Antártida

El continente helado de la Antártida ocupa una amplísima masa de tierra en torno al Polo Sur. Esta gigantesca extensión helada representa el lugar más remoto, virgen e inhóspito de la Tierra, a la par que uno de los más bellos de todo el planeta azul. La preservación de su vida salvaje y de sus ingentes riquezas naturales es uno de los grandes retos de la humanidad del siglo xxi.

El nombre de Antártida proviene de las palabras griegas anti, “contra”, y arkte, “osa”, puesto que se ubica en el hemisferio sur, desde el que no se divisa la Osa Mayor. El continente se halla rodeado por el océano Glacial Ártico, el cual se trata en realidad de la unión de los extremos meridionales de los océanos Pacífico, Atlántico e Índico. Gran parte de sus aguas se encuentran congeladas debido a las extremas temperaturas reinantes y forman la llamada banquisa antártica, la cual alcanza en invierno los 50º de latitud sur. El acceso al continente resulta complicado debido a tal banquisa y a la presencia de icebergs.

Foto satelital de Antártida.

Medio físico

El continente antártico se extiende sobre una superficie de más de trece millones de kilómetros cuadrados, cifra en la que no se incluyen las islas y las plataformas de hielo circundantes. Estas últimas representan aproximadamente otro millón de kilómetros cuadrados. El Polo Sur terrestre se halla más o menos en el centro de la Antártida. El continente americano dista unos 1.000 km de la Antártida; Nueva Zelanda, 2.200 km, y África, 3.600 km.

Mapa físico del continente antártico e islas circundantes.

En el hemisferio oriental, lindante con el océano Índico, el perímetro de la Antártida es bastante regular: sigue más o menos la línea del Círculo Polar Antártico. El litoral correspondiente al hemisferio occidental es, por el contrario, muy irregular. En él se sitúa la península Antártica, que se prolonga más allá del círculo polar hasta las proximidades de las islas Órcadas y Shetland del Sur. La Tierra del Fuego, extremo meridional de América, se encuentra más al norte.

Al este de la península se halla el mar de Weddell, y al oeste los de Bellinghausen y Amundsen. Este último baña las costas de la Tierra de Marie Byrd. Siguiendo el litoral hacia al oeste se perfila una gran bahía bañada por el mar de Ross. Más allá se suceden la Tierra Victoria, la Tierra Adelia, la Tierra de Wilkes, la Tierra de la Reina Isabel, la Tierra de Enderby y la Tierra de la Reina Maud. Esta última se abre a las aguas del mar de Weddell, que se extiende hasta la península Antártica.

En la fotografía satélite se puede apreciar el desprendimiento de masas de hielo del bloque helado que cubre la bahía de MacMurdo, en el mar de Ross.

La Antártida se levanta sobre un macizo rocoso tabular muy antiguo y fuertemente erosionado, pues sus rocas son precámbricas y paleozoicas. Este macizo ha sufrido diversas fracturas y erupciones volcánicas, responsables del singular modelado del relieve antártico. La bahía del mar de Ross es una gran zona hundida por la ruptura del macizo antártico.

La cadena montañosa más importante es la cordillera Transantártica, que recorre unos cuatro mil kilómetros desde el mar de Weddell hasta el de Ross. La cima más alta de la Antártida es la del monte Vinson, en la cordillera Sentinel Range (Tierra de Marie Byrd), con una altura de 5.140 metros. Al oeste del mar de Ross, cuya bahía interior está ocupada por una banquisa (capa de hielo formada por la congelación del agua marina), hay una cordillera costera con picos superiores a los 3.000 metros. En él se alza un volcán activo: el Erebus, en la isla de Ross, de 3.794 metros de altura. Otra gran banquisa es la que ocupa el interior de la bahía bañada por el mar de Weddell.

Los icebergs, masas heladas que flotan en las regiones frías de la Antártida, son enormes bloques de hielo desprendidos de los glaciares. En la imagen, un iceberg a punto de desprenderse de su lengua glaciar.

El 95 % del continente se encuentra cubierto de hielo, cuyo espesor máximo alcanza los 4.000 metros. La densidad de la nieve en las capas más cercanas a la superficie de la Antártida es de 0,3 g/cm3. A medida que se desciende, los cristales de hielo son mayores y crece su densidad. En la cota comprendida entre los cincuenta y los cien metros de profundidad, el hielo es absolutamente compacto, carente de toda porosidad.

