Guerras indias (Estados Unidos)

Recreación pictórica de las guerras indias.

Serie de conflictos acaecidos, aproximadamente, entre 1820 y 1890 y protagonizados por los nativos del continente americano y los colonos que estaban poblando las tierras estadounidenses y expandiendo los territorios de este país al oeste de los montes Apalaches. Las guerras indias se produjeron con frecuencia, aunque intermitentemente, durante la mayor parte del siglo XIX.

No obstante, también podrían abordarse desde un punto de vista más amplio, considerando como tales los enfrentamientos entre los colonos de origen europeo y las tribus nativas de Norteamérica registrados desde la llegada a las costas de Nueva Inglaterra de los pioneros ingleses. En este sentido, hay que destacar los numerosos enfrentamientos durante el periodo colonial (1622-1774) entre las tribus amerindias y las potencias colonizadoras europeas, especialmente Inglaterra y Francia. Tras la guerra de independencia (1775-1783) y la fundación de los Estados Unidos, las guerras continuaron entre el nuevo país y los nativos hasta 1890.

Antecedentes

En torno al año 1800 la población no india de lo que más tarde sería el medio oeste de Estados Unidos era sólo de 51.000 habitantes. Los montañeros y tramperos, que ya en la década de 1820 recorrían las llanuras y cordilleras, presagiaban por primera vez la gran ola migratoria que se produciría a mediados del siglo XIX.

Como los colonos no estaban penetrando en un territorio deshabitado, estallaron los lógicos conflictos con los pobladores indígenas. Un problema importante era que cada parte tenía un concepto distinto de la legalidad: mientras que los blancos creían que habían comprado una determinada zona de forma justa, los indios sostenían que los vendedores no tenían derecho a comerciar con los dominios de la tribu e, incluso, que ese tipo de tierras no podían venderse. Los territorios del noroeste fueron el escenario de repetidas batallas a mediados del decenio de 1790 y también en 1808-1809; algunos de estos enfrentamientos fueron decisivos, como por ejemplo la batalla de Fallen Timbers, que en 1794 acabó con el poder indio en Ohio.

El fracaso de las grandes coaliciones indias

En 1811 los estadounidenses se enfrentaron a uno de sus más serios desafíos hasta entonces, cuando Tecumshe, caudillo de los shawnee, intentó formar una gran confederación india, que amenazaba toda la frontera de los Estados Unidos, desde Canadá a México, y buscar la alianza militar con los ingleses. Pero aun con un líder tan fuerte, la resistencia india seguía siendo inútil. En 1811 el hermano del caudillo indio fue derrotado por el gobernador de Indiana, William Henry Harrison, en la batalla de Tippecanoe. Tecumseh murió en la batalla del Támesis (1813), y al año siguiente el general Andrew Jackson venció a los creeks de Georgia en la batalla de Horseshoe Bend.

En 1814 los ingleses exigieron como condiciones de paz a los estadounidenses que se creara un territorio indio permanente en el noroeste, pero los acontecimientos militares de los meses siguientes hicieron de esta petición algo poco realista, y desde ese año los indios se quedaron sin aliados extranjeros. En 1819 el tratado de Saginaw reconoció la hegemonía de los Estados Unidos en el noroeste. Los indios cedieron aproximadamente una sexta parte de su territorio, unos 2,4 millones de hectáreas, que se convirtieron en el estado de Michigan. En 1832, una campaña fallida del jefe sac Halcón Negro permitió a los Estados Unidos consolidar su posición en todo Illinois y entrar en Iowa.

El indudable aumento del poder de los blancos dejaba pocas opciones a los pueblos indios. Al margen de la emigración hacia el oeste, la única opción que les quedaba era hacerse estadounidenses, crear una nueva civilización que los blancos pudieran respetar y tratar con ellos en términos de relativa igualdad. Eso es lo que hicieron en el sur los pueblos conocidos como las "Cinco Tribus Civilizadas": los cherokees, los choctaw, los chikasaw, los creeks y los seminolas.

