Modelado del relieve

La acumulación de formas del relieve terrestre que comprende un sistema morfogenético es el modelado terrestre. Para su desarrollo es imprescindible que intervenga la acción de algún agente o el proceso de erosión. Mediante este proceso natural, las corrientes de agua o el propio viento arrastran elementos del suelo de un punto a otro.

El modelado terrestre posee gran utilidad, ya que permite desplazar materiales de unos suelos a otros en los que se mejora la fertilidad gracias a las nuevas aportaciones. Sin embargo, la erosión puede ser un problema si se acelera en exceso. A menudo, los materiales perdidos no se recuperan posteriormente en las áreas erosionadas y tampoco se aprovechan en los lugares que los reciben.

Uno de los aspectos fundamentales que estudia la geología y las ciencias afines es la morfogénesis (del griego, "creación de formas"). En esta disciplina se analizan los fenómenos que conducen a la formación de los relieves en un terreno. Por su parte, la geomorfología climática centra sus estudios en el relieve y sus relaciones con el clima, verdadero modelador del paisaje ya que ejerce su acción sobre las estructuras que han levantado los agentes dinámicos.

Características de los principales sistemas morfoclimáticos.

La influencia del clima puede limitarse a un retoque mínimo, de formas estructurales elementales, o abarcar una amplia modificación de la estructura. Esas variaciones se observan en el modo de ataque a la estructura geológica y en el modelado, el grupo de caracteres elaborados por la actuación de los agentes que componen un sistema morfogenético.

En general, el clima no interviene en el sentido de eliminar las acciones de modelado en áreas delimitadas, sino que determina la importancia del trabajo desarrollado en cada zona de la superficie terrestre. Así, la eficacia de la arroyada, por ejemplo, depende de los valores de las precipitaciones en cada caso. Por tanto, la influencia del clima sobre el relieve se manifiesta en la explotación de la estructura geológica, por la erosión diferencial, y en la variedad de los modelados del relieve.

En los procesos mediante los cuales se elabora el relieve, las condiciones en las que éste actúa son de gran importancia, como el contacto entre la litosfera y la atmósfera. Intervienen numerosos elementos, por lo que se trata de un mecanismo altamente complejo. Por la relevancia que tiene el clima en la formación del paisaje es fundamental conocer la división morfoclimática de la Tierra. Estableciendo los criterios adecuados se puede determinar los grandes dominios morfoclimáticos que existen.

Las morfologías estructurales están regidas por el comportamiento litológico y tectónico. Se suele llamar formas mayores a las morfologías que tienen como elemento principal la estructura interna y se aplica el nombre de formas menores a las que tienen un agente externo, el modelado, como factor principal.

Tipos de modelado

Todos los paisajes se configuran a partir de formas actuales y formas heredadas. Estas últimas se llaman también paleoformas y se originaron mediante sistemas erosivos ya inactivos. Se define como modelado específico el paisaje resultante de un conjunto de formas creadas como consecuencia de un determinado tipo de erosión.

Si, por el contrario, la diversidad de formas heredadas domina en el paisaje se denomina modelado poligénico, porque esas formas son el resultado de los múltiples procesos de erosión o bien de las diferentes crisis morfogenéticas. Por el contrario, el modelado monogénico es el que se encuentra muy reducido en la superficie.

Por último, hay que citar las formas vivas o actuales que dominan en los lugares en rexistasia, zonas con ausencia de equilibrio entre los factores que intervienen en el medio, como el clima, el suelo y la vegetación. Al no existir el equilibrio se produce una efectividad mayor de los agentes de erosión.

Se puede hacer una división entre dos principales sistemas de modelado: el de disección y el de aplanamiento. El primero es propio de relieves que se ven favorecidos por el desarrollo de valles con vertientes bastante empinadas, provocadas por la acción incisiva de los cursos fluviales. Por ese motivo, muchas veces se califica de modelado fluvial.

Por su parte, el modelado de aplanamiento tiende a construir formas terrestres más llanas, en las que no hay muchos contrastes de altitud, como ocurre en el caso de los glacis y de las penillanuras. En el modelado de aplanamiento se favorecen los procesos de vaciamiento y aireación del relieve, unos mecanismos que hacen que se encuadre a todo este grupo bajo la denominación genérica de formas areolares.

Además de la división anterior, se puede hacer otro tipo de clasificación del modelado según el agente erosivo que provoca las formas. Sobre esta base se puede citar el modelado costero o litoral, el fluvial, el eólico, el glaciar o el cárstico, entre otros.

