Figura literaria

Se denomina figura literaria o recurso estilístico a una desviación en el uso habitual del lenguaje que se utiliza en un texto, para lograr aumentar la expresividad de las palabras y conseguir los efectos estilísticos deseados. Son los elementos que distinguen un texto literario de cualquier otra forma de comunicación lingüística, procedimientos con los que el autor modela el lenguaje para construir su obra como si se tratara de arcilla; con ellos, modifica elementos de los distintos niveles del lenguaje para lograr un efecto determinado.

Los recursos estilísticos pueden clasificarse en tres grandes grupos: recursos semánticos, fónicos y gramaticales.

Figuras literarias del nivel semántico

Los recursos semánticos son aquellos que juegan con el sentido de las palabras. Los más importantes se denominan tropos, y son la metáfora y la metonimia. La metáfora consiste en utilizar una palabra en sentido figurado en sustitución del término real al que hace referencia. Hay dos tipos principales de metáfora: cuando aparece el término real (“ el hombre es la sombra de un sueño ” ) y cuando sólo está presente la metáfora y no el término al que reemplaza (“ su luna de pergamino / preciosa tocando viene ”, verso en el que “luna de pergamino” hace referencia a un pandero).

En la metonimia se sustituye también una palabra por otra, por razones de cercanía semántica. Hay muchos tipos de metonimia, entre ellos nombrar la parte por el todo (“ las velas ” en lugar de “los barcos”), el símbolo por la cosa simbolizada (“ el laurel ” en lugar de “la gloria”), el continente por el contenido (“ una copa en lugar de “el vino contenido en la copa”), el autor por su obra (“ un Picasso ” en lugar de “un cuadro de Picasso”), etc.

Además de los tropos, las figuras literarias más habituales dentro del nivel semántico son las siguientes:

La paradoja, expresión que encierra una contradicción aparente, como el verso de santa Teresa de Jesús “vivo sin vivir en mí ”.

El juego de palabras , que consiste en utilizar diversos recursos (alteración del orden de las palabras, de las sílabas) con el objeto de crear una confusión semántica y así lograr un doble sentido con el que llamar la atención del lector.

La ironía, por la que se da a entender lo contrario de lo que se está diciendo: “¿Dónde has aprendido a hablar así a los niños? Continúa así y te llamarán de usted...” (Juan García Hortelano, Tormenta de verano).

La hipérbole, una exageración desmesurada, como en el siguiente texto de El otoño del patriarca, novela del colombiano Gabriel García Márquez : “ El humor corrosivo de tus manos feroces de novicia que cortaban la leche y oxidaban e l oro y marchitaban las flores…”

La personificación o prosopopeya, figura consistente en atribuir cualidades humanas a seres no humanos o cualidades animadas a objetos inanimados: “Algo miró después de sí la Muerte... ” (Gabriel Bocángel, Soneto);

La sinestesia, recurso que consiste en atribuir a un objeto cualidades que no puede tener por su propia naturaleza: “Y tenía un olor ácido, como a yodo y a limones” (Rafael Sánchez Ferlosio, Industrias y andanzas de Alfanhuí ).

Figuras literarias fonológicas

A nivel fónico, los recursos literarios utilizan la repetición de sonidos dentro de una frase para conseguir efectos estéticos. Tanto en poesía como en prosa, es posible marcar el ritmo de lo que sucede en la trama, o imitar los sonidos que emiten aquellas cosas de las que se está hablando. Los recursos fónicos más habituales son la aliteración, la onomatopeya y la paronomasia.

La primera de estas figuras, la aliteración, consiste en la repetición de varios sonidos similares con el fin de acentuar su musicalidad, como el siguiente verso de Rubén Darío: “con el ala aleve del leve abanico”. La rima es también un tipo de aliteración, en la que se repiten los sonidos vocálicos (rima asonante) o vocálicos y consonánticos (rima consonante) al final de un verso, estableciendo así pautas sonoras entre unos versos y otros. El ritmo y la musicalidad también son figuras que afectan al nivel fonológico del texto.

La segunda, la onomatopeya, es la imitación de sonidos reales, en ocasiones cercana a la aliteración, como el sonido de la s en: “En el silencio sólo se escuchaba / un susurro de abejas que sonaba” (Garcilaso de la Vega). Por último, la paronomasia es un recurso que consiste en aprovechar la semejanza fonética de palabras o grupos de palabras de significado distinto con una intención burlesca (“hubo unanimidad en una nimiedad”).

Figuras literarias gramaticales

Los recursos gramaticales o sintácticos son aquellos que inciden en la estructura de las oraciones, la repetición de palabras, las pausas que se crean con las comas, los puntos suspensivos o el orden de las palabras, etc., con el fin de lograr ritmo y expresividad en los textos.

El hipérbaton es la figura literaria más representativa dentro del nivel sintáctico. Consiste en alterar el orden lógico de los elementos de una oración para destacar alguno de sus elementos, normalmente el que aparece en primer lugar. El objetivo que persigue esta figura es crear una dificultad en la lectura para llamar la atención sobre algún elemento determinado de la oración. “Del monte en la ladera / por mi mano plantado tengo un huerto” (Fray Luis de León, Oda I: Vida retirada).

Otra figura es el paralelismo, que consiste en la repetición de una misma estructura sintáctica en dos o más versos, sintagmas, oraciones, etc.: “Hora de ocaso y de discreto beso; / hora crepuscular y de retiro; / hora de madrigal y de embeleso... ” (Rubén Darío , Cantos de vida y de esperanza : Regreso a Dariana) .

El pleonasmo es una redundancia que consiste en la adición de términos no necesarios para reforzar el contenido de una forma más expresiva: “lo vi con mis propios ojos”. La elipsis, en cambio, es la supresión de algún elemento de la frase, no necesario para su comprensión, con el fin de aligerar su contenido. El más habitual es la elipsis del verbo ser: “lo bueno, si breve, dos veces bueno”. El mismo objetivo de dar más ligereza al texto tiene el asíndeton, que consiste en la omisión de las conjunciones: “Acude, corre, vuela, / traspasa la alta sierra, ocupa el llano… ” (Fray Luis de León, Profecía del Tajo).

El epíteto, aunque no es específicamente una figura literaria, es un recurso expresivo perteneciente a este nivel. Consiste en el uso especial de un adjetivo que, aunque no aporta ninguna información nueva sobre el sustantivo al que acompaña, destaca alguna de sus cualidades. Su objetivo es matizar con exactitud y de forma muy subjetiva lo que el autor quiere expresar. Suele aparecer antes del nombre, como en los versos siguientes: “Por ti la verde hierba, el fresco viento, / el blanco lirio y colorada rosa / y dulce primavera deseaba” (Garcilaso de la Vega, Égloga I).

Las figuras literarias, pese a ser una de las características de los textos literarios, no son exclusivas de ellos. En el lenguaje diario se utilizan infinidad de recursos estilísticos, en especial metáforas y metonimias; algunas son tan simples y cotidianas como “comer un plato” (de judías) o “beber una jarra ” (de cerveza). Lo que diferencia las figuras literarias de uso cotidiano de las creadas por un autor literario es que las últimas incluyen un componente de originalidad y novedad y están utilizadas de un modo consciente. No obstante, no deben considerarse estas figuras un mero adorno de la literatura: no son creaciones superfluas que el autor añade a un texto para “hacerlo” literario, sino que forman parte inseparable del texto y de su significado.