Civilización maya

Civilización maya.

La civilización maya fue, junto con la azteca y la inca, una de las tres altas culturas precolombinas, siendo la más importante en lo que respecta a los logros intelectuales. Se desarrolló en el extremo sudeste de Mesoamérica, en un territorio que abarca hoy día Guatemala, Belice, y parte de México y Honduras. Alcanzó su máxima complejidad social y política durante el periodo clásico, especialmente en los siglos VIII-IX d.C.

Tras una fase de crisis y reorganización de los patrones demográficos y socio-económicos al inicio del periodo posclásico (siglos XI-XV d.C.), los mayas sufrieron a partir del siglo XVI las consecuencias de la conquista española, que ocasionó un traumático cambio en todos los ámbitos de la civilización, si bien los pueblos mayas han sobrevivido sin excesiva merma cultural al impacto de la América colonial y moderna. El sistema de escritura jeroglífica desarrollado por los mayas durante la época prehispánica ha podido ser descifrado y comprendido en su mayor parte, y merced a sus inscripciones se ha podido trazar una reconstrucción del pasado maya basada en la documentación histórica escrita, caso por el momento único en la América precolombina.

Marco geográfico y lingüístico

El área en la que todavía hoy se hablan lenguas mayas tiene prácticamente la misma extensión que la región donde se desarrolló la civilización maya prehispánica. Comprende las repúblicas de Guatemala y Belice, una pequeña parte en el noroeste de Honduras, y los estados mexicanos de Yucatán, Campeche, Quintana Roo y parte del de Chiapas.

El paisaje del área se divide básicamente en las llamadas tierras altas y tierras bajas. Las primeras ocupan el altiplano y las sierras guatemaltecas con clima tropical lluvioso atemperado por la altitud, mientras que las tierras bajas, mucho más cálidas, se extienden por el resto del área; la pluviosidad es abundante y de régimen estacional (máximo de lluvia entre junio y septiembre), con una marcada estación seca en invierno. La civilización maya clásica se desarrolló principalmente en las tierras bajas del Petén guatemalteco, Belice y la península de Yucatán.

Lingüísticamente, los pueblos mayas se dividen en 31 idiomas actuales, cuyos grupos principales son el huasteco, yucatecano, tzeltal, cholano, qanjobal, mam y quicheano, todos descendientes de una lengua ancestral común, el proto-maya. Esta lengua originaria comenzó a fragmentarse hacia el 2200 a.C., probablemente en la región guatemalteca de los Montes Cuchumatanes, una zona elevada pero muy cercana a las tierras bajas. Pocos fueron los idiomas mayas conocidos que se pusieron por escrito en los registros jeroglíficos prehispánicos; se ha podido determinar que la lengua de la mayoría de las inscripciones clásicas era un antecesor del grupo cholano, siendo también empleada una forma ancestral de las lenguas del grupo yucatecano en determinadas regiones y épocas.

Periodos históricos y fuentes de estudio

Los especialistas han dividido la historia de la civilización maya prehispánica en tres grandes fases. El periodo Preclásico discurre aproximadamente entre el siglo X a.C. y el II d.C. El periodo Clásico, que representa el cenit de la civilización maya, se divide en tres subfases: Clásico Temprano (siglos II-VI d.C.), Clásico Tardío (VII-VIII d.C.) y Clásico Terminal (IX-X d.C.). El periodo Posclásico ocupa desde el siglo XI d.C. hasta la llegada de los españoles en el siglo XVI.

La fuente más importante para el estudio de la civilización maya clásica es la epigrafía. Los mayas emplearon un sistema de escritura jeroglífico semejante al de otros pueblos mesoamericanos, al que dotaron de una serie de características propias. La escritura maya, al igual que el sistema jeroglífico egipcio, el cuneiforme sumero-acadio o el chino, es de tipo logo-silábico; el sistema maya empleaba centenares de signos distintos, cada uno de los cuales podía representar una palabra completa o bien una sílaba.

Durante todo el periodo Clásico, se labraron gran número de inscripciones en piedra (esculturas, estelas, altares y elementos arquitectónicos), las cuales han proporcionado una ingente cantidad de datos sobre la historia dinástica y el sistema religioso de los mayas clásicos. Merced a la investigación de los últimos treinta años se ha podido alcanzar un grado de conocimiento suficientemente satisfactorio como para leer y comprender el significado de las inscripciones.

