La región ártica

El Ártico, amplia región comprendida en torno al Polo Norte, es la zona más septentrional de la Tierra. Los territorios árticos, ricos en recursos naturales, cuentan con poblaciones humanas que han logrado adaptarse a la rigurosidad del clima y desarrollado una cultura que figura entre las más singulares del planeta.

Al contrario que la Antártida, el Ártico no constituye un continente, dado que en su mayor parte está formado por aguas oceánicas heladas permanentemente. Su dominio bioclimático se extiende, no obstante, al conjunto de las tierras continentales emergidas y los archipiélagos que delimitan geográficamente esta región.

Medio físico

La región del Ártico se extiende sobre el casquete polar del norte del planeta y las tierras adyacentes. Sus límites son algo imprecisos, dependiendo de la convención que se adopte. Si se consideran las tierras y aguas situadas al norte de la línea isotérmica de 10 °C (temperatura máxima anual) en el mes de julio, la región abarca territorios del norte de Alaska (Estados Unidos) y de Canadá, así como las islas de Groenlandia (Dinamarca) e Islandia, la isla noruega de Jan Mayen, el archipiélago también noruego de Svalbard, y la franja más septentrional de Escandinavia y de Rusia (incluidos varios archipiélagos, con islas de gran tamaño, como los de Nueva Zembla y Nueva Siberia). Esa línea isotérmica coincide aproximadamente con el círculo polar ártico.

Mapa físico del Ártico.

El estrecho de Bering separa el territorio americano de Alaska del asiático de Siberia. Al norte se halla el mar de Chukots. El nordeste de Canadá está salpicado de numerosas islas que se alzan entre el continente americano y Groenlandia, la mayor de las cuales es la Tierra de Baffin. Ésta se encuentra separada de Groenlandia por las aguas del mar de Baffin.

Las tierras árticas están bañadas por el océano Glaciar Ártico, buena parte de las cuales permanecen heladas casi todo el año. Sólo la masa acuática más cercana al Polo Norte está helada permanentemente, aunque los hielos se están reduciendo de manera progresiva como consecuencia del cambio climático sufrido por la Tierra. El hielo de la zona central del casquete polar ártico tiene actualmente unos tres metros de espesor.

Es frecuente la formación de icebergs en la zona atlántica del Ártico. Los icebergs son bloques de hielo desgajados de los glaciares continentales del oeste de Groenlandia (aquí se localiza la mayor masa de hielo terrestre del planeta, tras la de la Antártida) y el extremo nororiental de Canadá. Estas masas de hielo, que tras desprenderse flotan a la deriva por el Atlántico norte, representan un grave peligro para la navegación. Como hecho ejemplar, el hundimiento del Titanic en 1912 fue consecuencia de su choque con un iceberg.

La geología del Ártico está marcada por la presencia de tres antiguos escudos continentales compuestos principalmente de granito y gneis: el escudo ruso-báltico-escandinavo, el de Angará (plataforma siberiana) y el canadiense. Este último comprende casi todo el Ártico de Canadá. Vastas planicies costeras recorren la mayor parte del norte ruso, así como el oeste de Alaska y el noroeste de Canadá.

El territorio ártico no sólo comprende el casquete polar sino todas aquellas tierras cuya temperatura máxima anual no sobrepase los 10 °C. Los montes Brooks (en la imagen), forman dicho límite en la península de Alaska.

Las montañas se levantan al este del Ártico canadiense, particularmente en la Tierra de Baffin, además de en el litoral groenlandés, en Islandia, al noroeste de Escandinavia, en el extremo nororiental de Siberia y al nordeste y en el interior de Alaska. En este último territorio se halla la mayor altura de Norteamérica, el monte McKinley (6.194 m). Entre los principales cursos fluviales que riegan las tierras árticas pueden señalarse los americanos McKenzie y Yukón y los siberianos Obi, Yeniséi y Lena.

Clima, flora y fauna

Hay que distinguir entre las zonas septentrionales de clima estrictamente polar y las meridionales de tundra. En las primeras, las temperaturas son muy bajas durante todo el año, oscilando en invierno en torno a los –25 °C (aunque hay lugares en los que el termómetro desciende por debajo de los –50 °C). La estación estival es muy corta. Las lluvias son escasas, y siempre en forma de nieve.

La aurora boreal, fenómeno atmosférico asociado al efecto de los campos magnéticos, es un hermoso espectáculo lumínico propio de estas latitudes tan septentrionales. Otro singular fenómeno atmosférico es el llamado sol de medianoche, que se aprecia mejor cuanto más al norte: en el Polo Norte, el sol no se pone a lo largo de seis meses, de modo que hay luz nocturna. La otra cara del sol de medianoche se da los otros seis meses del año, cuando la oscuridad reina las 24 horas del día.

