Alfabeto

Alfabeto griego.

Serie de caracteres o letras (en general, alrededor de una veintena), establecidas en un orden determinado de modo convencional, que representan los fonemas de una lengua específica y cuya combinación posibilita la formación de las palabras de dicho idioma.

Antecedentes

El nacimiento de un alfabeto consonántico y vocálico, es decir, el alfabeto moderno, se atribuye a los griegos y a los romanos, herederos de su cultura. Sin embargo, los orígenes de la escritura actual se remontan a las representaciones pictográficas de las antiguas civilizaciones que habitaban en Babilonia y Asiria, como los sumerios y los acadios.

En la fase intermedia de este proceso evolutivo se sitúan los hindúes, pueblo que creará el primer alfabeto de la humanidad, el sánscrito, aunque sólo estaba compuesto por consonantes, y que elaborará la primera gramática de la historia, obra de Panini.

Además, a esta etapa intermedia corresponde también el que está considerado como el primer alfabeto conocido, el semítico septentrional, diversificado en varias ramas, como el cananeo, origen a su vez del fenicio, en el que se basará el griego, el primer sistema alfabético moderno.

En definitiva, el nacimiento de los sistemas alfabéticos, compuestos por caracteres que representan no sólo los sonidos consonánticos, sino también los vocálicos, constituye el paso final de la historia de la escritura y del alfabeto.

Las etapas anteriores a la creación de los alfabetos modernos son: en primer lugar, los ideogramas (que representaban palabras completas) y, posteriormente, el simultáneo empleo de la escritura ideográfica y de signos fonográficos y silábicos.

El sumerio

La escritura denominada cuneiforme transcribía el sumerio, idioma hablado entre el cuarto y el segundo milenio antes de la era cristiana.

Este sistema de signos gráficos fue evolucionando con el transcurso del tiempo desde los ideogramas, en sus orígenes, hasta los fonogramas.

Al principio, se trataba de un sistema formado por caracteres de dibujos o ideogramas, según los primeros testimonios culturales de esta escritura; por ejemplo, la ilustración de un pez representaba a este animal acuático.

Con posterioridad, los ideogramas evolucionaron a los fonogramas, caracteres que representaban los sonidos de las palabras. En el primer caso, no era posible leer el texto sin el conocimiento de la lengua porque los signos no se podían pronunciar; en el segundo, sí se podía hacer aunque no se comprendieran.

La evolución de unos signos a otros fue posible gracias al procedimiento del acertijo, de manera que un concepto difícil de transcribir mediante dibujos, como la palabra “bondad”, era representado mediante una serie de ideogramas ya conocidos cuya pronunciación formaba dicho vocablo.

La expansión del sumerio fue rápida por el notable desarrollo social, comercial y urbanístico de esta civilización ubicada en el área geográfica del actual Iraq, de modo que la creciente burocratización pronto requirió la necesidad de un sistema de anotación y registro de las actividades palaciegas.

Los jeroglíficos egipcios

Casi de forma simultánea a la civilización sumeria, la cultura egipcia desarrolló un sistema de signos gráficos similar a aquélla, los jeroglíficos.

Los egipcios empleaban jeroglíficos, una combinación de ideogramas y fonogramas (la función de estos últimos era facilitar la comprensión del significado y la pronunciación de los primeros, para evitar la ambigüedad), según los testimonios escritos más remotos sobre esta civilización, fechados en el año 3500 a.C.

En sentido estricto, la escritura jeroglífica no puede considerarse un auténtico alfabeto, ya que sólo representa las consonantes, aunque las vocales, omitidas por los fonogramas, se podían pronunciar y se deducían por el contexto.

La antigua civilización china

Los orígenes del surgimiento de la escritura china se remontan a alrededor del año 2850 a.C., con el nacimiento del sistema denominado pa-kwa, inspirado en otro anterior formado por nudos y cuerdas.

Se considera que los actuales caracteres chinos surgieron por vez primera alrededor del año 2500 a.C., aunque los testimonios escritos más antiguos conservados están fechados en el milenio posterior, entre los años 1500 y 1000 a.C.

