Estructura literaria (forma literaria)

En el arte, la forma es el modo en que se expresa el contenido que se quiere trasmitir. En el caso de la literatura, la forma de expresión utilizada es el lenguaje escrito, las palabras, el ritmo, la puntuación. Para elaborar su texto, el autor modela los componentes formales de la lengua con el fin de transmitir de la mejor manera posible el contenido de su mensaje. Estos rasgos formales pueden estudiarse en cuatro apartados distintos, según el nivel de la lengua al que afectan o si conciernen a la estructura general de la obra.

Nivel fónico

El uso del plano fónico en la estructura formal de una obra es más obvio en la poesía. La lírica emplea diversos elementos fónicos, como la rima, las estrofas y la métrica. Los diferentes tipos de versos suelen estar determinados por el tema del poema y, a su vez, afectan a la disposición del contenido.

Un caso paradigmático de composición poética donde la estructura formal ha de imbricarse simétricamente con la idea que se desarrolla es el soneto. Un soneto consta de catorce versos endecasílabos, distribuidos en dos cuartetos y dos tercetos. Cada cuarteto y cada terceto constituyen una unidad formal independiente, pero es el conjunto lo que configura el significado global del poema.

Las figuras literarias más comunes en el nivel fónico de la lengua, empleadas tanto en la poesía como en la prosa, son la aliteración, que consiste en la repetición de sonidos similares; la onomatopeya, o imitación de sonidos reales; y la paronomasia, que utiliza también las semejanzas fonéticas.

Nivel morfosintáctico

El nivel morfosintáctico hace referencia a las palabras como categorías gramaticales (sustantivo, verbo, adjetivo) y su uso en la estructura sintáctica de la oración.

El uso de las categorías gramaticales determina la diferenciación entre estilo nominal y verbal. El estilo nominal se produce cuando predominan en un texto los elementos propios del sintagma nominal, es decir, sustantivos y adjetivos. Si el sustantivo es el elemento que más abunda, el texto resulta estático y las oraciones se hacen muy largas, lo que origina que el ritmo del texto sea lento. El mismo efecto de lentitud se consigue en un texto con predominio del adjetivo, aunque los párrafos, de naturaleza descriptiva, se ven notablemente embellecidos.

Se puede hablar de estilo verbal cuando en un texto hay mayor abundancia de elementos constituyentes del sintagma verbal (verbos y adverbios). En estos casos, el texto resultante es narrativo y muy dinámico.

Con respecto a los tipos de oración, las oraciones simples son el reflejo de un texto sencillo y claro, mientras que el uso de las oraciones subordinadas suele encontrarse en textos muy elaborados y complejos.

Entre las numerosas figuras literarias morfosintácticas, pueden destacarse como de mayor uso el hipérbaton (alteración del orden lógico de la oración); el paralelismo (repetición de estructuras); el pleonasmo (redundancia por la adición de términos innecesarios); la elipsis (supresión de elementos de la frase); la asíndeton (supresión de las conjunciones); o el epíteto, recurso expresivo que utiliza el adjetivo de manera especial.

Nivel semántico

La frecuencia en la obra literaria de determinado tipo de palabras, caracterizadas no por su categoría gramatical sino por su significado, determina el tipo de texto y el mensaje que con él quiere expresar el autor. Es el caso de los arcaísmos (vocablos en desuso), neologismos (expresiones nuevas en la lengua), cultismos (palabras eruditas) y vulgarismos (formas lingüísticas que carecen de prestigio social)

Las figuras literarias más habituales dentro del nivel semántico son las siguientes:

Metáfora: utilización de una palabra en sentido figurado en sustitución del término real al que hace referencia.

Metonimias: sustitución de una palabra por otra, por razones de cercanía semántica.

Paradoja: expresión que encierra una contradicción aparente.

Juego de palabras: creación de una confusión semántica para lograr un doble sentido.

Ironía: dar a entender lo contrario de lo que se está diciendo.

Hipérbole: exageración desmesurada.

Personificación o prosopopeya: atribución de cualidades humanas a seres no humanos.

Estructura general del texto

La estructura de un texto literario es la organización que el autor le da en partes relacionadas entre sí en función del contenido que desea expresar. Por tanto, a la hora de estudiar la estructura de una obra literaria no hay que contemplar la mera división del texto en partes, sino también la relación que existe entre ellas. Dichas partes suelen corresponderse con unidades de contenido. En un texto literario se pueden distinguir dos niveles de estructura:

Estructura externa o patente. Es la más obvia, la organización formal del contenido de una obra literaria: en capítulos, estrofas, partes, episodios, etc.