En las zonas árticas se disfruta de uno de los más bellos fenómenos ópticos de la naturaleza: la aurora boreal (en la imagen). Los efectos lumínicos están causados por el efecto de los campos magnéticos.

En las zonas de tundra, las temperaturas son también muy frías, aunque más templadas que en las regiones de hielos perpetuos: la temperatura media es de unos –10 °C, y en verano se alcanzan los 10 °C. Las precipitaciones son igualmente escasas, y en general en forma de nieve.

El suelo de la tundra, o permafrost, permanece helado durante diez meses del año. Sólo en los dos meses estivales, coincidiendo con el deshielo, salen a la superficie líquenes, musgos, juncos, gramíneas, etc. El deshielo trae consigo la formación de zonas pantanosas, dada la escasa permeabilidad del suelo, lo que favorece la proliferación de insectos. Esto último atrae a numerosas aves migratorias, como ánsares, grullas y cisnes, que ponen allí sus nidos.

Entre los principales mamíferos terrestres de la tundra figuran la liebre ártica, el reno, el zorro ártico y el oso polar. En cuanto a los mamíferos acuáticos, cabe señalar la presencia de focas y nutrias, entre otros.

En las masas de hielo más septentrionales no existe vegetación alguna, pero sí encuentran asiento algunos animales adaptados al frío extremo como los osos polares y las focas. Éstos pueden soportar temperaturas muy bajas gracias al aislamiento térmico que les proporciona la gruesa capa de grasa que tienen bajo la piel.

Las focas y otros mamíferos marinos se cuentan entre los escasos animales de cierto tamaño que habitan las regiones árticas. Sus únicos depredadores son el oso polar y la orca.

Las focas y otros mamíferos marinos se cuentan entre los escasos animales de cierto tamaño que habitan las regiones árticas. Sus únicos depredadores son el oso polar y la orca.

Las focas y otros mamíferos marinos se cuentan entre los escasos animales de cierto tamaño que habitan las regiones árticas. Sus únicos depredadores son el oso polar y la orca.

En cuanto a las aves, cabe apuntar al petrel y al frailecillo. En las aguas del Ártico viven, además de focas, otros mamíferos marinos como morsas y ballenas. A todos ellos hay que añadir numerosas especies de peces, como el bacalao y el salmón, especialmente abundantes en las aguas costeras. El océano Glaciar Ártico alberga asimismo numerosas colonias de invertebrados.

El hombre y el medio

Pese a las adversas condiciones climáticas del Ártico, varios grupos humanos llevan miles de años habitando en su entorno. Estas comunidades humanas están integradas sobre todo por los inuit (antes llamados esquimales), los lapones y los pueblos siberianos. Los primeros se extienden por Alaska, Canadá y Groenlandia.

Los aleutianos, que habitan en las islas Aleutianas, al sur del mar de Bering, están emparentados con los inuit. Los lapones, por su parte, habitan al norte de Escandinavia. En el extremo norte de la Rusia europea viven los komis, emparentados con lapones y otros pueblos ugrofineses. Entre los pueblos siberianos, que se extienden por las costas árticas de la Rusia asiática, se encuentran los samoyedos, los tunguses, los yakutios, etcétera.

El cristianismo y el chamanismo son las religiones más extendidas por la región. Los distintos dialectos inuit pertenecientes a la familia lingüística esquimal-aleutiana y el lapón, junto con las lenguas uraloaltaicas del extremo norte de Siberia, son los idiomas más hablados en el Ártico. A ellos hay que sumar otras lenguas foráneas como el inglés, el ruso y los idiomas escandinavos.

La densidad de población es muy baja en esta región. En Groenlandia y en las zonas árticas de Alaska y Canadá apenas hay ciudades de más de diez mil habitantes. En Escandinavia y en Rusia hay urbes de cierto tamaño, como es el caso de la noruega Tromso, de la capital islandesa Reykiavik y de las ciudades rusas de Murmansk y Norilsk.

El Ártico cuenta con una densidad de población muy baja y las poblaciones, salvo contadas excepciones, alcanzan los 10.000 habitantes. Un ejemplo de ello es la localidad groenlandesa de Jakobshavn (en la foto), con 4.533 habitantes.

La caza y la pesca han representado durante muchos siglos el sustento de la mayoría de las poblaciones del Ártico. Los osos polares y las focas han supuesto una importante fuente de carne, de grasa y de pieles para los grupos humanos de la región. Los esquimales han desarrollado herramientas de caza como los arpones, originales medios de transporte como el kayak y prendas de abrigo como la parka y el anorak.

