Métrica

Rama de los estudios literarios que se ocupa de los fenómenos relativos a la versificación: la medida de los versos, los acentos rítmicos, la rima y las pausas. Estudia también la organización de las estrofas y su combinación, las figuras métricas y, en general, todas las formas de composición poética. Cada lengua, dependiendo de sus rasgos fonéticos o prosódicos y de su evolución histórica, ha elaborado unas concretas pautas métricas.

Tipos de métrica

La sílaba y el verso son las unidades básicas en todos los sistemas métricos que, por lo general, se articulan sobre una oposición dual. En consecuencia, si se toma la longitud silábica como elemento regulador, las sílabas serán largas y breves (métrica grecolatina), si se considera el acento de intensidad, entonces se distingue entre tónicas y átonas (todas las lenguas románicas y modernas) y, si se atiende al tono, serán las diferencias tonales entre fonemas, de igualdad o desigualdad, la que marque la oposición (el chino y el vietnamita).

El verso se ha constituido como el cauce básico de la comunicación poética y puede definirse como un grupo de palabras compuesto según ciertas reglas de cadencia o de cadencia y medida. Este carácter primordial del verso como molde rítmico lleva aparejada la repetición de elementos. Por eso, aunque todos los pueblos han compuesto versos, no siempre ha sido con el mismo procedimiento. Se suelen considerar cuatro sistemas diferentes de versificación: la aliteración (repetición de sonidos); el paralelismo (repetición de estructuras semánticas o sintácticas); la métrica cuantitativa (repetición de grupos fónicos de una determinada medida); y la métrica silábica (basado en el número de sílabas y la colocación de los acentos).

La versificación puede ser regular, si todos los versos repiten un número de elementos prefijados, o libre, si no lo hace.

La versificación regular

Los versos se agrupan en diferentes formas estróficas. La estrofa sería entonces la unidad mínima dotada de sentido propio originado en los elementos rítmico-silábicos que contienen los versos.

En la versificación regular hay cuatro elementos esenciales que pueden darse combinados o separados:

El isosilabismo: Todos los versos tienen el mismo número de sílabas.

La rima: La repetición de sonidos al final del verso.

El ritmo: La combinación y distribución de grupos fónicos de una determinada medida o la colocación de las sílabas tónicas y átonas forman lo que se llaman cláusulas rítmicas (también pies rítmicos o acentuales por analogía con la métrica clásica). Para la definición de los diferentes pies rítmicos sólo importan los grupos silábicos que van de una sílaba acentuada a otra.

Pausa: Pueden ser internas, versales y estróficas. La pausa interna se produce en el interior de los versos cuando éstos son compuestos. La pausa al final del verso le concede su identidad expresiva y permite que adquieran una determinada configuración estrófica. La pausa estrófica es posible que no exista si se produce un encabalgamiento y el sentido morfosintáctico del verso se completa con el siguiente.

Métrica greco-latina

La métrica en Grecia y Roma era de tipo cuantitativo y se admitía como principio fundamental que una sílaba larga equivalía a dos breves. Las sílabas se agrupaban en pies métricos que recibían diferentes nombres según su estructura combinatoria de sílabas largas y breves (dáctilo, troqueo, espondeo…). De la sucesión de varios pies surgía un tipo determinado de verso, el más característico de los cuales era el hexámetro.

Métrica hispánica

Con la evolución del latín vulgar y su conversión en las lenguas románicas se produce un cambio sustancial en la métrica. La distinción entre vocales largas y breves deja de ser pertinente y el sistema cuantitativo pasa a ser acentual.

En los primeros siglos del castellano, la poesía lírica y épica emplea una versificación irregular, pero con el tiempo la regularidad se impone tanto en versos como en formas estróficas. Por su número de sílabas los versos se clasifican en simples (menos de once sílabas) y compuestos. En los simples aún cabe distinguir entre versos de arte menor (ocho sílabas o menos) y versos de arte mayor (más de ocho sílabas).

En el cómputo silábico de los versos hay que tener en cuenta diferentes fenómenos, como que la palabra final sea aguda o esdrújula, la sinalefa, el hiato, la sinéresis, la diéresis o la síncopa, entre otras. En cuanto a la rima, puede ser de dos tipos: asonante (se repiten los sonidos vocálicos a partir de la última sílaba acentuada) o consonante (se repiten vocales y consonantes). La primera sílaba de los versos se queda sin acentuar (anacrusis) y el periodo rítmico se extiende hasta la antepenúltima sílaba, dado que en la métrica española todo verso simple tiene acento en la penúltima sílaba.