El calendario maya

Además de poseer un minucioso conocimiento de los ciclos astronómicos, los mayas conocían y usaban el calendario básico mesoamericano, que consiste en la combinación de dos ciclos de 260 y 365 días, cuya conjunción permite situar una fecha diaria con total precisión en un periodo de 52 años. La gran ventaja del calendario maya consiste en que, adicionalmente, ingeniaron un segundo sistema que partía de una fecha inicial convencional y única (un “día cero”), con lo que todos los sucesos fechados por los mayas pueden ser convertidos con absoluta exactitud al calendario cristiano, obteniéndose así un marco cronológico exacto para la historia maya prehispánica, caso único en el pasado de la América precolombina.

Durante el periodo Posclásico se abandonaron prácticamente las inscripciones monumentales, empleándose como soporte escriturario los denominados códices, libros en corteza vegetal que ya eran utilizados desde el periodo Clásico, pero de los que sólo han sobrevivido tres ejemplos muy tardíos, probablemente del siglo XV. Dado que los códices posclásicos contienen sólo información de tipo adivinatorio, astronómico y ritual, no se dispone de datos históricos para los siglos XI al XV.

Esta carencia se suple en parte con los escritos alfabéticos, en diversas lenguas mayas, que los propios mayas confeccionaron a partir de la conquista española, en los que registraron las tradiciones orales y los datos que tomaron de los códices jeroglíficos. Destacan en este conjunto los denominados Libros de Chilam Balam, en lengua yucateca, o el Popol Vuh, en lengua quiché. Los escritos administrativos coloniales, en maya o en castellano, son también una fuente excelente para el estudio del pueblo maya bajo la dominación española. Existe también una interesante obra escrita en castellano por el fraile franciscano Diego de Landa hacia 1560, la Relación de las cosas de Yucatán, en la que se ofrecen valiosísimas indicaciones sobre la cultura material, las costumbres, la escritura y el calendario de los mayas yucatecos de la época inmediatamente anterior a la conquista.

Las excavaciones arqueológicas, muy desarrolladas en el área maya, constituyen igualmente una riquísima fuente de datos para el estudio de la civilización maya en todos sus periodos. Los datos arqueológicos son especialmente valiosos para aquellas zonas y momentos en los que están ausentes las fuentes epigráficas.

Evolución histórica

A finales del periodo Preclásico, en torno a los siglos IV al III a.C., aparecen ya los rasgos iconográficos, artísticos y arquitectónicos que permiten individualizar a la cultura maya en el contexto de Mesoamérica. Destacan en esta época, entre otros, los yacimientos de Abaj Takalik y Kaminaljuyú, en las tierras altas de Guatemala, así como El Mirador, en las tierras bajas. Son centros plenamente urbanos, con estelas, iconografía y complejos arquitectónicos que implican ya el funcionamiento de una sociedad estratificada y no igualitaria. Se discute aún si el sistema de escritura utilizado en esta época es el antecesor de la bien conocida escritura jeroglífica clásica, pues estos textos tempranos aún no han sido descifrados satisfactoriamente.

El periodo Clásico

Esta larga etapa, con una extensión aproximada de ocho siglos, se divide a su vez en tres fases diferenciadas: Temprano, Tardío y Terminal. El periodo Clásico Temprano se inicia hacia el siglo II d.C., cuando se encuentran ya en pleno funcionamiento una buena parte de las ciudades-estado que van a protagonizar el esplendor maya clásico en las tierras bajas del sur de la península de Yucatán, Belice y la región del Petén guatemalteco.

Los principales centros tempranos son Tikal, Calakmul, Uaxactún y Copán. Aunque la inscripción más antigua conocida aparece en Tikal, en el año 292 d.C., los textos jeroglíficos posteriores sitúan en los siglos I y II d.C. el inicio de las dinastías que reinarán en estas ciudades. Durante todo el Clásico Temprano, Tikal es el centro hegemónico, destacando sobre las demás ciudades tanto por su tamaño como por su potencial político y militar.