Desarrollo de las guerras indias a gran escala

Pese a todos sus esfuerzos, las circunstancias eran muy adversas para los pueblos indígenas. Hacia 1830, unos 60.000 indios ocupaban 10 millones de hectáreas del viejo suroeste, territorios que los colonos, plantadores y especuladores deseaban con avidez. Durante todo el decenio de 1820 aumentó la presión para que fueran eliminados, y la toma de posesión del presidente Andrew Jackson en 1829 ofreció la oportunidad ideal a los defensores de la colonización blanca, ya que Jackson era ferviente partidario de ésta. Por otra parte, lo que era todavía peor para los indios, en 1829 se descubrió oro en sus territorios de Georgia.

Se presionó a las tribus para que aceptaran ser reubicadas en un nuevo territorio indio, al oeste del Mississippi, y al menos una parte de sus jefes aceptó. En 1830, Jackson firmó la ley sobre la retirada de los indios. Estas medidas, además de despóticas, eran ilegales, pero Jackson ignoró la condena del Tribunal Supremo de los Estados Unidos. Durante la década siguiente, las tribus “civilizadas” fueron desplazadas por el ejército, a menudo a punta de bayoneta. La resultante migración forzada de los cherokees, lo que se conoce como el "Camino de las Lágrimas", se llevó la vida de miles de indios. El incidente prendió aún otra agotadora guerra en el sureste, cuando los seminolas de Florida prefirieron resistir a sucumbir. Entre 1820 y 1845, el número de indios que vivían al este del Mississippi descendió de unos 120.000 hasta menos 30.000.

Expansión blanca hacia las grandes llanuras

Después del tratado de Guadalupe-Hidalgo de 1848, por el que se puso fin a la guerra entre México y los Estados Unidos, la precipitada carrera por construir un imperio continental en los territorios arrebatados a México se llevó a cabo con escasa consideración hacia los pueblos que allí habitaban, ya fueran mexicanos o indios autóctonos. A medida que fue creciendo el área colonizada por los blancos, los estadounidenses descendientes de europeos entraron en contacto con grupos indígenas que hasta entonces habían evitado los efectos de la civilización, y el contacto fue por lo general desastroso para estos últimos.

Mientras que los acontecimientos de las décadas de 1820 y 1830 fueron catastróficos para las poblaciones indias del medio oeste, parece que no afectaron mucho a los pueblos de las grandes llanuras, a quienes la geografía proporcionaba un aislamiento que les había mantenido seguros durante siglos. Sin embargo, la explosión social de la década de 1840 provocó claras tensiones a medida que emigrantes y buscadores de oro se adentraban en territorio indio. En 1851, los jefes de las tribus de las llanuras septentrionales fueron convocados en Fort Laramie para firmar un tratado en el que aceptaban limitar sus actividades a determinadas zonas.

Imponer el cumplimiento de estos acuerdos era prácticamente imposible, y los conflictos con los colonos aumentaron rápidamente. En el año 1854 se produjeron enfrentamientos armados de una dureza sin precedentes, pues el ejército tomó la costumbre de vengarse de las tribus recalcitrantes saqueando sus aldeas. A menudo las comunidades castigadas ni siquiera tenían nada que ver con la provocación original.

Los efectos negativos de la Guerra Civil

Las cosas empeoraron claramente con la Guerra Civil, cuando se retiraron los soldados regulares y en su lugar aparecieron milicias locales. La década de 1860 fue particularmente violenta en Arizona y Nuevo México, donde las tribus implicadas eran los apaches y los navajos. En 1862 los abusos por parte de los agentes de las reservas provocaron un levantamiento entre los lakota y los sioux del sur de Minnesota. Varios cientos de colonos blancos perdieron la vida en incidentes que iban acompañados de violaciones y de las formas más extremas de tortura y mutilación. Los blancos se vengaban de una manera similar. En 1864 la matanza de la población de un asentamiento cheyenne en Sand Creek (Colorado) fue tan brutal como cualquiera de las perpetradas por los "salvajes" lakota.

La etapa entre 1865 y 1880 representa tanto la crisis como la solución temporal del "problema indio" en el oeste. Con el fin de la Guerra Civil, los colonos blancos comenzaron a presionar en los márgenes del territorio lakota-sioux tal como había quedado definido por el tratado de 1851. Posteriores acuerdos, adoptados en 1868, redujeron algo esos territorios para mejorar el acceso de los blancos a las tierras ricas en oro de los dakotas, e incluso jefes indios relativamente moderados reconocieron que se les estaba obligando a elegir entre la resistencia y la aniquilación pacífica. En 1868 el jefe Nube Roja, de los sioux oglala, llevó a las tribus de las llanuras a varias victorias militares y diplomáticas que tuvieron el raro efecto de cerrar en la práctica una de las rutas por las que los mineros iban a Montana.