Los caracteres chinos son de carácter ideográfico, al igual que los jeroglíficos egipcios, si bien únicamente representan palabras monosílabas, lo que, por su ingente número, dificulta el aprendizaje de esta lengua.

El primer alfabeto de la humanidad, el sánscrito

El sánscrito, el idioma de la civilización hindú, originado durante el primer milenio anterior a la era cristiana, era empleado en la literatura védica religiosa y en los rituales sagrados.

Precisamente esta vinculación al culto religioso propició el estudio de la lengua y la consiguiente elaboración de la gramática sobre este idioma, obra de Panini, considerado el primer estudio de estas características de la historia de la humanidad.

La creación del primer alfabeto de la humanidad surgió por la preocupación de los gramáticos hindúes por mantener inalterables la lengua y su pronunciación para las celebraciones religiosas.

Sin embargo, este sistema alfabético era de carácter silábico y estaba formado en exclusiva por consonantes, sin vocales escritas, por lo que, en sentido estricto, habrá que esperar a la civilización griega para poder disponer del primer alfabeto moderno y completo de la historia.

El alfabeto semítico, los cananeos y los fenicios

A pesar de la disparidad de teorías sobre el origen del sistema alfabético, se admite, en general, que el primer alfabeto conocido se originó en el periodo comprendido entre los años 1700 y 1500 a.C., en la zona geográfica que actualmente ocupan Siria, Israel y Palestina.

Se trata del alfabeto semítico septentrional, compuesto en exclusiva por consonantes, de modo que había que sobrentender las vocales.

Según algunos estudios, el semítico septentrional se escindió en diversas ramas, como la cananea, origen del alfabeto fenicio y del hebreo, y la aramea, base de otros alfabetos semíticos y no semíticos de Asia occidental.

El siguiente paso en la evolución de la escritura se debe a la civilización fenicia, base del alfabeto griego, aunque su sistema gráfico tan sólo representaba las consonantes, sin los sonidos vocálicos.

El alfabeto consonántico y vocálico

En sentido estricto, se considera alfabeto moderno al sistema de signos gráficos que representan no sólo los sonidos consonánticos, sino también los vocálicos.

En consecuencia, siguiendo esta teoría, se atribuye el nacimiento del alfabeto como tal a la antigua civilización griega y, posteriormente, al pueblo heredero de su tradición cultural, el romano. Igualmente, en sentido estricto, los anteriores sistemas gráficos no pueden ser considerados alfabéticos, en la medida en que no representan todos los sonidos del idioma, es decir, sólo las consonantes, con la ausencia de las vocales.

El griego, el primer alfabeto moderno

En general, en sentido estricto, se considera de forma unánime la atribución de la invención del sistema alfabético (fechado aproximadamente en el año 1000 a.C.) a la antigua civilización griega.

El alfabeto griego se fundamentaba en la llamada teoría de la acrofonía, de manera que cada carácter tiene un nombre y representa el sonido inicial de la denominación de la misma. Por ejemplo, la letra “bêta” es representativa del sonido “be”.

El método de la acrofonía había sido ya empleado por la civilización fenicia, pero el pueblo griego lo perfecciona y, además, incluye, por primera vez en la historia de la humanidad, los sonidos vocálicos en su alfabeto, por lo que es considerado el primer sistema alfabético moderno.

Precisamente la palabra “alfabeto”, extendida mundialmente desde entonces, procede de la denominación de las dos primeras letras del sistema griego, “alpha” y “bêta”.

La civilización griega adoptó de forma íntegra el alfabeto fenicio e incorporó los sonidos vocálicos: para representarlos emplearon los símbolos consonánticos que no poseía el griego y los convirtieron en propios.

El abecedario latino

La antigua civilización romana, heredera de la cultura griega, estableció de forma definitiva el abecedario latino, denominado así por la suma del nombre de sus primeras letras. Se trata de una variedad del alfabeto jónico griego adoptado a través del pueblo etrusco.

Después de su expansión por el continente europeo, el abecedario latino se convirtió en la base de la mayoría de las lenguas existentes en el mundo occidental.

