Cultura chibcha

La cultura chibcha se desarrolló sobre territorio de lo que hoy es Colombia. Sus orfebres realizaron obras de gran perfección, como la pieza de oro de la imagen.

Cultura amerindia, también conocida con el nombre de “muisca”, que se desarrolló en el centro de Colombia desde poco antes de la llegada de los españoles en el siglo XVI. Aunque no alcanzaron un nivel de sofisticación política y cultural comparable al de las altas civilizaciones mesoamericanas o de los Andes peruanos, los chibchas se organizaron en populosos cacicazgos urbanos, que fueron rápidamente dominados por la conquista española, mientras que su cultura y lengua desaparecieron en los dos siglos siguientes. La palabra “chibcha” sirve también para denominar una de las familias lingüísticas amerindias, a la que perteneció la extinta lengua de los chibcha.

Orígenes y lengua

Los chibcha, que se denominaban a sí mismos como “muisca”, constituyen una cultura prehispánica tardía, pues los escasos registros arqueológicos conocidos indican que su llegada a la zona en donde los encontraron los españoles en el siglo XVI no databa de mucho tiempo atrás. El territorio chibcha no era muy extenso, y se centraba en la región del altiplano de Bogotá, de clima fresco y moderadamente lluvioso.

Los principales datos para su estudio proceden de las crónicas de soldados y religiosos españoles, que dan cuenta del proceso de conquista y evangelización al que sometieron a estos pueblos. Su lengua perteneció a la familia lingüística chibcha, a la que dieron nombre. Los hablantes actuales de esta familia, no muy numerosos, se reparten por diversos países de Centroamérica, desde Honduras hasta el centro de Colombia. La lengua muisca, o chibcha propiamente dicha, se extinguió en el siglo XVIII a favor del castellano, pero es bien conocida gracias a los diccionarios y gramáticas que se confeccionaron durante la Colonia.

Organización social y económica

Los pueblos chibcha se organizaron en cacicazgos independientes, centrados en poblados urbanos fortificados con una alta densidad demográfica; es difícil estimar cuál fue su población total, que pudo oscilar entre 500.000 y un millón de habitantes. Existía una incipiente estratificación social, con una clase dirigente que basaba sus privilegios en la sanción religiosa y que gobernaba hereditariamente sobre el común de la población, la cual estaba sujeta a tributación en bienes y servicios. El colectivo sacerdotal era numeroso y disfrutaba también de un estatus privilegiado.

El máximo gobernante era considerado un ser sagrado y su poder era absoluto, y tanto él como los principales nobles practicaban la poligamia. La base de la economía fue el cultivo de la patata y el maíz, así como otras especies, como mandioca, calabaza y pimiento. El comercio interior y con otras regiones próximas estaba ampliamente desarrollado, y se intercambiaban materias primas y manufacturas (sal, esmeraldas, algodón, tejidos hilados).

Los españoles contactaron en 1537 con los chibcha, a quienes encontraron divididos en unos pocos cacicazgos, dos de los cuales destacaban sobre los demás y guerreaban entre sí por la hegemonía: el cacicazgo de Tunja, en la parte norte del territorio chibcha, y el de Muiquitá, que dominaba en el sur. Esta rivalidad fue aprovechada por los españoles, quienes, a pesar de la superioridad numérica chibcha, controlaron en pocos años el territorio gracias a su ventaja en armamento y tácticas.

Cultura y religión

La cultura material chibcha no era especialmente destacada. A excepción de algunos edificios de carácter religioso con cimientos de piedra, las viviendas se construyeron con materiales perecederos. Y a pesar de encontrarse en una región con una antigua tradición de orfebrería, la joyería chibcha (orejeras, pectorales y narigueras en oro) resulta vulgar al lado de los extraordinarios trabajos de los artesanos quimbaya y tairona, culturas colombianas que florecieron no mucho antes que los chibcha. Por otra parte, no conocían la escritura y sus tradiciones históricas estaban poco desarrolladas, o bien no fueron registradas por las crónicas castellanas.

Se conoce poco la religión y la cosmovisión chibchas. Las informaciones españolas hablan de una deidad femenina lunar y otra masculina solar. Consideraban los lagos como lugares sagrados, en los que depositaban valiosas ofrendas en oro (de esta práctica arranca la leyenda de El Dorado, célebre entre los conquistadores españoles). El sacrificio humano, de adultos y niños, no era desconocido en la sociedad chibcha.