Alepo

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Alepo es la principal ciudad del norte de Siria y la segunda del país después de la capital, Damasco.

Emplazada en la margen izquierda del río Quwayq, es también la capital del estado de Jalab y se encuentra tan sólo a 48 kilómetros de Turquía. Su población es de 1.582.930 habitantes según el censo de 1994.

Los campos que rodean Alepo producen trigo, algodón, cebada, hortalizas, frutas, nueces y sésamo.

Las principales industrias que se encuentran en la ciudad son la de cemento, la textil de seda y algodón estampado, la manufactura de jabones y tintes y el procesado de cuero, lana y frutos secos. También hay otras industrias mecánicas y refinerías.

La vía férrea construida en tiempos del imperio Otomano para unir Estambul y Bagdad atraviesa la ciudad. También hay conexión por ferrocarril con Damasco y Beirut, por lo que constituye un importante centro dentro de la red de rutas comerciales que unen el Mediterráneo con el río Éufrates.

Historia

Alepo tiene una larga historia, producto de su estratégica ubicación geográfica. Aparece mencionada por vez primera en algunos textos de finales del tercer milenio a.C.

Hacia el año 1530 a.C. fue ocupada por el rey hitita Mursil I para, al poco tiempo, pasar a manos del faraón egipcio Tutmosis III. En el siglo XV a.C. fue nuevamente tomada por los hititas, de cuyo imperio entró a formar parte.

Los asirios la conquistaron en el siglo VIII a.C., mientras que durante los siglos VI y IV a.C. estuvo en poder de los persas aqueménidas. Tras la conquista de Alejandro Magno, cayó bajo el control de los seléucidas, quienes la reconstruyeron con el nombre de Berea y ya en el siglo I a.C. fue incluida dentro de la provincia romana de Siria.

En el año 540 de la era cristiana fue asaltada e incendiada por las tropas del rey sasánida Cosroes I, y posteriormente la reconstruyó el emperador bizantino Justiniano.

En 637 fue conquistada por los árabes, quienes le devolvieron su antiguo nombre semítico, Halab, y en 944 se convirtió en capital del emirato de Sayf al-Dawla.

Debido a su cercanía con la frontera que separaba el imperio Bizantino de los dominios árabes fue una plaza muy disputada, siendo asediada por los cruzados entre los años 1124 y 1125, aunque sin éxito.

Después de sufrir el efecto de varios terremotos, el Sultán de Egipto y Siria Saladino la reconstruyó y la transformó en un gran centro intelectual y religioso.

Posteriormente se instalaron en Alepo los mogoles (quienes exterminaron a sus habitantes en 1260) y los mamelucos. En 1516 los otomanos la anexionaron a su imperio. A partir de ese momento y gracias a su conversión en el principal mercado de Oriente Próximo, la ciudad conoció una gran prosperidad que se prolongó hasta finales del siglo XVIII.

Después de la Primera Guerra Mundial conoció un breve periodo de autogobierno (1920-1924), truncado por su incorporación al mandato francés de Siria.

En 1941, con la proclamación de la independencia del estado sirio, se convirtió en una de las principales ciudades de la nueva república.

Arte y cultura

La actual Alepo cuenta con una universidad, un instituto de música y varias madrasas o escuelas de teología coránica.

El casco antiguo de la ciudad rodea la ciudadela construida en el siglo XII y contiene los bazares cubiertos más antiguos de Oriente Próximo. La ciudad vieja está incluida en la lista de la UNESCO de lugares Patrimonio de la Humanidad.

De entre los principales monumentos que se conservan en la ciudad destacan los restos de las murallas romanas, cuatro puertas monumentales de época medieval, la mencionada ciudadela y, sobre todo, la gran mezquita construida por los omeyas en 715 y reconstruida en 1258, llamada mezquita de Zacarías en honor al padre de Juan el Bautista.

El Museo Nacional exhibe antiguos objetos encontrados en las excavaciones arqueológicas realizadas en la Siria septentrional.