Cordillera paratectónica

    La cordillera del Himalaya, surgida en el límite convergente entre dos placas continentales. Las cordilleras son consecuencia directa de la interacción entre placas tectónicas continentales.

    Elevación local de la corteza terrestre provocada por la colisión de dos placas litosféricas continentales.

    Las características propias de las placas litosféricas continentales (baja densidad y elevado grado de unión con el manto) hacen que cuando dos de estas placas se encuentran no se produzca subsidencia, como sucede cuando colisionan una placa continental y una oceánica. En este caso se produce un ajuste del terreno, en forma de un cabalgamiento de una placa sobre otra. Es decir, un continente se monta sobre el otro a medida que progresa la convergencia entre ambos. El límite entre los dos se conoce como sutura continental.

    El resultado es una elevación del terreno, un engrosamiento local de la corteza terrestre, que lleva a la formación de una cordillera, u orógeno, conocido como paratectónico. Estos orógenos se denominan también fríos, puesto que no es mucha la energía térmica liberada durante su formación, a diferencia de lo que ocurre en las cordilleras ortotectónicas. En el caso de que existan procesos magmáticos, éstos resultan escasos y localizados. Se diferencian también de las ortotectónicas en que poseen una estructura muy asimétrica, mientras que la de aquéllas resulta simétrica. La cordillera del Himalaya, situada en la confluencia de las placas tectónicas de Asia e India, es un perfecto ejemplo de este tipo.

    Resulta necesario señalar que a menudo las cordilleras no presentan unas características claras que permitan diferenciar si pertenecen al tipo ortotectónico o al paratectónico, sino que tales características son, más bien, intermedias. Los motivos de tal falta de claridad pueden ser la modificación con el tiempo del proceso de convergencia entre placas, o bien el desgaste ocasionado por la erosión.