Certeza

    Se llama certeza a la seguridad en que una verdad cualquiera es cierta en absoluto. En este sentido es equivalente a la ausencia de dudas y se opone a la incertidumbre. Dentro de la tradición filosófica se ha hablado de dos tipos de certeza: la subjetiva y la objetiva.

    1. La certeza subjetiva. Es aquella que halla la seguridad o la prueba de la verdad en el propio sujeto que la mantiene, como es habitual en las certezas de orden religioso. Así, a pesar de que no se tenga ninguna clase de prueba objetiva o racional, el creyente cree hallarse en la posesión de una verdad que no admite ninguna clase de duda. Según Santo Tomás de Aquino, este tipo de certeza se debe a la voluntad, no a la razón.

    2. La certeza objetiva. Al contrario que la subjetiva, no se sostiene por la fortaleza de la propia subjetividad y sus principios, sino por pruebas de orden objetivo y racional. Por lo tanto, se trata de una certeza que se basa en la búsqueda incesante de situaciones o fenómenos que determinen su invalidez.

    René Descartes identificó la certeza con la verdad, y habló de ella como aquello que es claro y distinto, cierto sin discusión ni duda. Dentro de este tipo de certezas Immanuel Kant habló además de la certeza empírica y la certeza racional, debiéndose la primera a la relación entre la verdad, la experiencia y la objetividad; y la segunda, a elementos trascendentales lógicos que no admiten discusión.

    Cabe destacar que muchos otros pensadores han señalado que en realidad no existen unas diferencias ostensibles entre las certezas subjetivas y las certezas objetivas, puesto que, en último término, todo el conocimiento depende la actitud del sujeto cognoscente, y es imposible hallar en el mundo de la experiencia una objetividad plena, científica. En este sentido, David Hume afirmaba que el conocer se debe antes a la creencia que a la objetividad, y que el mundo humano está articulado en torno a una serie de creencias y hábitos que permiten que el hombre se sienta seguro en la realidad.