Bartolomé Esteban Murillo

    “Jóvenes jugando a los dados”, pintura barroca de Bartolomé Esteban Murillo

    Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682) pintor español; es una de las figuras artísticas más destacadas del periodo barroco. Maestro de temas religiosos, plasmó con fidelidad los nuevos designios de la Contrarreforma, creando un nuevo modelo de representación religiosa. Entre sus obras más famosas se encuentran las dedicadas al tema de la Inmaculada Concepción.

    Bartolomé Esteban Murillo nació en Sevilla (España) el 31 de diciembre de 1617. Su formación fue algo tardía, pues con diecinueve años entró en el taller del pintor Juan del Castillo.

    En la década de 1650 viajó a Madrid, donde conoció a Alonso Cano y a Zurbarán, al tiempo que pudo estudiar la obra de Rubens y Van Dyck. Se presume asimismo que también pudo coincidir en algún momento con Velázquez. No obstante, su gran éxito se produjo en Sevilla, donde desarrollaría la mayor parte de su producción y donde en 1660 fue nombrado Presidente de la Academia de Dibujo.

    En sus comienzos Murillo mostró un estilo clásico heredero de la tradición renacentista. A esta época pertenecen La Virgen con fray Laurencio, San Francisco y santo Tomás y La Virgen entregando el Rosario a santo Domingo, ambas de 1638.

    A partir de 1646 derivó hacia el tenebrismo y el realismo de Ribera y Zurbarán. En sus cuadros utilizó tipos y personajes vulgares y anónimos al estilo también de Caravaggio, como mendigos, pícaros, enfermos y otros desheredados. Ejemplos de este nuevo lenguaje son Niños espulgándose o Dos niños comiendo melón y uvas, pintados en 1650, la Sagrada familia del pajarito y Niños jugando a los dados.

    Hacia 1654 su lenguaje cambió de nuevo y su pintura dio un giro hacia la luz, el brillo, la paleta pastosa y las composiciones equilibradas que lo alejaban del dramatismo barroco. A partir de entonces la dulzura, la serenidad y la gracia se apoderaron del espíritu de los personajes representados por Murillo, la mayoría de ellos protagonistas de temas religiosos.

    De este periodo son la Virgen del Rosario, Magdalena Penitente, la Adoración de los pastores, la Virgen y san Bernardo, San Ildefonso, San Isidoro y La Visión de san Antonio de Padua. En 1656 pintó también una de sus Inmaculadas más atractivas, la Inmaculada de El Escorial, con su bello rostro adolescente y sus grandes ojos mirando hacia arriba; una novedad iconográfica, ya que la tradición representó siempre a la Inmaculada dirigiendo la mirada hacia abajo. Asimismo, el cuidado del dibujo aportaba monumentalidad y entidad a la composición.

    Para 1660 el estilo de Murillo había quedado ya plenamente definido. La claridad lumínica y suavidad cromática, la delicadeza y gracia femenina, la soltura del pincel y la vaporosidad y la luz blanquecina que daba cierto aire de irrealidad, fueron las características que inundarían desde ahora sus obras, como en el caso del Nacimiento de la Virgen.

    Otro tema que suscitó mucho interés en Murillo, aparte de las Inmaculadas, fue la infancia, que representó en la serie acerca de la infancia de Jesús y, desde el punto de vista popular, a través de niños jugando en la calle o pícaros comiendo. San Juanito con el cordero, San Juan Bautista niño, ambos de1660, Los niños de la Concha, Niños comiendo pastel, Tres niños o Invitación al juego de pelota a pala, todos de 1670, son algunos ejemplos.

    Entre las inmaculadas más bellas de los últimos años está la Inmaculada de Soult (1678). La composición triangular muestra a una Virgen de belleza idealizada que preside el centro de la misma. Su aparente estatismo contrasta con el movimiento de los querubines, representados al más puro estilo Murillo, con los mofletes redondos y sonrosados.

    La última obra de Murillo, el retablo de los Capuchinos de Cádiz, quedó inacabada, pues en 1682 Murillo murió al caerse de un andamio cuando trabajaba sobre la misma.