Crowdfunding (micromecenazgo)

    El crowdfunding es un mecanismo de financiación de proyectos basado en la suma de pequeñas aportaciones económicas de un número muy elevado de personas. El término, que podría traducirse del inglés como “financiación multitudinaria”, se maneja en español con varios términos alternativos utilizados de manera indistinta: micromecenazgo, financiación popular, suscripción popular o financiación colectiva. En este sentido, está emparentado en sus principios y en su etimología con el crowdsourcing, una forma de colaboración abierta distribuida.

    Las prácticas de crowdfunding se desarrollaron como una alternativa a las formas empleadas tradicionalmente para la financiación de los proyectos y surgieron al margen de los canales financieros clásicos. En su acepción moderna, estuvieron ligadas desde sus inicios al desarrollo de Internet, primero como fuente de apoyo para el desarrollo de la propia tecnología y después como vía de distribución de ideas y de captación de fondos para el lanzamiento de proyectos a través de páginas web y de las redes sociales.

    Aunque cuentan con antecedentes que se remontan a los movimientos cooperativos de tiempos históricos anteriores, en su formato actual los orígenes de los mecanismos de micromecenazgo se enmarcan en el desarrollo de aplicaciones informáticas en código abierto. Estas aplicaciones pretenden facilitar a los usuarios herramientas de trabajo en sus equipos, computadoras y redes de comunicaciones de forma gratuita y abierta, es decir, con la exposición pública del código de programación. El sistema operativo Linux, con una amplia colección de programas y aplicaciones informáticas asociados, es un ejemplo típico de esta idea y se ofrece como alternativa libre y gratuita a los sistemas operativos y plataformas “cerrados” que son propiedad de las grandes empresas multinacionales del sector.

    El desarrollo de estos sistemas abiertos competitivos exigía la participación de un nutrido grupo de profesionales que, dada la finalidad de su trabajo, debían ofrecer su colaboración de forma gratuita y desinteresada. No obstante, la dedicación de estos profesionales era exigente de cara a obtener productos de calidad contrastada, lo cual les indujo a solicitar de los usuarios actuales y futuros de sus productos contribuciones económicas a modo de donaciones para atender sus necesidades básicas y de formación. La iniciativa tuvo una respuesta multitudinaria e hizo evidente que esta alternativa de financiación sería viable siempre y cuando el interés del público y del producto desarrollado lo justificaran.

    El entorno de las redes globales de telecomunicaciones, como Internet y las redes sociales, se convirtió en escenario y vehículo preferente para los proyectos financiados mediante micromecenazgo. Al mismo tiempo, esta modalidad de contribución económica masiva en colaboración se extendió a otros ámbitos, ajenos incluso al dominio de la tecnología, con otras formas de comunicación y recaudación, como el correo postal. En términos generales, en esta variedad de financiación colectiva intervienen tres tipos de figuras: el impulsor del proyecto (personas físicas o jurídicas), el grupo de personas que lo apoyan y la plataforma, u organización que coordina la comunicación entre las partes.

    La práctica habitual del crowdfunding se inicia cuando una persona o un grupo de personas proponen una idea en una página web. Estos emprendedores reclaman de los visitantes de su página una contribución, en general modesta, al tiempo que explican los logros y ventajas esperados de su iniciativa. Los contribuyentes pueden colaborar de forma totalmente desinteresada o esperar a cambio alguna recompensa futura de índole económica, ya sea una retribución directa o una participación en acciones en el proyecto si llega a la fase de comercialización. Las páginas web de crowdfunding suelen incluir herramientas de valoración de la marcha de la iniciativa que pueden ser gestionadas por la propia página o por las aportaciones de los usuarios.

    En rápido crecimiento, la financiación colectiva se aplica hoy tanto a iniciativas de tipo productivo o empresarial como a proyectos solidarios o de ayuda a sectores desfavorecidos de la sociedad. Según datos de entidades especializadas, en 2015 se recaudaron en el mundo mediante crowdfunding más de 34.000 millones de dólares.