Orogénesis

    Conjunto de mecanismos geológicos que conducen a la formación de las montañas.

    Las teorías orogénicas se dividen en dos grupos: teorías movilistas u horizontales, y fijistas o verticales. Las primeras explican la formación de las montañas basándose en desplazamientos horizontales de los continentes, mientras que las segundas recurren para explicarla a movimientos de elevación del terreno. Entre las teorías movilistas, las más extendidas, la principal es la de la deriva continental. Ésta, propuesta a comienzos del siglo XX por el meteorólogo alemán Alfred Wegener, describe la litosfera terrestre como un conjunto de placas en movimiento; algunas de ellas divergentes entre sí, otras convergentes. Las zonas de interacción entre tales placas son ricas en cuanto a procesos geológicos, y es precisamente en ellas donde tiene lugar la orogénesis.

    La convergencia de una placa litosférica oceánica y otra continental conduce a que se produzca una subsidencia: la placa oceánica, más densa, se desliza bajo la continental. En consecuencia, el borde de ésta se eleva, formándose una cordillera. Los sedimentos que permanecían acumulados en la cuenca oceánica se pliegan y se alzan también, sumándose al orógeno o cordillera. Este tipo de elevaciones se conocen como orógenos ortotectónicos. Suelen ser cordilleras muy simétricas, con pliegues dispuestos de forma similar a lo largo de sus dos vertientes. Al deslizarse la placa oceánica bajo la continental se produce una gran fricción, que se traduce en elevadas temperaturas. Por otro lado se dan procesos de metamorfismo de deshidratación y densificación, ambos exotérmicos, por lo que la cantidad de calor liberada en estos erógenos es muy elevada, motivo por el que también son conocidos como térmicos. Las montañas Rocosas pertenecen a este grupo de orógenos.

    Si la convergencia se da entre dos placas litosféricas continentales, lo que se produce es un cabalgamiento: una de ellas se monta sobre la otra, con los consiguientes plegamiento, fractura y elevación del terreno. Las cordilleras resultantes se denominan paratectónicas y son fuertemente asimétricas, a diferencia de las ortotectónicas. El límite entre las dos placas se conoce como sutura continental. La cantidad de calor liberada en la formación de estos orógenos resulta mucho menor que en el caso anterior, los procesos de metamorfismo que se dan no requieren elevadas temperaturas y el magmatismo, o actividad volcánica, es muy escaso. El Himalaya es un ejemplo de este tipo de cordillera.

    En la práctica, sin embargo, a menudo resulta complicado distinguir si una cordillera es de tipo ortotectónico o paratectónico, ya que presentan características intermedias. Esto se debe principalmente a dos razones. En primer lugar, el modo en que interaccionan las placas puede experimentar cambios y, en segundo, los procesos de erosión, que terminan de dar forma a las montañas, pueden suavizar su relieve hasta borrar las características que permiten identificarlas como de un tipo u otro.

    La orogénesis no se ha producido de modo uniforme a lo largo del tiempo, sino que se ha concentrado en determinados momentos, situados todos ellos en el periodo fanerozoico. Se conocen como orogenias a las épocas en que, de forma principal, se construyó el relieve terrestre. El plegamiento caledoniano tuvo lugar hace unos 400 millones de años, y dio lugar a la cadena caledoniana de la que quedan restos en Escocia, Escandinavia, Canadá, Brasil, el norte de Asia y Australia. El plegamiento herciniano, más importante que el anterior, se produjo hace 300 millones de años. Afectó, entre otros lugares, al centro y occidente de Europa, y a América del norte y del sur. El plegamiento alpino comenzó hace 62 millones de años y aún no ha finalizado. En él se ha formado el sistema alpino-himalayo, que se extiende desde los Pirineos hasta el Himalaya.