Los glaciares se extienden principalmente por las zonas costeras y las islas adyacentes, siendo infrecuentes en el interior del continente. El glaciar más grande del mundo, el Lambert, se halla en la Antártida. La ruptura de los glaciares costeros es causa del surgimiento de enormes icebergs que flotan a la deriva por el océano.

La extensión de hielos marinos que rodea a la Antártida experimenta grandes fluctuaciones estacionales, ya que pasa de veinte millones de kilómetros cuadrados en septiembre a sólo cuatro en marzo, final del verano antártico. Esta variabilidad, que significa la disminución de hasta tres cuartas partes de la superficie helada, es mucho mayor que en el Ártico.

La Convergencia Antártica representa la frontera de los mares antárticos y los australes, que son el Pacífico sur, el Atlántico sur y el Índico. Por debajo de esta línea, ubicada en la franja comprendida entre 50 y 60° de latitud sur, la temperatura del agua marina experimenta una fuerte caída.

Las tierras de la Antártida formaron parte del paleocontinente austral de Gondwana, junto con Sudamérica, África, el sur de la India y Australia, hasta finales del Cenozoico. Tras su desgajamiento de Gondwana, la Antártida permaneció unida durante millones de años a las tierras de la actual Australia. Con posterioridad, el territorio antártico se separó de Australia para iniciar una deriva hacia las latitudes polares. Del remoto pasado geológico de la Antártida son buena muestra los fósiles de dinosaurios, pájaros y reptiles marinos hallados en su suelo.

El monte Ongal, en las montañas Tangra de las islas Shetland del Sur. Dentro del conjunto antártico se incluyen una serie de islas prácticamente deshabitadas como son las mencionadas Shetland del Sur, Georgias del Sur, la isla Heard, entre otras.

Relativamente cerca de la Antártida se levanta una serie de archipiélagos e islas prácticamente deshabitados. Entre ellos pueden señalarse siguientes la isla noruega de Bouvet, los archipiélagos franceses de Crozet y Kerguelen, la isla también francesa de Amsterdam, la isla Heard y el archipiélago McDonald (ambos de soberanía australiana), los archipiélagos de Balleny y Auckland (de soberanía neozelandesa) y las británicas Shetland del Sur, Órcadas del Sur, Georgias del Sur y Sandwich del Sur.

Clima

El clima de la Antártida es el más frío del planeta. En la base rusa de Vostok se ha medido la temperatura más baja de la Tierra: –89 °C. La temperatura media en el mes menos gélido (enero) es de –20 °C. En la península Antártica, que representa la zona más templada del continente helado, se han alcanzado temperaturas máximas estivales de 15 °C. Ello se debe al efecto atemperador de las corrientes marinas sobre la península, cuyo extremo se sitúa fuera del círculo polar.

La pluviosidad en la Antártida es muy baja, sobre todo en el interior: allí no se supera la cota de los 50 milímetros de agua anuales. Las precipitaciones son mayores en el litoral, donde pueden registrarse hasta 250 milímetros anuales, casi siempre en forma de nieve. Los fuertes vientos gélidos que azotan el suelo antártico, sobre todo las regiones costeras, hacen que la sensación térmica de frío sea aún mayor. Estos vientos, que pueden superar los 300 kilómetros por hora, generan ventiscas que sepultan todo lo que encuentran a su paso bajo una capa de varios metros de nieve.

La temperatura de las aguas de los mares antárticos oscila entre 0 y 1 °C. El agua superficial está tan fría como la más profunda. La corriente antártica circumpolar ejerce una importante influencia sobre las aguas que bañan la Antártida.

En el continente helado se puede contemplar la aurora austral, fenómeno atmosférico relacionado con el magnetismo de la Tierra que se caracteriza por sus espectaculares efectos lumínicos. Las auroras australes, al igual que las boreales propias del Ártico, se manifiestan generalmente mediante la proyección fugaz en el cielo de fajas luminosas de varios colores.

Otro fenómeno de la atmósfera antártica son los halos, causados por la refracción de los rayos solares en los cristales de hielo presentes en las nubes. Los halos son anillos luminosos concéntricos que se observan en el cielo. Más espectaculares si cabe son los espejismos, que producen una desconcertante inversión de las imágenes a ojos del observador.