Sin embargo, al comenzar el Clásico Tardío, en el siglo VII d.C., la ciudad de Calakmul, en el sur del estado mexicano de Campeche, logra organizar y encabezar una red de alianzas con otros centros secundarios y próximos a Tikal, que le permitirán derrotar a las tropas de esta ciudad y sustituirla como poder de referencia durante un tiempo. El siglo VIII d.C. viene marcado por el enfrentamiento entre estas dos grandes urbes, con fortuna alterna para ambas partes, y es también la época de máximo esplendor en toda el área maya.

Aparecen entonces, o consolidan su crecimiento, multitud de ciudades-estado en el sur de las tierras bajas, como Palenque, Yaxchilán, Piedras Negras, Dos Pilas, El Perú, Yaxhá, Naranjo, Caracol o Quiriguá. Todos estos lugares desarrollarán una densa y rica historia durante este siglo y parte del siguiente, compitiendo entre sí, con frecuentes enfrentamientos armados, alianzas y coaliciones, según relatan las abundantísimas inscripciones descubiertas en todos los centros.

En el norte de la península de Yucatán florecen las ciudades de Cobá, Oxkintok o Edzná, con dinastías reinantes que se habían iniciado ya en el Clásico Temprano, pero cuya interacción con las ciudades del sur es escasa o nula.

A partir de finales del siglo IX d.C., durante el llamado Clásico Terminal, las inscripciones jeroglíficas comienzan a escasear, terminando la historia escrita de muchos de los centros clásicos en este momento, si bien la arqueología indica que la actividad constructiva y la ocupación de las ciudades proseguían. En el noroeste de Yucatán, por el contrario, se inicia una época breve pero brillante, con los importantes desarrollos urbanos de la región Puuc (Uxmal, Kabah, Sayil, Labná) y, especialmente, Chichén Itzá, centro que surge en la parte nororiental de la península y que prolongará su importancia política y su ocupación hasta bien entrado el periodo Posclásico.

El colapso de la civilización clásica maya

En el siglo X d.C. tiene lugar el denominado “colapso” de la civilización clásica, sobre cuyas causas los expertos no han logrado ponerse de acuerdo. Todas las ciudades mencionadas interrumpen su actividad escrituraria e iconográfica, reduciéndose al mínimo la edificación, si bien la ocupación de los centros urbanos continuará durante un tiempo.

Prácticamente en ningún caso se han documentado señales de violencia o destrucción, y las hipótesis sobre plagas, sequías generalizadas, hambrunas o invasiones exteriores no han obtenido confirmación. No hay tampoco señales de una catástrofe demográfica, y lo más probable es que el célebre “colapso” maya del Clásico consistiese en una reestructuración profunda de los patrones socio-políticos, con la disolución de la organización señorial que había propiciado la sujeción de grandes masas de población, el mantenimiento de una clase política y económica privilegiada, y, en fin, la vida en grandes concentraciones urbanas. No obstante, las causas de esta rápida transformación siguen siendo oscuras.

El periodo Posclásico y la conquista española

El periodo Posclásico (siglos XI-XVI d.C.) carece de fuentes escritas, y los problemas de interpretación arqueológica son abundantes. Aunque en el norte de Yucatán muchas ciudades fueron también abandonadas, algunos de los centros clásicos como Mayapán, Chichén Itzá o Tulum continúan su existencia en esta región hasta los siglos XIII-XIV. En el momento del contacto, los españoles encontrarán importantes concentraciones urbanas y semi-urbanas en Yucatán, con patrones de organización que recuerdan a los del periodo Clásico, y que opondrán una encarnizada resistencia a la conquista, si bien el territorio maya se puede considerar completamente controlado por los castellanos a mediados del siglo XVI.

En las tierras bajas del sur, la penetración española encontrará grandes territorios despoblados al lado de otras zonas con multitud de comunidades y aldeas rurales, organizadas en unidades políticas de cierta entidad, especialmente en la zona de los lagos del Petén Central guatemalteco. Precisamente una de estas unidades, los itzá de Tayasal, debido a lo remoto de su situación y a su oposición armada a la influencia castellana, conservarán su independencia de hecho y su cultura indígena propia hasta su conquista en 1697.

Chichén-Itza Cultura Maya.

Economía, estructura política y sociedad

La base de subsistencia de la civilización maya fue la agricultura del maíz, que se practicaba en terrenos ganados al bosque húmedo y semi-húmedo del trópico. Esta clase de agricultura requiere de grandes extensiones de terreno, pues los suelos se agotan rápido, por lo que el control del territorio era crucial para el mantenimiento de las distintas ciudades-estado.

