Concreto

    Desde un punto de vista general, se llama concreto a lo real, a lo material. En este sentido, se trata de lo opuesto a lo abstracto, de tal forma que si lo universal muestra las generalidades de un objeto cualquiera y abstrae sus propiedades generales, lo concreto muestra lo particular, lo que es asumido con frecuencia como real. Por ejemplo, si el hombre en tanto que esencia, en tanto que abstracción, consiste en los aspectos más generales y formales de la humanidad (piensa, es sociable, existe y muere), el hombre concreto, real, es aquel que tiene una vida propia, una ocupación, unas preocupaciones egoístas o una familia.

    El existencialismo y sus primeros pensadores, como Miguel de Unamuno, han sido los grandes defensores del hombre concreto, "de carne y hueso", que se opone al hombre abstracto que se resume en un pensamiento puro, una esencia o una naturaleza formal. Sin embargo, desde un punto de vista preciso, lo concreto no tiene por qué identificarse con lo material y lo singular, sino más bien con lo que cada pensador llama real.

    Así, el pensador idealista Hegel llama concreto a aquello que la tradición metafísica ha llamado abstracto. Si, como afirma el pensador alemán, todo lo real es racional y todo lo racional real, lo concreto es el concepto, la idea, lo universal; mientras que lo abstracto, lo que está separado de la verdad, es el hombre de carne y hueso, lo particular y lo finito. De esta forma, la concreción es antes una categoría que apunta a una valoración de lo real que una simple caracterización de lo que existe.

    En lo que se refiere a la teoría del conocimiento, lo concreto es entendido por lo común como el punto de partida para el desarrollo de la inducción y la creación de verdades generales, además de la realidad con la que deben ser contrastados los resultados derivados de una teoría científica.