Geomorfología

    La ciencia que se encarga de las formas del relieve terrestre, sus orígenes y su constante evolución es la geomorfología, una rama de la geología. Estudia el relieve de la superficie del planeta desde la perspectiva de los mecanismos genéticos que en él tienen lugar.

    El interés por la investigación científica del paisaje no surgió hasta el siglo XVIII. En esa época, varios autores propugnaron teorías como la que sostiene que la acción de las redes fluviales formó los valles por erosión. Estas ideas científicas fueron desplazadas durante mucho tiempo por la oleada catastrofista que explicaba el relieve como resultado de conmociones planetarias violentas. A finales del siglo XIX ganó peso la idea de que la erosión de redes fluviales produce el relieve topográfico, tal y como se había apuntado un siglo antes.

    En este periodo comenzó a desarrollarse la geomorfología como ciencia moderna, de la mano de investigadores como William M. Davis, quien planteó la teoría del ciclo geográfico. Según ésta, el relieve inicial de cota elevada evoluciona hasta situarse casi en el nivel de base (la penillanura) como consecuencia de la acción de la red fluvial. Aun así, este ciclo de erosión normal puede tener complicaciones cuando se alteran las condiciones de la evolución del relieve. Ante el modelo de Davis, se contrapuso la idea de que cada tipo de clima presenta sus propias modalidades de erosión.

    Los mayores avances en el estudio de la superficie terrestre se produjeron tras la Segunda Guerra Mundial, merced a la fotografía aérea y el sónar, un aparato que detecta objetos subacuáticos mediante el sonido. Ello permite acceder a las grandes extensiones terrestres, incluso de la superficie oceánica, por lo que en la actualidad se puede conocer la imagen de prácticamente toda la extensión de la Tierra.

    Hoy en día, la geomorfología no sigue ninguna línea dogmática de pensamiento y se nutre de todas las ideas servibles que ha dejado la investigación a lo largo del tiempo. Podría decirse que es muy difícil alcanzar una teoría general que explique la evolución del relieve, lo que aconseja centrarse en modelos locales que analicen los cambios en cada zona. La única certeza aceptada unánimemente y de aplicación general es la influencia que ejerce el clima en el modelado del relieve.