Cultura zapoteca

Pirámide truncada de Monte Albán, ejemplo del arte zapoteca.

Importante cultura prehispánica que se desarrolló en el estado mexicano de Oaxaca, desde aproximadamente el 800 a.C. hasta la conquista y dominación españolas. Los pueblos zapotecos se organizaron en unidades políticas y territoriales con capitales urbanas, la más célebre de las cuales fue el imponente centro de Monte Albán, de larguísima ocupación. La cultura zapoteca participó de las características de las altas civilizaciones mesoamericanas: arquitectura monumental, calendario, escritura jeroglífica y gran desarrollo de las artes: escultura, cerámica y lapidaria.

Orígenes

Los pueblos zapotecos hablan un conjunto de lenguas del mismo nombre, perteneciente a la extensa familia lingüística oto-mangue, de gran antigüedad en Mesoamérica. Han habitado desde época ancestral la región del actual estado mexicano de Oaxaca, en donde todavía hoy siguen viviendo casi medio millón de personas que hablan algún idioma zapoteco.

La cultura zapoteca prehispánica comienza a individualizarse en una época temprana, y constituye, junto con la civilización olmeca, una de las primeras manifestaciones de sociedades complejas y no igualitarias en Mesoamérica. Ya en los primeros siglos del primer milenio a.C. la arqueología ha detectado el surgimiento de varias concentraciones semiurbanas en el valle central de Oaxaca, entre las que destacan los yacimientos de San José Mogote y Caballito Blanco, y en donde se documentan hacia el siglo VI a.C. los primeros testimonios de escultura monumental y escritura. Por desgracia, el sistema jeroglífico zapoteco, aunque integrado en la tradición escrituraria mesoamericana, no ha podido ser aún bien comprendido, por lo que la mayoría de las informaciones escritas no resultan todavía aprovechables como fuente histórica.

El esplendor de Monte Albán

El máximo exponente de la civilización zapoteca lo constituye el gran centro metropolitano de Monte Albán, que aunque registra ocupación anterior, se consolida como la cabecera de los distintos estados zapotecos del valle hacia el siglo II a.C. El yacimiento ocupa la cima amesetada de un elevado cerro, de 700 m de longitud Norte-Sur, por 250 m de anchura en sentido Este-Oeste, que está cubierta de plataformas, plazas, juegos de pelota y edificaciones civiles y ceremoniales, así como multitud de estelas con inscripciones jeroglíficas.

En su época de mayor esplendor, entre los siglos IV y VIII d.C., Monte Albán llegó a controlar un área de 40 kilómetros cuadrados. Entre los diversos complejos arquitectónicos del núcleo de la ciudad destaca el denominado Montículo J, con una planta parcialmente triangular y cuyos muros aparecen decorados con losas grabadas con figuras de cautivos sacrificados, denominados popularmente “Danzantes”, identificados mediante jeroglíficos. Igualmente, una extensa necrópolis rodea la meseta central, con multitud de tumbas consistentes en su mayoría en amplias cámaras semisubterráneas, con una rica decoración pintada y espléndidos ajuares funerarios.

La ciudad zapoteca de Monte Albán mantuvo intensas y pacíficas relaciones con el gran centro rector del Valle de México, Teotihuacan, hasta que la caída de esta ciudad, a comienzos del siglo VIII d.C. señala también el comienzo de un cierto declive para la metrópoli zapoteca, que pronto será abandonada provisionalmente. Desaparecido el núcleo rector, la estructura geopolítica el valle de Oaxaca se fundamenta otra vez en una serie de pequeños estados independientes, entre los que destacarán los yacimientos de Zaachila, Mitla y Lambityeco.

La antigua metrópoli fue reocupada hacia el siglo XII por unos nuevos señores, los mixtecos, que aunque dominaron la región oaxaqueña no afectaron en exceso al desarrollo cultural y la autonomía política de los centros zapotecos. En el siglo XV, el imperio azteca pasó a controlar nominalmente la región, pero fue la conquista española en el siglo XVI la que originó el mayor cambio cultural y político de las sociedades zapotecas a lo largo de dos milenios.

Las actuales comunidades zapotecas mantienen su lengua y buena parte de sus antiguos patrones culturales, a pesar del impacto y la readaptación que supusieron los periodos colonial y republicano.