Cancionero

Portada de un cancionero francés del siglo XIX

La palabra cancionero hace mención a una colección de poemas de uno o varios autores. Pueden ser la obra completa de dichos autores o antologías, y pueden estar agrupados por temas o no.

En ocasiones los cancioneros recogen textos en prosa relacionados con los poemas, y también pueden incluir la notación musical, entonces se llaman cancioneros musicales.

Los primeros cancioneros en castellano son recopilaciones del siglo XV. Sorprende la gran cantidad de poemas que han llegado hasta nuestros días: hasta más de siete mil poesías, obra de ochocientos poetas, y muchos de ellos conservados en varias copias.

Existen actualmente alrededor de treinta manuscritos y libros impresos que recogen estos poemas, fruto del interés de la elite culta castellana del siglo XV por recoger por escrito la tradición oral popular y por crear nuevos poemas siguiendo ese mismo modelo.

Muchas de estas recopilaciones son manuscritos, es decir, son anteriores a la aparición de la imprenta en la península ibérica, a finales del siglo XV, e incluso hay manuscritos posteriores a esa fecha.

Principales cancioneros

El cancionero más importante es el Cancionero General, de Hernando del Castillo. La primera edición data de 1511, aunque se reeditó durante todo el siglo XVI. A estas ediciones posteriores se le añadieron o quitaron poemas, por lo que no todas son exactamente iguales.

El Cancionero General, al igual que el Cancionero de Baena, es una recopilación de poemas de distintos autores. Pero también hay recopilaciones y antologías de poemas de un único autor, es decir, cancioneros individuales o particulares, como los que recogen obras del Marqués de Santillana, Juan Álvarez Gato o Íñigo de Mendoza.

Entre los cancioneros musicales destacan el Cancionero musical de Palacio, el Cancionero musical de Segovia y el Cancionero musical de la Colombina, todos ellos manuscritos de alrededor del 1500, que constituyen valiosos testimonios tanto de la lírica popular tradicional como de la música polifónica profana de la época.

Además de los ya mencionados, hay otros importantes cancioneros castellanos, como el Cancionero de Estúñiga, el Cancionero de Herberay des Essarts y el Cancionero de Palacio.

Las denominaciones de los cancioneros se basan en el nombre del autor, cuando son cancioneros particulares (como el Cancionero de Fray Íñigo de Mendoza, por ejemplo), en el nombre del recopilador de los poemas (es el caso del Cancionero de Baena), en el nombre del primer autor (Cancionero de Estúñiga), en el nombre de su poseedor actual o de un antiguo poseedor (como el Cancionero del Conde de Haro) y también pueden recibir el nombre de la biblioteca o la ciudad en la que se encuentren o donde hayan estado durante mucho tiempo (como el Cancionero de Segovia).