Marea

    La atracción gravitatoria que el Sol y la Luna ejercen sobre los mares y océanos, combinada con la acción de la rotación terrestre, produce unos desplazamientos del agua −en forma de ascensos y descensos de su nivel− denominados mareas. De acuerdo con la ley de la atracción universal enunciada por Isaac Newton en el siglo XVII, dos cuerpos ejercen una atracción recíproca entre sí, con una fuerza que es directamente proporcional al valor de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que los separa.

    La pleamar es el punto de máximo nivel que alcanza el agua marina durante una marea.

    Esto es precisamente lo que ocurre entre la Luna y la Tierra, y en menor medida entre la Tierra y el Sol. La Luna ejerce una fuerza de atracción sobre nuestro planeta que no alcanza el nivel suficiente para afectar a su forma o desviarlo de su trayectoria, aunque sí es capaz de deformar la superficie de los océanos. Esto se refleja en una especie de abultamiento, o ascenso del nivel del agua, en la zona del planeta que se halla situada bajo el satélite.

    Al mismo tiempo, por el principio de acción y reacción, en las antípodas de ese punto se produce una subida similar de las aguas. El ascenso del agua se conoce como flujo, y el punto máximo que alcanza, como pleamar. Por su parte, el descenso es el reflujo, y su punto mínimo, la bajamar. La amplitud de una marea es la diferencia existente entre la altura del agua en la pleamar y en la bajamar.

    Dado que el Sol se encuentra a una distancia mucho mayor de la Tierra que la Luna, su efecto sobre las mareas es menor y contribuye sólo a acentuar o mitigar la acción del satélite sobre las aguas. Los periodos del año de mareas vivas, en los que tanto el ascenso como el descenso de las aguas resultan más acusados, se corresponden con las etapas de luna llena y luna nueva, cuando el Sol y el satélite pasan casi al mismo tiempo sobre cada meridiano.

    Los periodos de mareas muertas, por otra parte, son los que se corresponden con las etapas de cuarto creciente y cuarto menguante. El cálculo de la hora a la que se producirá la pleamar resulta muy sencillo: basta sumar 50,5 minutos a la hora en que tuvo lugar el día anterior.

    La Tierra no se encuentra en el centro exacto de la órbita que recorre la Luna, sino que su recorrido es ligeramente excéntrico. Esto quiere decir que el satélite no se halla siempre a la misma distancia del planeta. En su posición de máximo alejamiento, llamada apogeo, su efecto sobre el nivel de las aguas es menor. Por el contrario, en su posición de máximo acercamiento, conocida como perigeo, el efecto es menor. Entre una situación y otra, la amplitud de las mareas puede variar hasta el 20%. La amplitud aumenta también cuando la Luna pasa durante su órbita sobre el ecuador terrestre.

    Existen otros factores que influyen en que las mareas sean más o menos acusadas. El más importante, sin duda, es la orografía del fondo oceánico, y en especial la de las costas. La presencia de entrantes en los litorales, como golfos, bahías y ensenadas, hace que en estas zonas el efecto de las mareas sea más apreciable que en otros lugares donde la costa no posee accidentes. La presencia de vientos de carácter continuo, que poseen además una dirección predominante, afecta también a la amplitud de las mareas.

    Las fuerzas de atracción del Sol y de la Luna se combinan en las fases de mareas vivas (arriba) y se oponen durante las mareas muertas (debajo).