Estructura interna o latente. Este tipo de estructura exige un estudio más minucioso, ya que se trata de la organización del contenido de la obra, manipulado por el autor para atraer al lector. La estructura interna es la forma que tiene el autor de proporcionar información sobre los personajes, las situaciones, los motivos y las acciones de la obra, o para ocultar parte de esa información hasta el momento que considere oportuno.

El tipo de estructura más sencillo, descrito ya en la antigüedad por Aristóteles, se compone de presentación de la situación, desarrollo, crisis o clímax y desenlace o resolución del conflicto. No todas las obras literarias siguen este esquema, pero es el más habitual en la historia de la literatura y constituye una base sobre la que se pueden construir infinitas variaciones.

A partir de esta estructura aristotélica, los dramaturgos europeos de la época neoclásica, en el siglo XVIII, extrajeron la llamada “regla de las tres unidades”: unidad de acción, unidad de lugar y unidad de tiempo. Según esta preceptiva, la acción de una obra dramática debía tener una única línea argumental (se consideraba que, como mucho, podría tener una subtrama), debía desarrollarse en un único lugar y no había de narrar acontecimientos ocurridos en más de una jornada (de hecho, lo óptimo era que se mantuviera dentro de los límites de la duración de la propia representación). La mayoría de las obras de teatro escritas en esta época respetan la regla de las tres unidades.

La novela realista de finales del siglo XIX tenía también una estructura bastante rígida. Estas obras solían narrar el desarrollo espiritual de sus protagonistas, por lo que resultaban más descriptivas que narrativas. A pesar de no ser muy dinámicas, su estructura general solía seguir las unidades neoclásicas de acción y, en ocasiones, de lugar. Algunos destacados ejemplos son Madame Bovary , del escritor francés Gustave Flaubert ; Guerra y paz , del ruso Liev Tolstói, y La Regenta , del español Leopoldo Alas , Clarín.

A comienzos del siglo XX se empezaron a desarrollar nuevas estructuras y formas de presentar la información literaria. En este sentido, una de las novelas más innovadoras fue el Ulises del irlandés James Joyce , escrita en 1922. A pesar de contar sólo la historia de un día y una noche en la ciudad de Dublín, la estructura de la obra es enormemente compleja y muy elaborada.

En sucesivas décadas del siglo XX numerosos autores continuaron esa misma línea experimental y desde entonces se han explorado todo tipo de alteraciones de la estructura clásica, lo que exige un esfuerzo de lectura mayor. Una obra paradigmática del vanguardismo es Rayuela, del escritor argentino Julio Cortázar . Sus 155 capítulos pueden leerse de dos formas: los 56 primeros, en orden lineal (tal como están publicados), y los restantes, “prescindibles” según el propio autor, omitir su lectura o enlazarlos con los anteriores según se indica al final de cada capítulo.

Algunos de los tipos de estructura más usuales son la cerrada, la abierta, la lineal, la convergente y la concéntrica.

En la estructura cerrada, el desenlace de la obra es definitivo, y la situación que se presentaba en el planteamiento queda resuelta; en la estructura abierta, por el contrario, el desenlace no es definitivo, de tal manera que la situación presentada al inicio puede tener varias soluciones, que quedan en muchas ocasiones a la imaginación del lector.

La estructura lineal –la más usual y la más sencilla– hace avanzar cronológicamente y de forma continua los elementos de la historia. En cambio, en la estructura convergen te los distintos elementos presentados en la obra de forma separada convergen en un mismo final, procedimiento llamado anudamiento o coda. Por último, en la estructura concéntrica los elementos se presentan en torno a un núcleo central, que aparece en último lugar.

Los flashbacks y los cambios temporales y de narrador son recursos utilizados en algunas de estas estructuras, sobre todo en las más complicadas, la convergente y la concéntrica. Las estructuras cerrada y lineal son propias de textos clásicos, mientras que las estructuras abierta, convergente y concéntrica suelen aparecer en obras más modernas, muchas veces calificadas de “experimentales”. En ellas el autor exige cierta actitud por parte del lector; ya no se espera que éste sea un mero espectador de la obra que se le está narran do, sino que debe añadir su imaginación y su capacidad de discernimiento a la experiencia misma de la lectura.