Caravaggio

    “La buenaventura”, obra del pintor barroco Caravaggio (Museo del Louvre, París)

    Caravaggio (1573-1610), pintor italiano que con su lenguaje naturalista y uso del tenebrismo otorgó a sus temas, religiosos y profanos, gran intensidad y dramatismo, por lo que se le considera precursor del barroco. Entre sus obras más importantes están Descanso en la huida de Egipto, la Vocación de san Mateo o la Crucifixión de san Pedro.

    Michelangelo Merisi nació en Caravaggio (Italia), ciudad de la que tomó el nombre, el 28 de noviembre de 1573. Hijo de un arquitecto, su formación le llevó, al morir su padre, a Milán, donde en 1584 entró en el taller de Simone Peterzano (pintor discípulo de Tiziano) que le introdujo en la pintura veneciana. Posteriormente, en 1589, viajó a Roma para trabajar en el taller del pintor manierista Giuseppe Cesari, llamado El caballero de Arpino, con quien aprendió la técnica para pintar bodegones de flores y frutas.

    Con su gran talento, pronto su pintura adquirió un lenguaje propio marcado por el naturalismo y el acercamiento a la realidad. Así, los personajes de sus cuadros no estaban tomados de un arquetipo o ideal humano; al contrario, sus modelos eran tipos vulgares, estereotipos corrientes de la vida diaria que, sin embargo, protagonizaban sus escenas religiosas, en consonancia con la idea de la Contrarreforma, interesada en acercar lo sagrado a los fieles, en humanizar los modelos de santidad.

    A pesar de cumplir con los nuevos designios iconográficos, en ocasiones, a juicio de la iglesia, Caravaggio se excedía en crudeza y realismo a la hora de representar estos modelos.

    El segundo rasgo importante de su lenguaje fue el uso del claroscuro, una herramienta esencial para dar dramatismo a los cuadros. Para Caravaggio la luz debía resaltar ciertas formas y volúmenes con el fin de buscar mayor naturalismo y sensualidad; asimismo utilizó los grandes contrastes con la sombra y la composición en diagonal para dirigir la mirada del observador, sin que éste se desviara de la esencia, de la idea que la obra en cuestión quería transmitir, aumentando así su carácter devocional.

    Destaca también en su estilo el carácter excéntrico, reflexivo y temperamental (violento en ocasiones) del artista, que dotaría a su pintura de una enorme carga emocional y poética.

    A pesar de su corta vida, la producción artística de Caravaggio fue notable. Al periodo romano pertenecen sus obras tempranas y aquellas con las que alcanzó su madurez artística. Baco joven, Descanso en la huida de Egipto y David, vencedor de Goliat, todas de alrededor de 1590, fueron sus primeras obras de relevancia, que combinaba con la producción de escenas cotidianas y populares como Los músicos (1592), La buenaventura (1594) y Muchacho con cesto de frutas (h. 1590).

    El éxito de sus cuadros le llevó a recibir sus primeros encargos de envergadura. Hacia 1600 se le encomendó la decoración de la capilla Contarelli, en la iglesia de San Luis de los Franceses, para la que debía pintar tres episodios de la vida de san Mateo: San Mateo y el ángel, Martirio de san Mateo y Vocación de san Mateo (1600). En todos ellos el realismo se combinaba con una gran espiritualidad.

    Alrededor de 1601 recibió su segundo encargo importante: pintar la Conversión de san Pablo y la Crucifixión de san Pedro para la capilla Cerasi en la iglesia de Santa Maria del Popolo. Antes de marchar a Nápoles en 1606, acusado de haber cometido un homicidio, pintó la Virgen de la serpiente y la polémica Muerte de la Virgen, cuyo realismo la presentaba agonizante con el vientre hinchado.

    Durante su estancia en Nápoles compuso la Virgen del rosario, la Flagelación de Cristo, las Siete obras de misericordia y Salomé con la cabeza del Bautista. Los últimos años de su vida los pasó viajando o huyendo por Malta, Siracusa (Sicilia) y Nápoles hasta su muerte en Porto Ercole, Toscana, el 18 de julio de 1610. En este tiempo pintó grandes obras, como el Retrato de Alof de Wignacourt, el Entierro de santa Lucía o la Resurrección de Lázaro.