Los espejismos obedecen también a la refracción de los rayos solares, debida en este caso a la superposición de capas de aire frío y caliente. Por otra parte, las tierras antárticas gozan de seis meses seguidos de luz solar, en los que la noche no existe como tal. A estos seis meses, correspondientes al verano antártico, siguen otros tantos de completa oscuridad que representan el invierno antártico.

Flora y fauna

La flora de la Antártida es casi inexistente, reducida principalmente a las pequeñas zonas que quedan libres de los hielos en parte del verano antártico. Se trata sobre todo de líquenes (se ha confirmado la existencia de más de 150 especies), musgos y algas. El liquen, asociación simbiótica entre un hongo y un alga, está bien adaptado a las extremas condiciones climáticas antárticas merced a la hidratación proporcionada por el hongo y a la síntesis de hidrato de carbono practicada por el alga.

Los musgos prosperan en los lugares de nidificación de las aves, ya que se benefician de los nutrientes del guano. Lo mismo ocurre con las algas terrestres. Éstas son menos numerosas que las marinas, de las que existe una gran diversidad. La mayoría de las especies de macroalgas antárticas son rojas, figurando a continuación las de color pardo y las verdes. En torno a un 40 % son endémicas.

Por otra parte, se ha descubierto la existencia de microalgas que habitan en la superficie interior de las masas heladas. Las comunidades de microalgas cubren buena parte de los hielos antárticos, así como de los fondos marinos.

También hay algunas plantas fanerógamas en las zonas de la Antártida más resguardadas del viento, caso del pasto antártico y del clavelito antártico. Las flores de estas plantas son hermafroditas. El viento se encarga de transportar los granos de polen del pasto antártico, cuya población en el continente helado parece ser cada vez mayor. El clavelito antártico, menos extendido que el pasto, se reproduce por medio de la autofecundación.

La vida en la Antártida se reduce prácticamente a aves como el albatros o los pingüinos, o a la fauna marina, ya sean mamíferos como las focas o diversos cetáceos, ya sean peces.

La vida en la Antártida se reduce prácticamente a aves como el albatros o los pingüinos, o a la fauna marina, ya sean mamíferos como las focas o diversos cetáceos, ya sean peces.

Mucho más abundante que la flora es la fauna costera, tanto terrestre como marina. Entre los animales terrestres cabe señalar a los pingüinos, aves que han perdido la facultad de volar. Sus alas, muy reducidas, ejercen la función de aletas para nadar. Las plumas y la capa de grasa subcutánea de estos animales les ofrecen una gran protección frente al frío. Hay varias especies de pingüinos antárticos, como el de Adelia (también conocido como pingüino de ojo blanco), el emperador, el rey y el de barbijo. Entre las aves voladoras figuran petreles, albatros, cormoranes antárticos, palomas antárticas (única ave terrestre del continente helado), gaviotas cocineras y gaviotines antárticos.

Las aves antárticas no tienen predadores terrestres. Todas ellas nidifican en el litoral libre de hielos. Por lo que respecta a la fauna marina, destacan las poblaciones de elefantes marinos, focas, cetáceos, peces, etc. Al igual que los pingüinos, los mamíferos marinos tienen un denso pelaje y una gran reserva de grasa corporal para afrontar las bajísimas temperaturas propias de estas latitudes. Las principales especies de focas son la de Ross, la de Weddell y la foca leopardo.

Entre los cetáceos, de los que hay una quincena de especies en aguas antárticas, destacan los rorcuales, las ballenas, los cachalotes y los calderones. Tanto el guano de las aves marinas como el excremento de las focas suponen un importante aporte de nutrientes para el litoral antártico, desempeñando un importante papel en el equilibrio ecológico de este hábitat único en el mundo.

Dentro del perímetro de la Convergencia Antártica viven unas 300 especies de peces, la mayoría de ellos endémicos. Algunas de estas especies se han adaptado a las gélidas aguas por la presencia en su sangre de sustancias anticongelantes. Los peces más extendidos en la región más meridional del mundo son los llamados bacalaos del Antártico.

Base de la cadena alimentaria en los océanos antárticos, el krill es un pequeño invertebrado marino del grupo de los crustáceos.

