Cosmología

Desde un punto de vista filosófico, la cosmología nació en el siglo XVIII de la mano del pensador alemán Christian Wolff, quien llamó así a la filosofía de la naturaleza en general y al estudio del mundo y el universo en tanto que totalidades en particular. Más tarde, gracias en gran medida a la obra crítica de Immanuel Kant, la cosmología se terminó refiriendo sólo al estudio del mundo, el universo y sus partes como entidad global.

Esto supone que la cosmología es, como escribió Kant, "el estudio de la totalidad absoluta de las cosas existentes". Sin embargo, a pesar de que se trate de una disciplina que asume la totalidad de lo real, no debe confundirse con la metafísica, ya que atiende más al aspecto físico de la naturaleza y a las realidades que se derivan de ella que a los principios elementales de lo existente.

Momentos fundamentales de la cosmología

Las cosmologías se vienen desarrollando desde el principio de los tiempos, y se suelen distinguir cuatro momentos:

1. La cosmología presocrática. Resulta de gran importancia porque marca el paso del mito al logos. Mientras Homero describía el mundo haciendo uso de narraciones poéticas en las que Ulises surcaba los mares, a partir del siglo VI a.C. Heráclito y Parménides empezaron a buscar una descripción racional del mundo, una filosofía de la naturaleza que explicase el porqué de las cosas. Así, los pitagóricos ya hablaron del universo como realidad global dotada de sentido, y llegaron incluso a negar que la Tierra se hallase en el centro del universo, donde se encuentra, según ellos, un fuego eterno.

2. La cosmología clásica. Es la que coincide con la obra de Platón y Aristóteles, quienes, en sus respectivas filosofías, llevaron a cabo una descripción racional del universo. La más importante es la del segundo, ya que fue la que se impuso en toda la edad media. En la filosofía de Aristóteles recogida en El cielo y en la Física, el universo está compuesto por dos instancias: la Tierra o lo sublunar, y el cielo o lo supralunar. La Tierra ocupa el centro del cosmos y consta de cuatro elementos, que se mueven hacia el centro; mientras que el cielo está compuesto de una sustancia sutil llamada éter y gira continuamente.

3. La cosmología moderna. Con la obra de Guillermo de Occam, quien habló de la infinidad del mundo y de la posibilidad de que existiesen muchas otras tierras, se da por finalizada la edad media y se abre paso la concepción cosmológica moderna del universo. Ésta se caracterizó sobre todo por la visión heliocéntrica del cosmos, de tal forma que, gracias a Nicolás Copérnico, la Tierra dejaba de ocupar el centro del universo para dejar paso al sol.

Por otro lado, la mayor parte de los físicos y filósofos modernos encontraron en las matemáticas y en la geometría un modelo ideal en el que basar el funcionamiento del cosmos. Así, Baruch de Spinoza creía que Dios era una máquina que hacía que el mundo se comportase de una manera perfecta, Isaac Newton trataba de describir las leyes que regían el comportamiento de la naturaleza basándose en modelos matemáticos, y René Descartes desarrollaba una teoría mecanicista en la que la inercia jugaba un papel primordial.

4. La cosmología contemporánea. A partir del siglo XX, con la aparición de complejas tecnologías y gracias al desarrollo de nuevas disciplinas y teorías científicas, como la de la relatividad, la visión del universo cambió mucho. Albert Einstein, por ejemplo, dijo que el universo era un espacio cerrado, finito y curvo, casi elíptico; mientras que Hubble, gracias a su inmenso telescopio, pudo advertir la existencia de un gran número de galaxias que se alejan a gran velocidad de la Tierra.

Esto posibilitó el establecimiento de una de las más célebres y definitivas teorías acerca del origen y la forma del universo.

La teoría del big bang, que es sin lugar a dudas la que marca la cosmología contemporánea, explica cómo el universo halla su origen en una gran explosión de la que surgieron todos los planetas y todas las galaxias, que gracias a ese impulso inicial aún se siguen moviendo hacia los extremos del cosmos. Según algunos intérpretes de esta teoría, cuando el impulso inicial cese, habrá un movimiento de implosión, y las galaxias y los planetas volverán a agruparse de nuevo.