Júpiter

    Júpiter es el planeta mayor de todos. Es once veces mayor que la Tierra.

    El quinto por su distancia al Sol, Júpiter es el planeta de mayor tamaño del Sistema Solar. En el cielo nocturno aparece como una luminaria extraordinariamente brillante, sólo superada por la Luna y Venus (y, ocasionalmente, Marte). Conocido y observado desde antiguo, lleva el nombre del dios más importante del panteón romano, también llamado Jove (de ahí el adjetivo “joviano” que lo califica).

    Júpiter pertenece al grupo de planetas exteriores del Sistema Solar. Tiene un tamaño que multiplica el de la Tierra por 1.400, aunque es mucho menos denso, de naturaleza fundamentalmente gaseosa. Su diámetro ecuatorial es de unos 143.000 km, la masa joviana es 318 veces la terrestre y la densidad igual a la cuarta parte de la de la Tierra. Está situado a una distancia orbital media de 778 millones de kilómetros (unas cinco unidades astronómicas, o distancia Tierra-Sol) y completa un periodo de revolución alrededor del Sol en 11,9 años. Además, posee una rápida velocidad de rotación, con un periodo de unas 10 horas.

    La observación al telescopio arroja algunas características singulares en el planeta. Por la rápida rotación, se aprecia un ensanchamiento ecuatorial provocado por el arrastre de los gases de sus capas superiores. Asimismo, se observa en su superficie una región denominada Gran Mancha Roja, que los estudios astrofísicos y los datos recogidos por las sondas interplanetarias han llevado a identificar con un ciclón de magnitud gigantesca.

    Vista del planeta Júpiter.

    La atmósfera de Júpiter contiene diferentes clases de nubes visibles al telescopio que están separadas en dirección vertical y horizontal. Se observa asimismo una circulación atmosférica que induce rápidos cambios en estas formaciones nubosas, si bien existe un patrón subyacente que mantiene una distribución estable de bandas oscuras (“cinturones”) y brillantes (“zonas”). El planeta carece de superficie sólida.

    La energía emitida por Júpiter es superior a la recibida del Sol. Ello implica que el planeta posee una fuente interna de calor, alimentada por las fuertes presiones gravitatorias que ejerce el peso del mismo sobre sus capas interiores. La intensidad de estas presiones hace suponer la existencia de hidrógeno en estado metálico fluido en el interior. De algún modo, se ha calificado a Júpiter de “estrella abortada”, dado su tamaño inmenso pero insuficiente para activar reacciones termonucleares en cadena en su núcleo.

    El planeta joviano cuenta con un débil sistema de anillos y a su alrededor orbitan más de sesenta satélites naturales. Los cuatro mayores, bautizados con los nombres de Io, Europa, Ganimedes y Calisto, fueron observados por primera vez por Galileo, con un telescopio óptico. Por ello reciben el nombre de lunas galileanas. El mayor, Ganimedes, supera en tamaño al planeta Mercurio. Por otra parte, las características del planeta Europa han llevado a especular con la posibilidad de que pueda ocultar océanos de agua líquida bajo una corteza helada. Casi cincuenta de los restantes satélites jovianos tienen un diámetro inferior a 10 km y fueron descubiertos después de 1975.

    La exploración astronáutica ha permitido en las últimas décadas ampliar extraordinariamente los conocimientos sobre Júpiter. Las misiones estadounidenses Pioneer 10 y 11 y Voyager 1 y 2 sobrevolaron el planeta y algunos de sus satélites en la década de 1970. En 1994, la colisión cataclísmica contra Júpiter del cometa denominado Shomaker-Levy 9 ofreció a los astrónomos una espléndida oportunidad para estudiar las características del planeta. Tanto el telescopio espacial Hubble como la nave Galileo, en ruta hacia el mismo, aportaron notables avances en el conocimiento de la atmósfera y composición del planeta.

    La misión Galileo iba provista de una sonda que se dejó caer sobre la atmósfera joviana, además de un orbitador que prolongó sus investigaciones durante varios años. También la misión Cassini-Huygens, de camino hacia Saturno, se aproximó a Júpiter a finales de 2000 y transmitió nuevas e interesantes informaciones sobre el planeta.

    Vista del planeta Júpiter captada por la sonda espacial Voyager 1.