Sol

    Aunque de importancia trascendental para la dinámica del Sistema Solar y para el desarrollo de la vida en la Tierra, el Sol no pasa de ser una estrella de rasgos poco destacados dentro del contexto de la Vía Láctea en la que se encuentra. Se sitúa en una región de esta galaxia y es una estrella de tamaño medio, tipo espectral G2, que pasa por la fase central de su evolución, dentro de la llamada secuencia principal de la vida de las estrellas.

    La masa del Sol multiplica la terrestre por 330.000 aproximadamente. El diámetro de la estrella se sitúa en 1.392.000 km. La distancia que separa al Sol de la Tierra, de unos 149 millones de kilómetros, es un valor de referencia que se denomina unidad astronómica (u.a.).

    Como se ha explicado, el Sol, acompañado de su Sistema Solar, del que suma casi el 99% de la masa, se ubica en un punto alejado del centro de la Vía Láctea y experimenta, en su conjunto, un desplazamiento de traslación hacia un punto del espacio galáctico denominado ápex. La temperatura superficial del astro es de unos 5.800 K, aunque en el interior de la estrella pueden alcanzarse en torno a catorce millones de grados. Estos valores térmicos son suficientes para sostener reacciones termonucleares en cadena, de combustibles eminentemente ligeros como hidrógeno y helio, que es característico de las estrellas de esta clase. Otros elementos constituyentes del astro, en cantidades traza, son sodio, hierro, cinc, cobre y calcio.

    La clase principal de las reacciones termonucleares que alimenta la radiación y energía emitidas por el Sol es del tipo de cadena protón-protón. En ella, los núcleos de hidrógeno se combinan entre sí para dar núcleos de helio, lo cual se acompaña de la emisión de cantidades de energía muy elevadas. Esta energía se emite al exterior en forma de radiaciones electromagnéticas que cubren todo el entorno, ya sea visible (luz) como ondas de radio, rayos X, infrarrojo, ultravioleta y gamma. La luz y el calor emitidos por el Sol son imprescindibles para el desarrollo y mantenimiento de la vida en la Tierra.

    En la estructura del Sol pueden distinguirse varias regiones. La parte más interna se denomina núcleo y se extiende aproximadamente hasta el 20% del radio solar. Por encima de ella se extienden una zona radiativa y otra convectiva, sobre las cuales se sitúa la fotosfera o superficie del Sol. Sobre la fotosfera se distribuye la atmósfera solar, compuesta a su vez por cromosfera, región de transición, corona y heliosfera.

    La fotosfera exhibe una apariencia en cambio permanente, con algunas configuraciones específicas entre las que destacan las denominadas manchas solares. Estas extensiones, que alcanzan un diámetro que puede superar los 50.000 km, poseen una temperatura bastante inferior a las áreas circundantes, lo que explica su coloración más oscura. Estas manchas proceden de la acción localizada de intensos campos magnéticos, que obstaculizan los movimientos de convección que hacen desplazarse los gases calientes en otras zonas de la fotosfera. El estudio de las manchas solares ha permitido descubrir un patrón de comportamiento cíclico con un periodo de unos once años (ciclo solar). Este mismo periodo actúa sobre las grandes proyecciones gaseosas surgidas de la cromosfera por efecto de la actividad magnética del Sol, que se conocen por espículas.

    El debilitamiento del campo magnético solar al alejarse del astro propicia una expulsión de materia desde la corona solar. Este material, que recorre grandes distancias siguiendo las líneas del campo magnético precitado, configura un fenómeno conocido como viento solar, variable con la rotación del Sol, cuyas alteraciones interaccionan con el campo gravitatorio terrestre y se perciben en la Tierra.

    Eclipse de sol.