Autobiografía

    Autobiografía de Benjamín Franklin

    Género literario que engloba cualquier narración en la que el autor relata su propia vida.

    Bajo esta denominación genérica se encuentran varias tipologías, cada una con unas características formales diferentes. Destacan las memorias, los diarios, las confesiones y las epístolas.

    El género autobiográfico, aunque no tenía por qué ser conocido por ese nombre, tiene su origen en la antigüedad. En el momento en el que una persona escribiera sobre su vida, o parte de ella, ya estaba haciendo autobiografía. San Pablo en sus Epístolas habla de aspectos diversos de su vida, y Julio César en La guerra de las Galias hace otro tanto. Sin embargo, no es hasta el siglo IV, con san Agustín y sus Confesiones, cuando se puede hablar propiamente dicho de autobiografía. El obispo de Hipona nos describe su origen familiar, sus años de estudiante y su conversión al cristianismo.

    Durante la edad media, el género autobiográfico no tuvo demasiada importancia. No es hasta el siglo XVI, con El libro de la vida de santa Teresa de Jesús, cuando se vuelve a imitar a san Agustín, con una similar intención apologética y docente. También en esa época se cuentan los libros de viajes y conquistas de América con claros componentes autobiográficos.

    Benvenuto Cellini, controvertido artista florentino del siglo XVI, escribió la que podemos considerar primera autobiografía moderna. Dicho relato tenía la función de describir su vida, desde el punto de vista tanto externo como personal.

    Más adelante destacan la Vida privada de Benjamín Franklin y las Confesiones de Jean-Jaques Rousseau. En esta época los autores son conscientes de la importancia de su propia vida y por este motivo la describen en el papel. Así aparecen dos funciones diferentes dependiendo del origen del autografiado. En Benjamín Franklin la importancia es histórico-política y sirve para interpretar grandes acontecimientos. Rousseau tendrá su interés por la importancia filosófica y artística de su obra. Serán así personajes históricos y artistas los que con más facilidad escriban sus vidas. Otros ejemplos de esta doble vertiente serán las autobiografías de John Stuart Mill, Thomas de Quincey, Giacomo Casanova, Mohandas Gandhi, Vladimir Nabokov, Anaïs Nin, Mark Twain, Malcolm X o Frank Lloyd Wright. A finales del siglo XX las autobiografías se extenderán también a personajes del mundo social con un componente esencialmente morboso y comercial.

    Otra vertiente autobiográfica está realizada por personas anónimas que por algún motivo han vivido acontecimientos importantes y los describen desde su propia perspectiva. El holocausto judío (Estrellas amarillas, de Edith Stein) o los crímenes del estalinismo (Archipiélago Gulag, de Alexander Solzhenitsyn) son claros ejemplos de ello.