Tratado antártico

    El Tratado de la Antártida fue firmado en 1959 por la Argentina, Australia, Bélgica, Chile, los Estados Unidos, Francia, Japón, Nueva Zelanda, Noruega, el Reino Unido, Sudáfrica y la entonces Unión Soviética (sucedida en 1991 por Rusia). El acuerdo, que entró en vigor dos años más tarde, dispuso que el continente antártico sólo podría ser empleado con fines pacíficos, particularmente para la investigación científica. La Conferencia sobre la Antártida de 1985 reafirmó la desmilitarización y desnuclearización del continente helado, así como el rechazo a toda pretensión de soberanía sobre el mismo.

    En 1991 se suscribió en Madrid un protocolo de protección ambiental anexo al Tratado de la Antártida, merced al cual se otorgó a este territorio la calificación de reserva natural para la ciencia y se prohibió expresamente la explotación de sus recursos minerales. En la capital española se prorrogó asimismo el Tratado de la Antártida, que cumplía tres decenios, hasta el año 2041.

    No obstante, el Reino Unido, la Argentina, Chile, Noruega, Australia, Francia y Nueva Zelanda mantienen reclamaciones territoriales sobre el suelo antártico. Las reivindicaciones de argentinos, británicos y chilenos se solapan, lo que podría ser una fuente de conflicto en el futuro. Además, Australia, Chile y la Argentina reclaman una zona económica exclusiva sobre la sección de 200 millas náuticas contigua al litoral reclamado.

    A principios de 2006, 45 estados formaban parte del Tratado de la Antártida: 28 de ellos tenían derecho a voto, mientras que los restantes 17 sólo poseían un estatus de observadores. Los doce firmantes originarios se cuentan en el primer grupo, al que también pertenecían otros 16 de todos los continentes.