Delta

    Una bandada de aves se desplaza sobre el delta del Danubio en el mar Negro.

    Terreno, de forma generalmente triangular, situado en la desembocadura de un río. Su nombre es consecuencia de la similitud de su forma con la de la letra griega delta.

    A medida que un río se aproxima a la desembocadura, sus aguas disminuyen de velocidad, lo que favorece que los sedimentos que arrastran se depositen en el fondo. En consecuencia se forma una serie de islas, alrededor de las cuales la corriente fluvial se divide en un entramado de ramas o caños. Para que se forme un delta es necesario que, en el caso de que el río desemboque en un mar u océano, la acción de las mareas no resulte muy notable. Si las mareas son fuertes, durante sus periodos de descenso contribuyen a acelerar la corriente del río en la desembocadura, circunstancia que dificulta la deposición de los sedimentos. Por este motivo, lo más habitual es que los deltas se formen cuando los ríos desembocan en mares cerrados, lagos o ríos mayores; aunque existen importantes excepciones, como el delta del río Orinoco y el del Níger.

    Los sedimentos depositados por los deltas acostumbran a ser una mezcla de arcillas, limos y arenas. Éstos convierten las islas de la desembocadura, así como los márgenes de la misma, en terrenos muy fértiles, donde se concentran las explotaciones agrícolas, si bien el exceso de salinidad del suelo puede representar un inconveniente.

    Aunque no resulta habitual, puede darse el caso de un delta interno, formado lejos de la desembocadura. El río se separa en numerosos brazos para, en un punto posterior de su trayecto, volver a juntarse y proseguir hacia la desembocadura. El río Níger posee tanto un delta interior como otro al final de su recorrido.

    Además de los ejemplos ya citados, algunos de los más importantes deltas del planeta son los del Amazonas, el Paraná, el Mississippi, el Río Grande, el Ganges, el Indo, el Mekong, el Nilo, el Okavango y el Danubio.

    Delta del Ebro.