Salinidad del agua

El Gran Lago Salado de Utah tiene una salinidad seis veces mayor que la del agua marina.

Se conoce como salinidad la parte proporcional de sales que contiene el agua.

Aunque tradicionalmente se define el agua como una sustancia incolora, inodora e insípida, en la realidad no es así. Estas tres propiedades pueden aplicarse sólo al agua en estado puro. En la naturaleza, sin embargo, el agua suele aparecer combinada con otras sustancias en disolución. Estas sustancias son en su mayoría sales minerales, y según su naturaleza y nivel de contenido es posible clasificar el agua de la Tierra en dos grandes grupos: dulce y salada.

Agua dulce

Las aguas continentales, presentes en ríos, lagos, torrentes, acuíferos subterráneos y demás emplazamientos posibles, no sólo contienen en su composición oxígeno e hidrógeno. Poseen también sales, gases y ciertas sustancias orgánicas disueltas. Además, portan en suspensión arena y restos del terreno, fruto de la potente erosión que se produce durante el transcurso del ciclo hidrológico. El contenido de sales minerales en disolución se expresa en grados de dureza.

Cuando el agua posee un alto valor de sales se dice que su dureza es alta. Si por el contrario tiene pocas sales, el agua tiene una dureza baja, o bien se denomina agua blanda. Por lo general, la dureza del agua de los ríos es más alta en los manantiales que en las zonas bajas de su curso. Depende también de la naturaleza del terreno por el que corre el agua, que puede ser más o menos calizo, y de las épocas del año.

Los tipos de sales presentes en el agua de los manantiales son carbonatos, cloruros y sulfatos de magnesio y calcio, entre otros. En el caso del agua procedente de pozos, ésta es más blanda que la de los manantiales, aumentando su pureza cuanto más profundo sea su origen. Esta agua, almacenada durante largos periodos de tiempo bajo tierra, suele haber perdido el oxígeno que lleva disuelto, pero no el dióxido de carbono, que al contacto con los minerales del terreno contribuye a la formación de sales.

Puede ocurrir que, junto con estas sales, aparezcan también compuestos nitrogenados. Tales compuestos proceden de los abonos y fertilizantes empleados en la actividad agrícola y que se han filtrado hasta el subsuelo.

Para que un agua reciba el calificativo de mineral, las sustancias que contiene en disolución deben proporcionarle un gusto particular, afectar al organismo humano o incluir minerales poco frecuentes. Dependiendo de cuál sea su composición se clasifican en aguas minerales alcalinas, ferruginosas, sulfurosas, etc.

En cuanto al hielo, su composición es la del agua de lluvia, y más pura que la de las aguas antes descritas. Sin embargo, cuando tiene lugar el deshielo y esta agua pasa a fase líquida y comienza su recorrido por los continentes, ya sea de forma superficial (escorrentía) o subterránea (infiltración), entra en contacto directo con el terreno y su contenido en sales se incrementa.

Agua salada

Si las aguas continentales no son puras, las oceánicas lo son mucho menos. Las sales disueltas en los océanos alcanzan hasta un 4% en peso, con una concentración media de 35 gramos de sales por kilogramo de agua. Sin embargo, este valor no es constante. La concentración salina en las diferentes zonas depende de factores como los aportes de los ríos, la temperatura, los fenómenos volcánicos submarinos y el consumo de sales que llevan a cabo los organismos vivos oceánicos.

Composición salina del agua oceánica.

En las regiones cálidas, donde la evaporación es mayor, también es más alto el contenido de sales. En el mar Rojo, por ejemplo, la concentración media es de 41 g/kg de agua. En las regiones frías, por el contrario, el nivel de sales es menor. La concentración salina del mar Báltico es de 10 g/kg de agua. Un caso extremo es el del mar Muerto, con un contenido en sales de 370 g/kg de agua.

Al margen del oxígeno y el hidrógeno, los diez elementos con presencia más alta en el agua oceánica son, de mayor a menor cantidad, cloro, sodio, magnesio, azufre, calcio, potasio, bromo, estroncio, boro y flúor. De todos ellos, el cloro y el sodio son sin lugar a dudas los más abundantes. Entre los dos forman el cloruro de sodio, de fórmula química NaCl, o sal común. Esta sal representa casi el 2,5% en peso del agua oceánica.

También se encuentran presentes en el agua gases en disolución, y en particular los gases que forman parte de la atmósfera, entre ellos oxígeno, nitrógeno y dióxido de carbono. Su nivel de contenido depende, entre otros factores, del grado de salinidad del agua y de la actividad de los organismos vivos. Éstos contribuyen a la presencia de gases disueltos mediante sus procesos de respiración y fotosíntesis.