Entre los invertebrados marinos hay que subrayar la presencia de un pequeño crustáceo, el krill. Éste, que se alimenta de algas, compone el zooplancton que representa la base de la cadena alimentaria de los océanos antárticos. Existe además una gran variedad de esponjas, bivalvos, caracoles y arañas de mar, entre otras especies.

La especie animal conocida que vive más cerca del Polo Sur es un pequeñísimo ácaro rosado bautizado con el nombre científico de Nanorchestes antarcticus. Se han encontrado ejemplares de este ácaro a sólo medio millar de kilómetros del Polo Sur.

El hombre y el medio

En la Antártida, la única población humana es la adscrita a los centros científicos repartidos principalmente por el litoral. También hay algunas bases pesqueras, que limitan su actividad a los meses del verano antártico. Varios países tienen estaciones científicas temporales en la Antártida. Estas dotaciones pertenecen a Alemania (base de Neumayer), la India (Maitri), Rusia (Novolazarevskaia, Molodezhnaya y Vostok), Japón (Dome Fuji y Syowa), Australia (Mawson, Davis y Casey), China (Zhong Shan), Francia (Dumont d’Urbille), el Reino Unido (Rothera, Halley y Faraday, esta última compartida con Ucrania) los Estados Unidos (Palmer, Mac Murdo y Amundsen Scott), la Argentina (Esperanza, Marambio, San Martín, Belgrano ii y Belgrano iii), Chile (Bernardo O’Higgins y Arturo Prat), Nueva Zelanda (Scott) y España (Juan Carlos i).

Sólo las estaciones de San Martín, Rothera, Syowa, Vostok y Amundsen Scott no están ubicadas en el litoral. La última de las citadas se localiza justo en el Polo Sur. El Tratado de la Antártida prohíbe el establecimiento en su suelo de todo tipo de base o fortificación de carácter militar, así como la realización de cualquier maniobra militar o ensayo de armamento. Sólo se permite el empleo de personal o equipamiento militar para la investigación científica o cualquier otro fin pacífico.

Fotografía de la base polar estadounidense Amundsen Scott durante la larga noche antártica (el fulgor verde en el cielo procede de la aurora boreal). En la Antártida, la única población humana es la que vive en las estaciones científicas repartidas principalmente por el litoral.

El subsuelo antártico, que permanece virgen, alberga grandes riquezas minerales: petróleo, carbón, cromo, cobre, plata, uranio y hierro, entre otros. El petróleo se concentra en las plataformas continentales de los mares de Amundsen, Weddell y Ross. La cuenca del mar de Ross es particularmente rica en yacimientos petrolíferos, conforme a las prospecciones realizadas en dicha zona en la década de 1970. No obstante, en virtud de los acuerdos de protección de la Antártida sigue sin haber actividad extractiva alguna en suelo antártico.

Las únicas actividades económicas desarrolladas en el continente y sus aguas próximas son la pesca y el turismo. La pesca se localiza mayoritariamente en las aguas comprendidas entre la península Antártica y la Patagonia. La Convención para la Conservación de los Recursos de la Vida Marina de la Antártida fija un límite recomendado de capturas para las distintas especies marinas, lo que no ha impedido la existencia de capturas no reguladas.

El turismo parece perfilarse a principios del siglo xxi como una actividad económica con gran potencial. A mediados de la década de 2000, el número de visitantes anuales superaba la cifra de veinte mil. Lo cierto es que cada vez son más las embarcaciones turísticas que se acercan a las aguas antárticas para la observación de los glaciares costeros y de sus especies faunísticas. Estas excursiones, realizadas en los días menos desapacibles del verano antártico, tienen como principal escenario la península antártica.

En la Antártida hay 28 aeródromos, todos ellos carentes de pavimentación. Se trata de meras pistas para el despegue y aterrizaje de avionetas, sin instalaciones anejas como terminales, depósitos de combustible, etc. A estos aeródromos se añaden cerca de cuarenta helipuertos. No existen puertos propiamente dichos, sino pequeños embarcaderos flotantes asociados al abastecimiento de las estaciones costeras.