Sin embargo, esta pausa sólo podía ser temporal. La actividad blanca en la zona aumentó con la construcción del ferrocarril Northern Pacific en 1872 y la crisis financiera de 1873, que hicieron que los desesperados colonos del oeste recelaran de cualquier restricción de su desarrollo económico. Además muchos comandantes del ejército consideraban que la confrontación entre blancos e indios implicaba, como mínimo, la inevitable extinción del modo de vida indio y, probablemente, de su raza misma.

Sabían asimismo que el bisonte tenía una importancia crucial como soporte de la cultura india y que su extinción probablemente tendría como resultado la destrucción de ésta. Así que fomentaron la matanza de manadas de bisontes. A mediados de siglo había unos 60 millones de bisontes, pero sólo en 1871 se mataron unos cuatro millones de ejemplares. En 1883 sólo quedaban unos centenares.

Última etapa de las guerras indias

La situación llegó a un punto crítico en 1874 con el descubrimiento de oro en las Black Hills de Dakota del Sur, zona que los pueblos lakota consideraban especialmente sagrada. Afluyeron los mineros de forma completamente ilegal y, como era de esperar, estalló la guerra. Mandaba las tropas estadounidenses el general George A. Custer, hombre que sabía venderse muy bien y que ya poseía un largo expediente de extrema brutalidad en anteriores conflictos con los indios. Aunque experto en la conducción de la caballería, en este aspecto le superaban los principales caudillos indios, Toro Sentado y Caballo Loco. En junio de 1876 la imprudente confianza que Custer tenía en sí mismo llevó a la muerte a toda su tropa, unos 225 hombres, en la batalla de Little Big Horn (Montana).

Aunque el asunto Custer fue un golpe sólo momentáneo para la confianza nacional, fue también una victoria pírrica para los indios, que se enfrentaban ahora a una sociedad enfurecida y decidida a no sufrir más reveses. Durante los tres años siguientes las principales formaciones militares indias fueron obligadas a rendirse y otras tribus, como los nez percé, fueron derrotadas. Conforme a nuevos tratados se confiscaron enormes cantidades de tierras indias con el planteamiento de "vended o moriréis de hambre". En 1877 los Estados Unidos tomaron la mitad occidental del territorio lakota, incluyendo las Black Hills; en 1889, otra apropiación supuso otros 4,4 millones de hectáreas.

Ese nuevo talante de inflexibilidad afectó asimismo a muchas tribus que no habían tenido nada que ver con el desastre de Custer, como los utes de Colorado y Utah, que fueron llevados a estériles y remotas tierras sin que importara si vivirían o morirían de hambre. En 1866, hasta un enemigo tan formidable como el jefe apache Gerónimo no tuvo más remedio que rendirse, acabando con años de sangrientos combates en el suroeste.

Este panorama ya de por sí terrible empeoró a finales de la década de 1880 con la decisión de disolver las posesiones territoriales colectivas de los indios para dividirlas entre hacendados individuales. En 1889 se abrió el territorio de Oklahoma a la última gran oleada colonizadora del oeste; las posesiones de los indios en su "territorio" fueron disminuyendo progresivamente y la zona acabó incluyéndose en el estado de Oklahoma.

Como tantas veces ocurre en épocas inexplicablemente catastróficas, en 1889 la desesperación de los indios desembocó en un notable movimiento milenarista, la danza de los espíritus, mediante la cual se establecía una comunión con los ancestros que velaban por su pueblo, los cuales eliminarían a los blancos de la faz de la tierra y propiciarían la vuelta de las manadas de bisontes con una abundancia nunca antes vista. Durante el año siguiente, la religión de la danza de los espíritus se extendió rápidamente por las llanuras, pero a finales de 1890 el movimiento se desintegró bajo la presión militar. En diciembre, 250 indios perdieron la vida en la matanza de Wounded Knee (Dakota del Sur), hecho que puede considerarse como el fin de las guerras indias.