Chichén Itzá

    Ciudad maya situada en el noreste de la península del Yucatán, México, que debe su nombre a la palabra maya chichén, que significa boca de agua o pozo, aludiendo a los tres cenotes junto a los que se asentó esta ciudad, que alcanzó su desarrollo coincidiendo con un cambio en las rutas comerciales del interior a la periferia.

    En una tierra escasa en agua, los cenotes constituían un bien tan preciado que llegaron a tener carácter sagrado. Todavía en el siglo XVI se realizaban peregrinaciones para implorar el favor de los dioses junto a las enormes bocas de estos pozos de más de sesenta metros de diámetro, con gradería para asistir a los sacrificios, en los que las víctimas se tiraban al agua con objetos valiosos como regalos a los dioses. Las exploraciones actuales han encontrado en el fondo restos humanos, principalmente niños, y objetos ornamentales.

    Los mayas descubrieron el lugar hacia el siglo VII. Un grupo de colonos mayas inició los asentamientos y durante dos siglos la ciudad fue totalmente maya. Por motivos que se desconocen la ciudad fue abandonada, pero hay noticias de que en el siglo X ya estaban instalados mayas e itzás, toltecas, que se ocuparon de la restauración de los antiguos edificios.

    En Chichén Itzá hay dos tipos de construcciones: las más antiguas, que son las puramente mayas, edificadas junto al cenote que hacía de manantial para la ciudad, el Chen Ku o pozo sagrado, y las itzás, toltecas, que pertenecen a un segundo periodo y se construyeron junto al cenote de los Sacrificios destinados a complacer al dios de la lluvia Chac.

    Del primer grupo destacan el templo del Caracol y el conjunto conocido como templo de las Monjas.

    El templo del Caracol debe su nombre a una escalera en espiral que se encuentra en una de sus dependencias interiores. Es un edificio de planta circular, una torre cilíndrica sobre base cuadrada dedicada al culto de Quetzalcoatl en la época tolteca, pero anteriormente consagrado al dios del aire E-Acatl. La torre consta de tres cuerpos, pero debido a las transformaciones sufridas a lo largo del tiempo resulta difícil datarlo. Además del mencionado uso religioso, parece que fue utilizado como observatorio astronómico.

    El conjunto conocido como Grupo de las Monjas debe su nombre al grupo de vírgenes que estaba al cuidado del culto de los dioses. Se encuentra en una plaza a cuyos lados se sitúan el templo del Caracol, el templo de los Relieves y la Casa Colorada. Abundan en la decoración los mascarones, que se identificaron con el dios de la nariz larga, el análogo del Tlaloc mexicano, el dios de la lluvia, lo cual, en tierra escasa de agua, parece tener sentido.

    Otro edificio interesante de este periodo es el templo de los Dinteles, nombrado así por la decoración que ostentan los tres dinteles de piedra de sus tres puertas.

    A la etapa maya-tolteca pertenecen la pirámide de Kukulcán o El Castillo; el templo de los Guerreros y el juego de pelota.

    La Pirámide de Kukulcán, de gran altura, está formada por nueve cuerpos sobre base cuadrada. Cuatro escalinatas conducen a las cuatro puertas de los cuatro lados de la pirámide. La más amplia está sostenida por dos columnas-serpiente y los pretiles de la escalinata están decorados también con cabezas de serpientes. Pero lo más interesante de este templo lo constituye el estar levantado sobre otro anterior intacto, de tal manera que los arqueólogos que entraron por primera vez en los recintos cerrados se encontraron con los ídolos tal y como los habían dejado sus antiguos moradores. Un trono monolítico rojo en forma de jaguar y un chac mool, una especie de guardián representado en una figura tendida con las rodillas encogidas y la cabeza ladeada.

    El templo de los Guerreros está compuesto por unas salas de reunión al pie de la plataforma piramidal del templo de Quetzalcoatl, con pilares y zócalos decorados con relieves de guerreros y notables militares toltecas. Frente a la entrada del templo, la figura de otro chac mool.

    Opuesto al templo de los Guerreros está situado el juego de pelota. Se trata de una cancha de 166 metros de largo por 36 de ancho y un muro a cada lado. El juego, que tenía carácter sagrado, consistía en el enfrentamiento de dos bandos que debían lanzarse la pelota sin tocarla con las manos y colarla por un aro de piedra encajado en el muro. Destaca el juego de pelota de Chichén Itzá por la belleza de una especie de palco adosado al muro, conocido como templo de los Jaguares, en su día policromado.