Gizeh

    Esfinge de Gizeh, enigmática figura del arte del antiguo Egipto

    Próxima a Menfis, en la margen izquierda del río Nilo, se sitúa la necrópolis de Gizeh, en la que existen numerosas sepulturas faraónicas en forma de pirámide. Las más antiguas son las mastabas, pirámides escalonadas en las que fueron enterrados los reyes de las primeras dinastías.

    A los faraones de la cuarta dinastía Keops, Kefrén y Mikerinos se deben las tres colosales pirámides de Gizeh. La mayor de las tres, la de Keops, ocupa una superficie de 48.000 metros cuadrados, tiene 230 metros de longitud en cada lado de su base y alcanza una altura de 146,5 metros. Los sillares son de roca caliza, extraídos de las canteras de Tura, aunque otras partes se construyeron con granito de Assuán o de Hammamat. Las cuatro fachadas están orientadas a los cuatro puntos cardinales. En una de ellas hay abierta una puerta, de algo menos de dos metros de altura, que inicia un recorrido descendente hacia el interior por un pasadizo del que arranca una serie laberíntica de escaleras, recintos y pasillos que suben y bajan por el interior del edificio. Uno de los corredores conduce a la Cámara de la Reina; el otro a una sala que precede a la entrada de la Cámara del Rey o Cámara Funeraria, en cuyo centro se encuentra el sarcófago. Los muros interiores de la pirámide eran decorados con escenas del Libro de los Muertos.

    La Gran Esfinge, un retrato deificado del faraón Kefrén, protege el recinto funerario de Gizeh. Faraón, animal y dios llegan en forma de un único bloque escultórico a los 20 metros de altura, que fue tallado sobre la misma piedra caliza del lugar.

    De las tres pirámides, la única que se ha mantenido cerrada hasta nuestros días ha sido la de Mikerinos, la más rica de las tres.

    Las pirámides de Giza o Gizeh (Egipto)

    Además de precisar conocimientos geométricos, matemáticos, físicos y astronómicos, la construcción de una pirámide exigía trabajos previos de gran complejidad. El primero era nivelar el terreno y orientar la construcción. Después habría que resolver los problemas que se presentaran con el corte de los grandes bloques de piedra, su transporte por el río desde las canteras y, ya en tierra, su traslado al lugar elegido por medio de rodillos y poleas. Para elevar los sillares, los egipcios tuvieron que construirse rampas o planos inclinados, cada vez más pendientes a medida que la elevación aumentaba. A partir de la V dinastía, los arquitectos reales ramificaron las galerías y excavaron la cámara sepulcral a mayor profundidad para acelerar la construcción y reforzar la seguridad de las cámaras reales.