Cultura Huari

Cultura arqueológica prehispánica del sur de Perú, también conocida como Wari. Entre los siglos VII y XII d.C. impuso sus patrones ideológicos, artísticos y urbanos sobre la mayoría de los pueblos y culturas de la región centro-sur andina. Esta fuerte uniformización fue probablemente fruto de la primera expansión militar bien conocida en los Andes centrales, hasta el punto de que algunos especialistas hablan de un “Imperio huari”, y lo consideran como un precedente claro de la posterior conquista inca que tendría lugar a partir del siglo XV. La arqueología dedica en exclusiva a la expansión Huari una de las fases de la prehistoria de la región, la denominada Horizonte Medio.

Orígenes y características

El estado Huari tuvo su origen en el yacimiento del mismo nombre, situado en el departamento peruano de Ayacucho, en una región serrana a más de 2.000 metros de altitud. Se trata de un gran centro urbano, bien planificado, con distintos barrios amurallados, plazas, calles y multitud de viviendas y grandes edificios en piedra, y que controlaba un territorio inmediato de entre 1.000 y 1.500 hectáreas, pudiendo haber albergado entre 35.000 y 70.000 habitantes.

Esta ordenación urbana de Huari se exportó a diferentes ciudades y centros, antiguos y de nueva creación, en una vasta región que incluye la mayor parte de la costa y los valles interandinos peruanos, así como el norte de Chile. El dominio o la influencia huari se dejó sentir especialmente en la región de Lima, con el yacimiento de Pachacamac, e igualmente en las zonas norteñas de Cajamarca y Lambayeque, y en la región de Cuzco. La mayoría de los especialistas coinciden en considerar que el “Imperio huari” extendió su control por medio de la conquista militar, si bien la ideología religiosa huari, muy influida a su vez por las concepciones desarrolladas desde el gran centro arqueológico de Tiahuanaco, en el altiplano boliviano, jugó un papel fundamental en la aceptación de la irradiación cultural y política del estado huari.

El arte huari

Este complejo ideológico y artístico Huari-Tiahuanaco se plasmó especialmente en la cerámica, que constituye el mejor marcador de la homogeneidad pan-peruana del Horizonte Medio. La cerámica huari desarrolló un conjunto de rasgos técnicos y temas iconográficos complejos, en los que se mezclan influencias de estilo nazca con arquetipos tiahuanacoides, destacando especialmente el personaje conocido como el “dios de las varas”, un ser de apariencia humana que constituye el elemento central en la escena representada en el célebre monolito denominado la Puerta del Sol, de Tiahuanaco; la figura sostiene sendos bastones o serpientes rectas en sus manos, y ha sido relacionada con el dios Viracocha, deidad que luego se mencionará en las crónicas del siglo XVI que se refieren al panteón religioso andino.

El arte huari tuvo su expresión también en los tejidos y la escultura. Esta última, que sin embargo no tuvo prácticamente difusión fuera de la capital, presenta una cierta influencia de la escultura de Tiahuanaco, con estatuas antropomorfas y de felinos, de factura geométrica y austera. En cuanto a las representaciones sobre textiles, éstas siguen con mucha mayor fidelidad los patrones iconográficos de Tiahuanaco: representaciones humanas, animales y pictóricas, en bandas verticales.

Evolución histórica

Los especialistas han dividido la evolución del “Imperio huari” en tres fases, que a grandes rasgos se corresponden con la consolidación de la capital Huari y el comienzo de la expansión (fase Huari I), la fuerte influencia de Tiahuanaco y la consolidación de la progresión Huari (fase Huari II), y el apogeo de la expansión y control del imperio (fase Huari III).

El final del estado Huari y su relevancia sobrevino un tanto repentinamente, hacia el 1100 d.C., y sus causas no han sido convenientemente explicadas. Se ha hablado de rebeliones y ataques de diversos pueblos que, habiendo estado sujetos a la órbita política de Huari, adquirieron la suficiente entidad como para desafiar al poder central. Sea como fuere, hacia el siglo XII d.C., la homogeneidad propiciada por la esfera Huari-Tiahuanaco durante el Horizonte Medio, dio paso al segundo Periodo Intermedio, caracterizado por un nuevo auge de la regionalización cultural en el área andina.