Estado Islámico (ISIS)

    El autodenominado Estado Islámico de Iraq y Siria (ISIS, por sus siglas en inglés) o de Iraq y el Levante (ISIL, según dichas siglas) es un grupo militante salafista defensor del yihadismo. También conocido por sus acrónimo en árabe Daesh, se denomina a sí mismo Estado Islámico y, desde 2014, proclamó la creación de un califato a escala mundial regido por la ley islámica (sharia), cuyos primeros asentamientos se produjeron en territorios de Siria e Iraq.

    En sus orígenes fue creado en 1999, con el nombre de Organización de Monoteísmo y Yihad, por el jordano Abu Musab al-Zarqawi, quien en 2004juró lealtad a Osama bin Ladeny a la organización Al Qaeda.El grupo de al-Zarqawi se mantuvo muy activo en Iraq tras la invasión del país en 2003 por una coalición de países occidentales encabezada por los Estados Unidos. En enero de 2006 se unió con otras facciones islamistas radicales que confluirían en el llamado Consejo Sura de Muyahidines. Ese mismo año, al-Zarqawi falleció en circunstancias confusas tras una operación militar estadounidense. Abu Omar al-Bagdadi y Abu Ayyub al-Masri tomaron el poder en la organización hasta su muerte, a su vez, en una nueva operación selectiva del ejército de los Estados Unidos, en abril de 2010. Desde entonces, Abu Bakr al-Bagdadi se puso al frente del ISIS.

    Hasta agosto de 2011, este grupo estuvo presente dentro de los límites de Iraq. Sin embargo, el estallido en esa fecha de la guerra civil en Siria favoreció la extensión de sus actividades al país vecino. Las luchas entre las diversas facciones enfrentadas y el debilitamiento del Gobierno de Bashar al-Asad facilitó el asentamiento del autodenominado Estado Islámico en varias zonas estratégicas de Siria. Este asentamiento tuvo lugar principalmente en las provincias de Alepo, Deir ez-Zor, Idlib y Raqqa, que fue declaradacapital del califato instituido por el ISIS.

    Este califato, cimentado en la ideología del yihadismo salafista y del wahabismo, una interpretación ultraortodoxa del islam defendida, entre otros, por las autoridades de Arabia Saudí, proclamó su preeminencia absoluta sobre las cuestiones religiosas, militares y políticas de los territorios musulmanes de todo el mundo y defendió la aplicación estricta de la ley islámica. Grupos yihadistas de Libia, Nigeria y Afganistán se sumaron a su llamamiento, al igual que grupúsculos en otras partes del mundo, en particular el sur de Asia y el norte de África. En Europa y Norteamérica, varios miles de miembros de sus comunidades musulmanas acudieron a Oriente Medio para unirse a las filas del ISIS.

    A finales de 2015, el ISIS había logrado importantes avances en los frentes de Siria e Iraq, para llegar a controlar un territorio ocupado por varios millones de personas. Las campañas que desalojaron al ejército iraquí de la ciudad de Mosul y la masacre de Sinjar, una ciudad iraquí en la que entre dos mil y cinco mil miembros de la comunidad yazidí (que profesa una religión arraigada desde la antigüedad en Mesopotamia) fueron asesinados, se situaron entre las acciones más resonantes de esta organización.

    Con el fin de asegurar su pervivencia, los dirigentes del ISIS establecieron estructuras políticas y sociales permanentes en los lugares bajo su dominio. Para garantizar los servicios públicos instituyeron canales de financiación como la recaudación de impuestos, las donaciones externas justificadas como destinadas a acciones caritativas, la explotación de los recursos gasísticos y petrolíferos bajo el control y venta de los mismos por vías no reconocidas por la comunidad internacional, las extorsiones y los secuestros. El contrabando de obras de arte, intensificado tras la toma de la ciudad milenaria de Palmira que permaneció en poder del ISIS entre mayo de 2015 y marzo de 2016, se sumó a las fuentes de financiación del califato. Por otra parte, su arsenal armamentístico se nutría principalmente de armas y vehículos de combate capturados en las campañas militares.

    La propaganda y el uso de las redes sociales y otros medios de telecomunicación se convirtieron en manos de los seguidores de al-Bagdadi en eficaces vías de reclutamiento y difusión de sus postulados. Para ello, los dirigentes del ISIS no dudaron en aplicar estrategias de terror extremas, que incluyeron ejecuciones públicas en masa, decapitaciones transmitidas por Internet, esclavización de personas no afines a sus postulados (especialmente, mujeres yazidíes capturadas), uso de armas químicas y destrucción del patrimonio cultural de Siria e Iraq, en particular en el enclave de Palmira. Sus promesas de liberación de los oprimidos en la fe del islam y sus proclamas revolucionarias prendieron no sólo en ciertas capas de la población de otros países musulmanes, sino también entre las comunidades islámicas de Europa y otras naciones occidentales.

    Designada como una organización terrorista por las Naciones Unidas en octubre de 2004, cuando formaba parte de Al Qaeda, y nuevamente en 2013 tras su separación de este grupo, el ISIS inspiró, coordinó y perpetró atentados en numerosos lugares del planeta. Iraq y Siria fueron, obviamente, los países más castigados por el terrorismo yihadista reivindicado por el ISIS. Otras naciones árabes, como Egipto, Túnez, Libia y Yemen, o musulmanas, como Turquía e Indonesia, sufrieron asimismo sus secuelas. En Europa, Francia, Bélgica y Dinamarca fueron objeto de ataques terroristas, con especial gravedad en los atentados perpetrados en París y Bruselas en 2015 y 2016, respectivamente. El derribo en octubre de 2015 de un avión de pasajeros ruso que había despegado del aeropuerto internacional egipcio de Sharm el-Sheikh, en la península del Sinaí, y que provocó la muerte de sus 224 ocupantes fue el más cruento de estos ataques. Un grupo afín al ISIS lo reivindicó como una represalia por el abierto apoyo del Gobierno ruso, logístico y militar, al ejército regular sirio bajo el mando del presidente al-Asad.

    Los atentados inspirados por el ISIS continuaron en diversas partes del mundo a lo largo de 2017. Los atropellos indiscriminados con víctimas mortales se sucedieron en ciudades como Londres, Estocolmo, Barcelona y Nueva York, mientras que Estambul, Manchester, San Petersburgo, Edmonton en Canadá o, de nuevo, Londres, vivieron ataques con explosivos o con armas blancas.

    Paralelamente, las posiciones ocupadas por el Estado Islámico en Siria e Iraq se debilitaron acusadamente en el transcurso de este año. En julio de 2017, las fuerzas regulares iraquíes recuperaron la ciudad de Mosul, que había permanecido durante tres años en poder del ISIS. En octubre, esta organización fue expulsada de Raqqa, la ciudad siria que había sido declarada capital del Estado Islámico. Semanas más tarde, el ejército sirio leal al presidente Bashar al-Asad reconquistó Abu Kamal, la última ciudad bajo control del ISIS en territorio sirio. Tras esta pérdida, la organización yihadista redujo su presencia en Siria a una veintena de aldeas y extensiones desérticas en la provincia de Deir Ezzor.