Isla

    Porción de tierra totalmente rodeada de agua. Las islas pueden ser de reducido tamaño, caso en el que se conocen como isletas o cayos, o bien llegar a abarcar millones de kilómetros cuadrados, como sucede con Groenlandia. Pueden presentarse en ríos, lagos, mares y océanos. A diferencia de los continentes, todo el territorio que comprende una isla se encuentra sometido a un clima similar.

    Existen varios procesos capaces de conducir a la formación de islas. Pueden ser el resultado de una acumulación de sedimentos, de aporte de materiales volcánicos, de desprendimiento de una porción del continente a causa de la erosión y de ascensos del nivel de los océanos, que inundan las tierras bajas costeras, dejando sobre la superficie los terrenos elevados.

    Las islas continentales son las que se hallan conectadas a un continente a través de su plataforma continental. Es lo que sucede con Gran Bretaña y Sicilia, unidas a Europa; con Groenlandia, unida a Norteamérica; y con las Malvinas, unidas a Sudamérica. Las islas formadas por acumulación de sedimentos en la plataforma continental, así como las islas de los deltas de los ríos, también pertenecen a este tipo.

    Por otro lado, las islas oceánicas no se asientan sobre las plataformas continentales. Uno de sus orígenes posibles es el volcánico. Ejemplos de este tipo son las Aleutianas, las Marianas y numerosas islas del archipiélago de Tonga. También se generan islas oceánicas cuando una dorsal crece hasta asomar sobre la superficie del océano. Islandia es un ejemplo característico de este tipo. Una tercera clase de islas oceánicas son las que se dan como consecuencia de los fenómenos volcánicos producidos por la interacción entre placas litosféricas. El archipiélago de Hawaii pertenece a este tipo. Los atolones, con su característica forma de anillo en torno a una laguna central, se forman cuando un arrecife coralino crece sobre una isla volcánica sumergida hasta llegar a asomar sobre la superficie.