Marte

    El planeta Marte fotografiado por la sonda Mars Express.

    Por su relativa cercanía a la Tierra, su buena visibilidad con telescopio y la serie de naves espaciales no tripuladas enviadas para explorar su atmósfera y su superficie, Marte es probablemente el planeta mejor conocido del Sistema Solar, aparte del terrestre. Por su color rojizo ha sido identificado con el dios romano de la guerra.

    Tradicionalmente se han observado en Marte algunas características singulares. Se trata de un planeta de tipo terrestre, de corteza sólida, dotado de una delgada atmósfera y con varios rasgos orográficos notables. La formación conocida como Olympus Mons es, con sus 27 km de altura, la mayor montaña conocida del Sistema Solar. Por su parte, el Valles Marineris se considera el mayor cañón del sistema.

    Desde antiguo se ha especulado con la idea de la existencia de vida, incluso inteligente, en el planeta marciano. Aunque las observaciones y la exploración astronáutica del mismo han hecho abrigar alguna esperanza de encontrar agua y restos de vida fósil, no se ha logrado obtener pruebas concluyentes que avalen esta posibilidad.

    Desde un punto de vista astronómico, Marte puede definirse como el cuarto planeta del Sistema Solar por su distancia al Sol, que en promedio es de unos 228 millones de kilómetros. Su radio ecuatorial, cifrado en 3.400 km, equivale aproximadamente a la mitad del de la Tierra. Sin embargo, la masa de Marte suma la décima parte de la terrestre, lo que supone una densidad notablemente inferior.

    Marte carece de un campo magnético intrínseco, aunque algunas regiones de su corteza muestran un cierto comportamiento de magnetización. Este dato es compatible con la teoría que postula que la superficie del planeta evoluciona de acuerdo con una dinámica de tectónica de placas semejante a la que conforma la corteza terrestre.

    Por otra parte, el color rojizo del planeta marciano se explica por la relativa abundancia de mineral de hierro en su superficie. Aunque en dicha superficie no existe ningún indicio de agua líquida, la acumulación de hielo en los casquetes polares sería suficiente, según estimaciones de la NASA, para cubrir, si se derritiera, toda la superficie marciana hasta una altura de once metros.

    La atmósfera de Marte es muy tenue en comparación con la terrestre y ejerce apenas el 1 % de su presión atmosférica. Está compuesta principalmente por dióxido de carbono, con muy escasa cantidad de agua. Existe también una presencia muy reducida de otros gases, como nitrógeno, argón, oxígeno y monóxido de carbono. La temperatura característica de la atmósfera inferior es de unos -70 °C.

    El planeta Marte presenta un característico color rojizo debido a la oxidación de sus rocas y al polvo que se esparce por su superficie. Así se refleja en la fotografía de uno de los cráteres marcianos captada por el vehículo espacial Spirit.

    Fobos y Deimos constituyen las dos únicas lunas naturales de Marte. Ambas orbitan a bastante cercanía del planeta y, según las hipótesis más extendidas, podrían ser asteroides capturados por el campo gravitatorio asociado al planeta.

    La exploración de Marte ha sido una de las más intensas y fructíferas de la historia de la astronáutica. Las primeras misiones espaciales dirigidas a este planeta fueron las asociadas a los programas espaciales Mars y Phobos, soviéticos, y Mariner y Viking, estadounidenses. En su transcurso, algunas naves se limitaron a situarse en la órbita del planeta, mientras otras se posaron en su superficie para la toma de fotografías y la recogida y análisis de muestras rocosas.

    Favorecidas por las condiciones astronómicas, varias misiones interplanetarias partieron rumbo a Marte desde la década de 1990. La estadounidense Mars Pathfinder, que desplegó dos vehículos robóticos todoterreno en la superficie del planeta, y las misiones Mars Global Surveyor y Mars Odyssey facilitaron un gran número de datos de interés. A ellas se sumaron la sonda japonesa Nozomi, lanzada en 1998, y la europea Mars Express, de la agencia europea ESA, a mediados de 2003.

    La investigación de Marte por medio de sondas interplanetarias se intensificó a lo largo de las décadas de 2000 y 2010. La búsqueda de agua y otros recursos naturales, así como de vestigios de la posible existencia de vida, actual o en el pasado, impulsaron varios ambiciosos programas de exploración espacial.

    De gran repercusión fue el envío de dos vehículos robotizados estadounidenses, llamados Spirit y Opportunity, que se posaron en enero de 2004 sobre la superficie marciana para iniciar una misión de prospección mediante toma de muestras y fotografías en dos zonas distantes del planeta. El primero de ellos finalizó su actividad en 2010. Ambos vehículos permitieron a los científicos acumular extensos conocimientos sobre la atmósfera y la orografía de Marte. Aunque no se obtuvieron indicios de vida actual, de las observaciones se concluyó que las condiciones atmosféricas del planeta habrían sido compatibles con el desarrollo de alguna forma biológica en el pasado.

    Entre los programas de exploración de Marte posteriores destacaron la nave de la NASA Mars Reconnaissance Orbiter, que arribó al planeta en 2006 para examinar la presencia de posibles acuíferos subterráneos y cartografiar extensamente la superficie marciana; y la sonda Phoenix, que amartizó en mayo de 2008.

    En noviembre de 2011 fue lanzada la misión de la NASA Mars Science Laboratory, que contaba con un vehículo móvil llamado Curiosity para la exploración marciana. El amartizaje se desarrolló sin incidencias en el cráter Gale en agosto de 2012. En una extensión de la misión iniciada ocho años atrás por los robots Spirit y Opportunity, el Curiosity prolongaría las investigaciones y la detección de muestras que permitieran ampliar los conocimientos sobre la superficie marciana y sobre su capacidad de albergar vida.

    Fotografía de Marte tomada por la sonda espacial Mars Pathfinder.