Epirogénesis

    Desplazamiento de la corteza continental terrestre en la dirección vertical, con la consiguiente modelación del terreno. Este movimiento no se debe al desplazamiento o la colisión de las placas litosféricas, sino a un ajuste vertical de determinadas zonas de la corteza continental. Estos desplazamientos son también menores que los movimientos ocasionados por las placas, como la formación de orógenos ortotectónicos y paratectónicos. Los radios de curvatura de las deformaciones epirogénicas rondan los 1 o 2 grados, mientras que en las orogénicas alcanzan los 70 grados.

    Los movimientos epirogénicos alivian tensiones isostáticas existentes en el terreno; en consecuencia, éste bascula, inclinándose, o bien se hincha o hunde. El primer caso fue el que se produjo durante el terciario en la península ibérica, lo que ocasionó el desagüe de los lagos interiores hacia el océano Atlántico. Si lo que tiene lugar es un abombamiento del terreno, la estructura resultante se conoce como anticlinal; si, al contrario, el terreno se hunde, la estructura se denomina sinclinal y la cavidad que forma da lugar a una cuenca donde se acumulan sedimentos. Estos desplazamientos pueden ser consecuencia, por ejemplo, de la formación a cierta distancia de un orógeno, lo que conlleva una alteración de las fuerzas que actúan sobre el terreno. En todos los casos, se trata de desplazamientos lentos.

    También constituye un desplazamiento epirogénico la elevación de una montaña cuando ésta ha sufrido un importante proceso de erosión. Es necesario comprender que las montañas flotan sobre el material plástico, parcialmente fundido, que compone la astenosfera terrestre. Cuando una montaña pierde peso a causa de la erosión, el empuje que ejerce sobre la astenosfera es menor y eso la hace ascender hasta recuperar el equilibrio. Algo similar sucedió y sucede en el escudo Escandinavo que, debido al retroceso de los hielos polares, ha perdido parte de su peso y se encuentra en ascenso.