Modelado costero

Este tipo de relieve es muy característico y se encuentra en las zonas situadas en el litoral. Surge como resultado de los rasgos particulares que esculpen en el relieve la atmósfera, la hidrosfera y la litosfera al confluir en una interfase.

La acción erosiva del mar, principalmente del oleaje, produce una serie de morfologías que definen el modelado costero. Éstas se dicen primarias o iniciales si la acción marina tiene un grado de incidencia mínimo, y secundarias cuando la acción marina es la mayor responsable de las formas dominantes en el paisaje. La costa es, por tanto, un tipo de dominio geomorfológico marcado directamente por la acción activa y directa que desempeñan las fuerzas marinas.

La acción erosiva de las fuerzas marinas define el modelado de la línea de costa.

Modelado fluvial

Variedad muy relacionada con el de disección, el modelado fluvial se distingue porque la principal función erosiva que ejercen los cursos fluviales es diseccionar o abrir los terrenos por los que circulan, formando cañones y desfiladeros.

Muchos elementos determinan la capacidad de erosión de los cursos de agua, desde el tipo de caudal hasta la naturaleza litológica de los sustratos por los que transcurre. A ello se añaden las distintas cantidades de materiales transportados en el fondo. Todo esto engendra un relieve típico de vertientes escarpadas. Además, los cursos fluviales limitan su importante labor de erosión a una determinada franja del terreno, bastante estrecha e influida por la llamada erosión lineal.

Modelado eólico

Este modelado, con el viento como principal agente erosivo, se suele centrar en las zonas de dominios secos o áridos. El viento desempeña su labor especialmente en aquellos lugares donde apenas existe una cobertura vegetal. Para afectar a las superficies rocosas se ayuda de todos los materiales que transporta en suspensión.

Aunque este agente tiene capacidad sólo para desplazar materiales más bien finos, puede provocar auténticas depresiones o excavaciones en el terreno como nidos o taffonis, cuando su fuerza aborda superficies insignificantes. La consecuencia de esta acción favorece que aparezcan aspectos satinados y picoteados en los cantos que sufren su presión. La principal característica del modelado eólico es la gran variedad de formas de acumulación que se generan cuando se decantan los materiales que fueron arrancados y transportados con anterioridad.

Los mecanismos de deflación y corrosión eólica también producen un extenso abanico de morfologías redondeadas talladas en las rocas cristalinas como el gneis o el granito. Así sucede en los "panes de azúcar" típicos de Brasil. En cuanto a las formas de acumulación, hay que destacar las dunas móviles o barjanas, los campos de dunas, las nebkas o los ergs, entre otras variedades.

“Pan de azúcar”, forma típica surgida de la acción del viento sobre rocas cristalinas.

Modelado glaciar

Las frías condiciones climáticas que imperaron en el cuaternario generaron las grandes masas de hielo que en la actualidad son los glaciares situados en las altas montañas y los grandes casquetes polares, también llamados inlandsis. Los desplazamientos y movimientos de estas masas de hielo hicieron que se expandieran a gran velocidad por muchas zonas debido a su inmenso poder erosivo.

La masa de hielo arrastra en su interior grandes cantidades de materiales, por lo que se llama hielo sucio o negro. Así, la presencia de masas de hielo provocó en el pasado, y continúa provocando en la actualidad, un modelado de morfologías básicamente cóncavas.

Cuando avanzan, los glaciares de montaña producen los típicos valles en forma de U que también se conocen como artesas glaciares. Éstos se acompañan de las cubetas de sobreexcavación, donde se genera un conjunto de lagos en las ocasiones en las que las temperaturas son adecuadas para favorecer el deshielo.

Los fiordos, valles ocupados por las aguas del mar, se suelen formar cuando las masas de hielo están situadas cerca de las cordilleras costeras. Algunos ejemplos bien conocidos se dan en Noruega, Alaska, Groenlandia y Nueva Zelanda. De este modo, los glaciares constituyen un condicionante esencial de las formas del relieve, resultado de todas las variadas formas de esculpido (grietas, fisuras, surcos) y de acumulación (morrena, drumlin) que producen. El modelado glaciar no se puede incluir en ninguno de los dos importantes tipos citados con anterioridad, al carecer de las propiedades de un modelado de aplanamiento, de disección o eólico. Sin embargo, desempeña una labor importante en la formación del paisaje de ciertas superficies terrestres.

Fiordo groenlandés surgido por la ocupación por parte del mar de un antiguo valle glaciar.

Fiordo en Noruega.

Modelado cárstico

Se llama cárstico, también escrito kárstico, a un modelado que se origina cuando las calizas compactas adquieren una posición destacada en el conjunto del relieve, es decir, en aquellas ocasiones en las que dan lugar a espesores de gran importancia.