Microplásticos

    Los microplásticos son diminutas partículas de material plástico que tienen un alto poder contaminante. Aunque existe cierta controversia acerca del tamaño por el que un residuo plástico puede considerarse un microplástico, organizaciones como las Naciones Unidas y el Servicio Nacional de los Océanos de los Estados Unidos sitúan esta dimensión en 5 milímetros o menos.

    La presencia de estos materiales en los medios acuáticos y, especialmente, en los marinos puede provocar graves efectos perniciosos para el medio ambiente y el desarrollo de las especies. El problema se agudiza por el hecho de que los productos químicos que contienen los microplásticos, ingeridos por la vida marina, puedan trasladarse a organismos más complejos y al ser humano a través de la cadena alimentaria.

    El término microplástico se acuñó a mediados de la década de 2000 para referirse a los residuos plásticos diminutos presentes en el medio ambiente. Desde entonces, el problema ha merecido una atención creciente en los medios científicos y entre la opinión pública y ha sido objeto de numerosos trabajos de investigación. Las conclusiones de estos trabajos demuestran claramente que la ingestión de plásticos es claramente perjudicial para las especies, un problema al que se añade la frecuencia con que los individuos de dichas especies queden atrapados en un material de gran resistencia del que no consiguen desembarazarse. Por estas dos vías se ha constatado que existe una amenaza cierta para el desarrollo de las especies, sobre todo marinas. No obstante, en el caso de los microplásticos este potencial destructivo no es tan sencillo de demostrar mediante la observación y los experimentos.

    Aun así, numerosos expertos y organizaciones de protección del medio ambiente han alertado sobre la peligrosidad potencial de los microplásticos. Sostienen, por una parte, que estos materiales presentes en el agua marina afectan a los copépodos y otros pequeños invertebrados filtradores de los que se nutren ballenas y otras especies amenazadas. A ello se suma la ecotoxicidad de muchos microplásticos, cuya amenaza se multiplica debido a su flexibilidad, duración y resistencia a la radiación ultravioleta que los hace difícilmente degradables.

    Se ha advertido que los microplásticos tienen alta capacidad para absorber sustancias peligrosas, como pesticidas y bisfenoles policlorados. Una vez ingeridos los microplásticos por los animales, tales sustancias pueden liberarse del plástico y ejercer su alto poder contaminante, que se traslada a otras especies (incluida la humana) con capacidad de alterar los sistemas hormonales y de inducir mutaciones genéticas. Por lo tanto, los microplásticos ingeridos a través de la cadena alimentaria poseen un potencial carcinogénico para el ser humano. La amenaza se agudiza por el efecto acumulativo de la ingestión.

    Los primeros productos en los que se utilizaron ampliamente estos materiales correspondieron a artículos de estética y cuidado de la piel, así como dentífricos. Estos productos contenían microesferas de polietileno, empleadas como sustitutivos a escala industrial de ingredientes naturales como la piedra pómez, las semillas y los caparazones de moluscos. Dado que, por su pequeño tamaño, no son filtrados por los sistemas de depuración de aguas se vierten directamente a los océanos. Los microplásticos comenzaron también a usarse en materiales textiles, de los que se desprenden con los lavados sucesivos, así como en microesferas aplicadas en un gran número de productos industriales, como tintas de impresora, abrasivos o artículos de moldeo por inyección.

    A estos elementos hay que añadir los obtenidos por el deterioro progresivo de plásticos de mayor tamaño. Las bolsas de plástico de los supermercados, los tapones y las botellas (por ejemplo, de agua mineral), los filtros de los cigarrillos, las películas de policloruro de vinilo y las resinas textiles se sitúan entre las principales fuentes de contaminación por este motivo.

    En los últimos años han proliferado las iniciativas dirigidas a acotar el problema. Por una parte se han favorecido políticas tendentes a reducir el empleo de plásticos, sobre todo de uso único, como las bolsas de los supermercados. Los organismos internacionales defienden la aplicación de proyectos de reciclado, rediseño y eliminación de plásticos y microplásticos de las cadenas de producción y consumo e impulsan campañas de concienciación cuyo objeto es favorecer una confluencia de intereses entre los responsables políticos, la industria y el público general para abordar este serio problema de contaminación ambiental.