Valle de los Reyes

    Necrópolis tebana situada en el Alto Egipto donde fueron descubiertas las pinturas más bellas y sorprendentes del periodo conocido por los historiadores del antiguo Egipto como Imperio Nuevo.

    Geográficamente, se trata de un valle dominado por el pico de el-Qurn, antiguamente conocido como dehenet y consagrado al culto de la diosa cobra Meretseger. Habitado desde tiempos prehistóricos, el actual valle está formado por una serie de gargantas que en otro tiempo fueron cursos de agua.

    Fue Champolion, el descubridor de la clave que descifró la escritura jeroglífica, el primero en nombrar el yacimiento como el “valle de las Puertas de los Reyes”, transcribiendo la expresión árabe con la que eran conocidos los fabulosos muros pintados de los hipogeos. Los egiptólogos han descubierto más tarde que los antiguos moradores se referían a su necrópolis como “El Lugar de la Verdad” o “La Gran Pradera”.

    La “avenida” principal, donde se han encontrado la mayor parte de las 58 tumbas catalogadas, está situada en el sector oriental; en el occidental, de las cuatro tumbas localizadas destacan las de Amenofis III (1402-1364 a.C.) y Ay (1337-1333 a.C.). A partir de la dinastía XVIII, el Valle de los Reyes fue considerado como la gran necrópolis de su tiempo. En ella fueron enterrados, además de faraones, otros miembros de la familia real y distinguidas personalidades de la nobleza. El primer faraón que construyó su tumba en el Valle fue Thutmosis I (1506-1494 a.C.). Tras él, numerosos reyes de las dinastías XVIII, XIX y XX. Las excavaciones han sacado a la luz un total de 62 tumbas.

    El conjunto de frescos encontrados en el recinto sagrado del Valle de los Reyes representa una sorprendente visión de la vida en la muerte: expresa amor a la naturaleza, transmite el frescor en penumbra del oasis y, sobre todas las cosas, la alegría de un pueblo feliz que, después de muerto, vive, caza, ara, pesca, baila y ama.