Entre los muchos caudillos que aparecieron cabe destacar los siguientes:

    - El criollo Antonio López de Santa Anna, en México, once veces presidente del país entre 1833 y 1855. Fue un rico hacendado que protegió a las clases conservadoras y terminó enfrentándose a los Estados Unidos en la guerra de 1846-1847, que resultó un desastre para México.

    - Juan Manuel de Rosas (1829-1852), en la Argentina, poseedor de una fabulosa fortuna gracias a sus estancias ganaderas. Controló la política de la provincia de Buenos Aires durante 30 años hasta que fue derrotado por Justo José de Urquiza, gobernador de la provincia de Entre Ríos, en la batalla de Caseros, en 1852, lo que le obligó a exiliarse en Inglaterra.

    Juan Manuel de Rosas, militar y político bonaerense del siglo XIX, fue uno de los prototipos del fenómeno del caudillismo en Latinoamérica.

    - José Antonio Páez (1830-1850), en Venezuela, llanero que destacó en la guerra contra las fuerzas españolas. Después, fue uno de los impulsores de la extinción de la Gran Colombia y de afianzar la independencia de Venezuela. Una vez conseguido, resultó elegido presidente del país en tres oportunidades.

    - José Gaspar Rodríguez de Francia (1814-1840), en Paraguay, presidente del país durante casi tres décadas. Aunque reformó la estructura agraria e industrializó la nación, su política dictatorial y autárquica dejó al país completamente aislado.

    - El mestizo Rafael Carrera (1844-1865), en Guatemala. Organizó una guerra de guerrillas que derivó en la creación de Guatemala como país independiente de la hasta entonces Federación Centroamericana, permaneciendo como presidente de la nación hasta su muerte.

    En el siglo XX, el caudillismo dio paso a otra forma de gobierno de corte personalista que fue el populismo. Aunque hay diferencias entre uno y otro, este último también se basó en la presencia de un líder carismático. No obstante, todos los populismos no fueron iguales. Los hubo vinculados a regímenes democráticos, como el de Lázaro Cárdenas en México o el de Juan Domingo Perón en la Argentina; a regímenes militares, como el de Getúlio Vargas en Brasil, o a severas dictaduras personalistas, como la de Anastasio Somoza en Nicaragua o la de Rafael Leónidas Trujillo en la República Dominicana.