No obstante, en la zona oriental europea los pueblos eslavos adoptaron su propio alfabeto (siglo IX d.C.), procedente del sistema griego introducido por el misionero Cirilo, motivo por el que se denomina alfabeto cirílico.

Las letras del abecedario latino eran redondeadas, al ser escritas con pluma y tinta, a diferencia del alfabeto griego, compuesto por caracteres de forma angular, dado que eran grabados en piedra mediante el empleo de un punzón.

El alfabeto árabe

En Occidente, en primer lugar, los fenicios y griegos propagaron su escritura en la zona del Mediterráneo, aunque, finalmente, los romanos impusieron su abecedario.

Sin embargo, a partir del siglo VIII, el alifato (denominación del alfabeto árabe, llamado así por la suma del nombre de sus dos primeras letras), desplazó al sistema latino en el área sur bañada por el mar Mediterráneo.

De hecho, en la actualidad el alfabeto árabe se sigue empleando por los idiomas no semíticos, como el persa y otras lenguas indoeuropeas pertenecientes a la familia irania (habladas en Asia), al igual que el turco y otras similares.

Premisas comunes

El alfabeto y, en consecuencia, la escritura, cumple la función social de favorecer el desarrollo de las civilizaciones modernas y de preservar la lengua, por su carácter permanente, respecto a la temporalidad y la instantaneidad del habla.

Sin embargo, por otra parte, es evidente que el alfabeto en particular y la escritura en general son posteriores y secundarios al establecimiento de la lengua, de modo que se considera que su nacimiento está vinculado al desarrollo y a la estabilidad de las estructuras lingüísticas.

Precisamente, en la culminación de ese proceso evolutivo el objetivo de cada civilización ha sido la búsqueda y el hallazgo de una representación de la lengua, ya desarrollada y estabilizada, mediante un alfabeto.

Esta circunstancia explicaría la existencia de idiomas sin tradición escrita, por ejemplo, en el continente americano, al igual que el hecho de que lenguas distintas empleen el mismo sistema de escritura o que una sola modifique o adopte un nuevo alfabeto o mantenga dos de forma simultánea.

Por ejemplo, los acadios, hititas y persas adoptaron la escritura sumeria, la cuneiforme; estos últimos con posterioridad emplearon el alfabeto arameo. Por su parte, los japoneses usaron los ideogramas chinos y los turcos sustituyeron el alfabeto árabe por el latino.

En definitiva, la palabra hablada precedió a su representación escrita como medio de comunicación entre los seres humanos. De hecho, algunas civilizaciones no han dispuesto de la escritura hasta épocas recientes.

Así, en América y Filipinas hasta el siglo XVI, después de la colonización española, no desarrollaron la escritura, al igual que posteriormente ocurrió en las zonas colonizadas por los portugueses, británicos, franceses y rusos.

En cualquier caso, se desconoce el origen de la escritura, vinculada probablemente a la necesidad de representar operaciones numéricas. De hecho, sigue siendo un enigma si surgió de forma simultánea en distintas culturas o si, por el contrario, lo hizo en un único lugar, tras lo cual se difundió a otras civilizaciones.

Distinciones culturales

El condicionamiento espacial que supone la escritura es otro rasgo distintivo de las diferentes lenguas y civilizaciones. Por ejemplo, los hititas empleaban el sistema denominado bustrófedon, consistente en marcar el inicio del texto y escribir, en horizontal desde la primera línea de izquierda a derecha, y a continuación, en sentido inverso, y así de forma alterna hasta finalizar el texto.

Existen culturas que escriben en horizontal de izquierda a derecha, como el griego y el latín y sus lenguas derivadas, y otras que lo hacen en sentido contrario, como los sistemas semíticos, por ejemplo, el árabe y el hebreo.

Otras culturas escriben en dirección vertical, por ejemplo, la antigua civilización china lo hacía desde arriba hacia abajo y de derecha a izquierda. Sin embargo, la escritura china moderna emplea la horizontalidad, como el mundo occidental, de izquierda a derecha.