El Tratado de la Antártida fue firmado en 1959 por la Argentina, Australia, Bélgica, Chile, los Estados Unidos, Francia, Japón, Nueva Zelanda, Noruega, el Reino Unido, Sudáfrica y la entonces Unión Soviética (sucedida en 1991 por Rusia). El acuerdo, que entró en vigor dos años más tarde, dispuso que el continente antártico sólo podría ser empleado con fines pacíficos, particularmente para la investigación científica. La Conferencia sobre la Antártida de 1985 reafirmó la desmilitarización y desnuclearización del continente helado, así como el rechazo a toda pretensión de soberanía sobre el mismo.

Por el Tratado de la Antártida de 1959, diversos países, entre ellos la Argentina y Chile, se comprometieron a utilizar el continente para fines pacíficos y, especialmente, para el desarrollo de investigaciones científicas. En la imagen, lanzamiento de un globo sonda con el objetivo de estudiar los espectros de microondas e infrarrojos (experimento TopHat de la NASA).

En 1991 se suscribió en Madrid un protocolo de protección ambiental anexo al Tratado de la Antártida, merced al cual se otorgó a este territorio la calificación de reserva natural para la ciencia y se prohibió expresamente la explotación de sus recursos minerales. En la capital española se prorrogó asimismo el Tratado de la Antártida, que cumplía tres decenios, hasta el año 2041.

No obstante, el Reino Unido, la Argentina, Chile, Noruega, Australia, Francia y Nueva Zelanda mantienen reclamaciones territoriales sobre el suelo antártico. Las reivindicaciones de argentinos, británicos y chilenos se solapan, lo que podría ser una fuente de conflicto en el futuro. Además, Australia, Chile y la Argentina reclaman una zona económica exclusiva sobre la sección de 200 millas náuticas contigua al litoral reclamado.

A principios de 2006, 45 estados formaban parte del Tratado de la Antártida: 28 de ellos tenían derecho a voto, mientras que los restantes 17 sólo poseían un estatus de observadores. Los doce firmantes originarios se cuentan en el primer grupo, al que también pertenecían otros 16 de todos los continentes.

La Antártida fue la última región del planeta explorada por la humanidad, aunque su existencia se presumía ya desde el siglo xvi. Prueba de ello es que en todos los mapas cartográficos de la época figuraba una llamada Terra Australis, a la que se ubicaba en los confines meridionales de la Tierra.

El británico James Cook fue, en la década de 1770, el primero en cruzar la línea del Círculo Polar Antártico. Medio siglo más tarde, en 1820, su compatriota Edward Bransfield y el estadounidense Nathaniel Palmer alcanzaron la península Antártica. Bransfield se había destacado años atrás, junto a Fabian von Bellinghausen y William Smith, por el descubrimiento de las islas Shetland del Sur.

El 14 de diciembre de 1911, el noruego Roald Amundsen (en la imagen) se convirtió en el primer ser humano que pisó el Polo Sur.

A lo largo del siglo xix se sucedieron diversas expediciones. Gran parte de las denominaciones geográficas del continente helado y de sus aguas anejas, tal es el caso de la Tierra de Wilkes o de los mares de Ross y Weddell, representan un homenaje a intrépidos exploradores decimonónicos de la Antártida: Charles Wilkes, James Clark Ross, James Weddell, etc. El primero de ellos fue quien acuñó el término de Antártida (en inglés, Antarctica, tomado a su vez del griego), que significa «al otro extremo del Ártico». Ya en el siglo xx, el 14 de diciembre de 1911 el noruego Roald Amundsen se convirtió en el primer ser humano en llegar al Polo Sur.

El progresivo calentamiento del planeta es el responsable de la fundición de parte de los glaciares de la Antártida, lo que está trayendo consigo una preocupante elevación del nivel de los océanos. El derretimiento de los hielos que cubren la Antártida anegaría las partes más bajas del planeta, borrando del mapa a buen número de países insulares. Un indicador de la fundición de los glaciares antárticos es el creciente número de icebergs desprendidos del litoral del continente helado.

La Antártida sufre además otro grave problema ambiental creado por el hombre: la destrucción de parte de la capa de ozono de la atmósfera como consecuencia de la emisión de gases clorofluorocarbonados (cfc). La capa de ozono que cubre el continente helado presenta un gran agujero, lo que impide el filtrado de peligrosas radiaciones solares como los rayos ultravioleta.