El iglú, morada de hielo para pasar el invierno a resguardo de las tempestades, es otra invención esquimal o inuit. Por otra parte, la domesticación del husky siberiano fue obra de los chukchis del nordeste de Siberia, quienes se destacaron como los primeros en emplearlos para tirar de los trineos. Esta raza canina fue introducida a principios del siglo xx en Alaska, donde la similitud de las condiciones climáticas le permitió adaptarse a la perfección a las tierras del extremo norte americano.

En la sociedad inuit tradicional existía una rígida división del trabajo. Los hombres se encargaban de la caza y de la pesca como consecuencia de dicho reparto de tareas, mientras que las mujeres tenían encomendado el cuidado de los niños, la preparación de los alimentos y la limpieza de las tiendas o los iglúes. Uno de los rasgos más singulares de la cultura inuit se refiere a sus costumbres conyugales: eran frecuentes la poligamia y el divorcio, así como la hospitalidad sexual (el ofrecimiento al visitante, por cortesía, de la propia esposa).

La estructura familiar es muy flexible. A veces se incluyen en la familia sólo los progenitores y sus hijos, pero no es raro que también formen parte de la unidad familiar los abuelos o suegros e incluso niños adoptados. También se dan casos de varias unidades familiares que comparten cobijo y recursos. En general, existe un fuerte sentimiento comunitario que lleva a compartir los alimentos entre todos los componentes del grupo. No existe el concepto de propiedad privada de la tierra o de los animales.

La convivencia entre los inuit y otros pueblos vecinos, así como entre los propios esquimales, nunca ha estado libre de tensiones. Prácticas como las venganzas de sangre y el infanticidio han pervivido hasta tiempos relativamente recientes. Muchas de estas costumbres ancestrales han experimentado fuertes cambios con la influencia en las últimas décadas de las culturas circundantes. Ello no ha sido un obstáculo para el resurgimiento del sentimiento nacionalista inuit, que ha llevado a la creación de un territorio autónomo dentro de la federación canadiense: Nunavut, con competencias reconocidas en ciertas materias como la educación.

Los inuit, también llamados esquimales, están distribuidos por la franja ártica de Canadá, Siberia y Groenlandia. En la imagen, una mujer esquimal y su hija pescan en el congelado estrecho de Bering.

La actual economía ártica se funda en la explotación de recursos naturales como el petróleo y el gas natural. Existen también yacimientos minerales de hierro, plomo, níquel, cinc, uranio, criolita y estaño. A ello hay que añadir la ganadería de subsistencia desarrollada por las poblaciones nativas, la actividad pesquera y la caza de focas.

La ganadería consiste sobre todo en el pastoreo de renos, practicado sobre todo en el norte de Escandinavia y de Rusia (algo menos en Alaska, Canadá y Groenlandia). En Islandia y al sudoeste de Groenlandia viven rebaños de ovejas que representan una notable fuente de leche para las comunidades locales.

Buena parte de la pesca (tanto marítima como fluvial y lacustre) y de la caza realizadas por los pueblos nativos del Ártico sigue siendo de subsistencia. Existen grandes bancos de bacalao y de camarón frente a las costas occidentales de Groenlandia. Los principales puertos de la región son los de Murmansk (Rusia), Churchill (Canadá) y Prudhoe Bay (Estados Unidos).

El sector turístico es casi inexistente, aunque hay un creciente interés de la industria turística por promover algunos destinos de la región. El potencial turístico del Ártico, atendiendo a su exotismo y a la espectacularidad de su naturaleza y vida salvaje, puede ser muy notable.

Tal como se indicó anteriormente, el progresivo calentamiento de la Tierra está creando un grave problema en las regiones árticas, donde el espesor del hielo del casquete polar experimenta un adelgazamiento cada vez mayor. La línea de hielos perpetuos ha retrocedido en los últimos decenios, lo que ha llevado a la comunidad científica a alertar acerca de la posible desaparición del casquete polar en un futuro no muy lejano.

La conversión de las masas de hielo marinas en líquido elemento no traería consigo un aumento del nivel de las aguas. El problema estriba, al igual que en la Antártida, en el posible deshielo de los glaciares continentales del oeste de Groenlandia y el nordeste de Canadá, lo cual supondría una subida del nivel de las aguas marinas en todo el planeta.

Desde el punto de vista económico, el retroceso de los hielos árticos podría favorecer, paradójicamente, el desarrollo de la región, ya que permitiría la apertura de nuevas rutas permanentes para la navegación. El transporte marítimo de mercancías entre Norteamérica y el norte de Eurasia, surcando aguas que en la actualidad son casi impracticables por estar heladas, daría un gran impulso al comercio internacional.

Varias zonas marítimas del Ártico son objeto de disputa entre los distintos estados de la zona, en particular entre Canadá y los Estados Unidos. La gran riqueza en hidrocarburos y minerales del extremo septentrional de la Tierra, junto a las nuevas posibilidades comerciales abiertas por el progresivo deshielo, han aumentado la rivalidad por su control.