La civilización maya clásica se basó en la ciudad como núcleo vertebrador de la sociedad. A lo largo de toda el área surgieron cientos de centros urbanos, que controlaban un territorio circundante poblado por otros núcleos más pequeños. Las ciudades-estado estaban gobernadas por dinastías cuyos representantes se sucedían hereditariamente en el poder, el cual se ejercía de forma monárquica por el denominado k'uhul ajaw (sagrado señor), rodeado siempre de parientes, consejeros, sirvientes y guardias.

Los centros contendían entre sí por los recursos agrícolas y humanos, y la historia maya es una secuencia continua de enfrentamientos y alianzas cambiantes entre las distintas capitales, todas las cuales pasaron por momentos alternos de prosperidad y declive. Como símbolo y residencia del poder político, la ciudad concentraba los esfuerzos en construcción de templos y edificios públicos y privados en piedra, que servían como expresión de la posición y derecho de la clase política dirigente, la cual gobernaba sobre la población común campesina y tributaria.

Sin embargo, las inscripciones nada dicen sobre el sistema social y administrativo, ignorándose casi todo sobre las cuestiones tributarias, la propiedad y tenencia de la tierra, la posible estratificación social, la dinámica demográfica, la organización militar y la división de trabajos y funciones. Sí hay, por el contrario, abundantísima información en los textos y la iconografía sobre la vida cortesana en los palacios mayas, los ritos, danzas y fiestas de las elites políticas, sus costumbres cotidianas, su genealogía y sus grandes hechos de armas. En este sentido, la historia escrita de la civilización maya clásica es sólo la de su clase gobernante.

Cultura y religión

La cultura maya clásica es tenida como la más sofisticada de la América precolombina. Se produjeron miles de extraordinarias esculturas con bellísimas escenas en bajorrelieve que representan el universo mitológico y el esplendor de las clases gobernantes. Los textos jeroglíficos esculpidos adornaban toda clase de soportes: estelas, altares, dinteles, cornisas, paneles o escaleras. La cerámica de lujo era decorada con textos jeroglíficos y escenas cortesanas pintadas en policromía, que explicaban y retrataban las ocupaciones de los señores, sus parientes y sirvientes. Es también destacadísimo el trabajo en jade, obsidiana, concha y pedernal, produciéndose sofisticados adornos personales, máscaras y utensilios rituales. La orfebrería y metalurgia son escasas.

El sistema religioso, de clara raigambre mesoamericana, era complejo y elaborado, con un numeroso panteón de deidades entre las que destacan Itzamnah, quizá la deidad más importante y que presenta múltiples personalidades secundarias; Bolon Kauil, muy venerado por los linajes gobernantes; o Chac, asociado con el relámpago y la lluvia.

Las ceremonias y rituales eran numerosos y variados, estando siempre protagonizados por las elites políticas: autosacrificio con sangrado de ciertas partes del cuerpo, quema ritual de incienso, invocación a los ancestros deificados o esparcimiento ritual de semillas. El sacrificio humano era también frecuente, y fue el destino más común para los prisioneros de guerra. Otra actividad cargada de implicaciones religiosas y rituales era el juego de pelota, que enfrentaba a dos equipos en canchas alargadas delimitadas por dos muros o edificios con gradas.

Cronología de la Civilización maya

s. X a.C.-s. II. a. C – Periodo Preclásico. Aparecen los primeros rasgos iconográficos, artísticos y arquitectónicos de la cultura maya en regiones altas de Guatemala.

s. II a.C.-s. VI d.C. – Periodo Clásico Temprano. Se labra gran número de inscripciones jeroglíficas en piedra. La ciudad de Tikal es el centro hegemónico.

s. VII-s. VIII – Periodo Clásico Tardío. La ciudad de Calakmul, en el sur del estado mexicano de Campeche, pasa a ser el centro hegemónico.

s. IX-s. X – Periodo Clásico Terminal. Las inscripciones jeroglíficas comienzan a escasear.

s. XI-s. XVI – Periodo Posclásico. Carece de fuentes escritas, y los problemas de interpretación arqueológica son abundantes.

s. XVI – Llegada de los españoles. Desaparición de la cultura maya.