Teología

    Ciencia que tiene por objeto el estudio de Dios o el ámbito divino. Muchas son las definiciones que se han hecho a lo largo de la historia de esta ciencia, puntualizando su contenido con una serie de clasificaciones y variaciones. Sin embargo, cuatro son los tipos de teología más extendidos, refiriéndose cada uno de ellos a una manera determinada de acercarse al fenómeno de Dios.

    En primer lugar, por su importancia para el mundo de las creencias religiosas, se encuentra la teología sagrada o revelada. Esta teología basa sus argumentos y verdades en la revelación directa de la ciencia de Dios, que se encuentra en distintos textos y manifestaciones. Santo Tomás de Aquino fue el primer gran pensador que se dedicó al estudio y al desarrollo de esta modalidad teológica. Éste se apresuró a reseñar el carácter científico de la verdad revelada, que se apoya en el hecho de que procede directamente de la luz del propio Dios, que no puede ser sino la más importante de todas las ciencias.

    La mayor parte de los autores de la Escolástica se esforzaron por explicar que el valor de la teología revelada reside en su dimensión práctica, muy lejana al valor teórico de la metafísica u otras ciencias especulativas. De esta manera, el único objetivo de la teología sagrada es el de conducir al hombre a la fe y al ejercicio de las virtudes religiosas.

    Un ejemplo de los temas clásicos de la teología revelada es el estudio del carácter trinitario del Dios cristiano, aunque, según autores como Guillermo de Occam, que clausuró el periodo escolástico, el contenido de la teología revelada no es sino una teoría que se basa en la autoridad de la Iglesia.

    En segundo lugar, cabe hablar de una teología metafísica, más relacionada con el mundo de la filosofía. Según esta idea de teología, la filosofía entendida como estudio de los primeros principios no se distingue en absoluto del estudio de Dios, ya que aquéllos y éste coinciden en todos lo sentidos. Por ejemplo, Aristóteles definió la filosofía como ciencia primera, esto es, como ciencia que se dedica al estudio de las causas últimas, de las realidades más radicales y elementales. Ahora bien, la causa final de todo lo que existe, la verdad más primordial no es otra que el propio Dios. Así, teología y metafísica coinciden.

    Lo que no conviene olvidar es que la filosofía y la teología estudian la causa primera de todo lo existente desde distintos puntos de vista.

    En tercer lugar, se puede hablar de una teología natural. Ésta fue concebida en el siglo XVII con el fin de establecer una diferenciación clara entre aquella parte de la teología que se dedica a estudiar los textos sagrados y la revelación divina, de aquella otra parte de la teología y la metafísica que se dedica a estudiar a Dios a través de la ciencia, a través del mundo que él mismo ha creado. La teología natural (muy próxima al concepto de teodicea) fija la mirada en la naturaleza, y mediante el análisis filosófico de ésta intenta encontrar las huellas del creador. Kant, por ejemplo, partiendo de la distinción entre teología racional y teología revelada, llegó a hablar de una teología trascendental, que se debe a los principios puros del pensamiento, y una teología natural, que obtiene los argumentos de la naturaleza. Esta forma de teología derivó sin embargo en el panteísmo que caracterizó a los autores románticos.

    Por último, existe una teología negativa, que se caracteriza porque, en lugar de buscar a Dios directamente, de lo que se trata es de llegar a éste a través de la negación de lo limitado, de lo finito, de lo que se opone a él. Por ejemplo, es posible hablar de Dios empleando diversos nombres, señalando distintos atributos gracias a la verdad revelada; pero también es posible hacerlo definiendo todo aquello que no es Dios, todo aquello que se opone a su naturaleza, a su forma de ser.

    Los mayores defensores de la teología negativa fueron los neoplatónicos, quienes basaron gran parte de su pensamiento y su moral en la condena radical del mundo y su finitud.

    La teología es, en definitiva, una de las ciencias más elementales tanto para la filosofía como para la religión, ya que lleva hasta sus últimas consecuencias la posibilidad de conocer el mundo.