Cultura chavín

Máscara de oro procedente de la cultura Chavín.

Cultura arqueológica precolombina, que recibe su nombre del yacimiento de Chavín de Huántar, en los Andes centrales peruanos. Sus ruinas consisten en un complejo arquitectónico de carácter ceremonial, organizado en torno a un enorme templo con pasadizos y cámaras interiores, erigido hacia el 900 a.C. El estilo artístico de sus esculturas es distintivo y se reconoce en la decoración de la cerámica y los edificios de otros muchos centros arqueológicos de extensas zonas costeras del Perú durante el primer milenio a.C.

Estudios arqueológicos

El yacimiento de Chavín de Huántar se localiza en los Andes peruanos, al este de la cordillera Blanca, a algo menos de 300 kilómetros al norte de Lima y a un centenar de kilómetros del litoral pacífico. Situado a más de 3.000 metros de altitud, su elemento principal es un masivo edificio en piedra de tres niveles, con muros en talud y una planta en forma de U que abraza a una plaza circular semienterrada; mide unos 100 metros en su lado más largo y debió de alcanzar unos 15 metros de altura. Aunque de apariencia exterior sencilla y cuadrangular, su interior se compone de una red laberíntica de pasadizos, rampas, escaleras y cámaras, en una de las cuales, situada casi en el centro geométrico de la construcción, se eleva un estilizado monolito de más de cuatro metros de altura. Conocida como “El Lanzón”, esta escultura tiene la superficie enteramente decorada con sinuosos trazos en bajorrelieve, los cuales dibujan un ser de apariencia compleja y fantástica, que aúna caracteres humanos, de felinos y de reptil. La fachada principal del edificio estuvo decorada con grandes cabezas antropozoomorfas de bulto redondo, así como numerosos paneles con bajorrelieves.

Religión

Los arqueólogos han podido determinar que el templo de Chavín fue construido hacia el 900 a.C. y constituyó un centro ceremonial de enorme importancia en la región durante varios siglos, desde el cual irradió una fuerte influencia religiosa, ideológica y artística. Esta influencia inició así un periodo de cierta homogeneidad en el panorama de las culturas arqueológicas andinas, bautizado como Horizonte Temprano, y que transcurre desde el 900 hasta el 400 a.C., según la cronología más aceptada. Efectivamente, el particular estilo iconográfico Chavín se reconoce en la decoración de los vasos cerámicos y en la escultura de numerosos yacimientos contemporáneos de la región costera peruana. Concretamente, la cerámica de esta fase se caracteriza por recipientes monocromos oscuros, decorados con motivos zoomorfos grabados muy similares a la deidad principal representada en Chavín.

Antecedentes culturales

Hacia el 500 a.C., el templo sufrió diversas remodelaciones, añadiéndosele varios edificios en su lado sur que modificaron la concepción arquitectónica original. A pesar de esta ampliación, no se registran cambios relevantes en el estilo y la ideología del santuario, que probablemente funcionó desde el principio como centro sagrado de peregrinación, y su influencia no decayó en la región. Efectivamente, de esta segunda fase datan otras dos célebres esculturas muy semejantes al “Lanzón”, la llamada “estela de Raimondi” y “El Obelisco”; ostentan una técnica y motivos similares, y reproducen también seres mitológicos con mezcla y adición de rasgos de felinos, aves, mamíferos y caimanes.

Al margen de su evidente función ritual y su influencia ideológica y artística en la zona central andina, es poco lo que se ha podido determinar acerca de los antecedentes culturales de Chavín, los colectivos que lo construyeron y mantuvieron, y sus formas de organización política, social y económica. La opinión más extendida sostiene que debió de tratarse de una entidad con una sólida dirección política, capaz de movilizar y organizar suficiente población para la construcción y mantenimiento del lugar, pero que no ejerció una dominación política o tributaria más allá de su inmediata área de dominio local.

La interpretación del registro arqueológico sugiere que Chavín comenzó a decaer hacia el 200 a.C., siendo abandonado algún tiempo después, por causas desconocidas y sin que, aparentemente, mediasen acontecimientos o convulsiones de importancia.